viernes, 1 de enero de 2010

¿SOMOS LOS SERES HUMANOS EL CANCER DEL PLANETA TIERRA? DESARROLLO ECOLÓGICO SOSTENIBLE

El Planeta Tierra está en nuestras manos, pero no para disponer del mismo aniquilando, y esquilmando los recursos, como si el ser humano fueramos el cancer del Planeta. Son nuestros malos "usos", nuestros habitos los que se han de cambiar. Habitos negativos, malos y perniciosos potenciados por las multinacionales de todo tipo, potenciadoras de la sociedad de consumo, egoista, inhumana, anticristiana y materialista. Nosotros somos responsables de la forma en que administramos nuestros recursos planetarios, todos ellos escasos, si no atendemos a la capacidad y tasas regenerativas naturales de nuestro Planeta. Somos responsables de legar a nuestros hijos un Planeta Tierra digno, en el que puedan disponer de los suficientes recursos para vivir, y para ello se ha de responder a un desarrollo verdaderamente sustentable y por tanto ecológico, rechazando esos malos habitos capitalistas de consumo, polución y contaminación. Por ello, somos responsables de hacer que nuestros hijos hereden un Planeta Tierra, por lo menos igual de limpio, que nosotros heredamos de nuestros padres en su día, porque se trata de un bien preciado intergeneracional, que hoy se encuentra secuestrado, por el neoliberalismo capitalista de una burguesía plutocrática que fomenta una globalización injusta y despiadada. Un Planeta Tierra, del que se han hecho dueños, unicamente unas pocas manos, una serie de multinacionales y la Banca Nacional e Internacional que las respalda, propiciando un Cambio Climático, que nadie queremos.
Antiguamente, los principios tradicionales de la monarquía, convertía a ésta junto a la nobleza en una institución "sostenible". Y digo sostenible, porque los Reyes y los Principes no podían disponer de la institución de la Corona a su antojo, porque la misma, la debían a sus padres y antepasados, y de esa misma manera, debían legar dicha institución sin menoscabo de sus peculiaridades, merma de sus derechos, limitados por los derechos del resto de instituciones que contrapesaban entre si en el equilibrio institucional de poderes.

Así, el Rey debía mantener la institución de la Corona, una institución que no podía estar sujeta al interés político o lucrativo de una clase social, sino al bien público, una institución que se preocupara de hacer Justicia, y poner en su lugar a aquellos poderes que merman y socaban dicho bien público en beneficio de una minoría plutocrática, burguesa y neoliberal potenciadora de una globalización injusta, depredadora, y aniquiladora del medio - ambiente y por tanto aniquiladora para con el propio ser humano.


La propia antigua aristocracia nobiliar, o por lo menos una parte de ella que se negaba a reconocer el nuevo orden liberal burgués y su industrialización, sobretodo, a partir del desarrollo del capitalismo en el siglo XIX, se dio cuenta de las posibilidades nemerosas de beneficios lucrativos que redundarían, en el caso de aceptar su alianza política con la burguesía capitalista que despuntaba mediante la maniobra del golpe de estado, para hacerse con el control político de todos los países de occidente y sumirlos en el capitalismo liberal, padre del neoliberal que tenemos ahora. Atrás quedaban los tiempos en que los antepasados de los aristócratas, eran conscientes de que sus tierras y feudos no les pertenecían a ellos, sino a todo un linaje familiar, que se traducía en que la propiedad de la tierra no se podía comprar ni vender, porque de la misma manera que los aristócractas la heredaban de sus padres y antepasados, éstos debían legarla conforme mandaba la tradición de "sostenibilidad". Es decir, no podían disponer a su antojo de unos recursos que no les pertenecía a ellos, sino a toda una familia, a todo un linaje familiar, y por tanto debían legar sus bienes y patrimonio sin menoscabo del mismo.


Pero con la llegada del capitalismo liberal y la revolución industrial burguesa del siglo XIX, los aristocratas vieron reconocida la propiedad de la tierra, en detrimento de las clases campesinas, de agricultores, labradores, jornaleros, que se vieron de la noche a la mañana, con que, las leyes tradicionales de los mayorazgos eran vulneradas por el nuevo régimen liberal burgués que pondría la propiedad de la tierra bajo el libre mercado, y por tanto, ante la posibilidad de que ésta fuera comprada y adquirida por el mejor postor, es decir, por la clase burguesa capitalista y plutocrática, que había perdido el negocio del mercado colonial de las compañías Orientales y Occidentales, ya que se habían perdido los territorios de ultramar.

De forma que la burguesía capitalista no sólo se adueñaba del estado y se arrogaba su representación política y económica, sino que convencería a la nobleza, a la aristocracia, a los grandes titulos de España para que formaran parte del nuevo orden liberal burgués, que les reconocería la propiedad de la tierra y la posibilidad de venderla si lo necesitara dicha nobleza aristocrática.

Y así fue, como muchos nobles, decidieron, no sólo casarse con hijas de burgueses, sino vender las propiedades y tierras de sus antepasados para obtener dinero y reponer su arcas mermadas, en detrimento de las clases campesinas, que se vieron fuera tanto de la adquisición de tierras, porque no tenían con que comprarlas, como también se vieron fuera de los antiguos feudos, cuyas tierras las habían trabajado sus padres y antepasados, antes que ellos, y las mismas, las debían legar a sus descendientes para procurar un futuro de sostenibilidad y autosustento.

Porque durante el Antiguo Régimen existía un pacto no escrito sobre la propiedad compartida de la tierra entre los señores feudales y el campesinado, pacto consuetudinario que la burguesía liberal capitalista, partidaria de la industrialización, se atrevería a romper, mediante la maniobra del golpe de estado revolucionaria, que en las Españas, quedo bien determinada con la instauración en el Trono Español de Isabel "II" y su madre María Cristina de Borbón, esposa del difunto Fernando VII.

Fue el ejército y las grandes jerarquías, tanto plutocráticas como religiosas las que se pusieron de parte del nuevo régimen liberal burgués y capitalista industrializador que les beneficiaba, en detrimento de las clases campesinas y la Dinastía Legítima Carlista que debía ocupar el Trono Español, pero que finalmente, fue usurpado por la dinastía llamada liberal, con la ayuda por tanto, de la Clase Oligárquica y política dominante: la burguesía liberal capitalista.


Por tanto, observamos, segun este análisis, como de la noche a la mañana la "sostenibilidad" tradicionalista basada en la capacidad de legado de tierras por parte de nuestros padres y antepasados a nosotros, a sus hijos, y nuestra capacidad de legar tierras, de hacer heredar tierras a nuestros descendientes, para que de la misma puedan autosustentarse y vivir dignamente, ha quedado completamente aniquilada. Fue la burgesía financiera y capitalista la causante del golpe de estado y de levantarse contra la democracia Foral y Tradicional de los Reinos, Señoríos y Principados de las Españas, y contra sus Reyes Legítimos encarnados en la Dinastía Carlista, pero es que además fue esa misma burguesía, la causante del quebranto del principio de "sostenibilidad" tradicionalista, o mejor carlista, representada hoy en parte, por los grupos ecologistas, defensores del desarrollo ecológico sostenible, que nos vienen a decir algo así como aquello que la nobleza y la aristocracia principesca les decía a sus vastagos antes de morir:

"Nuestra misión es cumplir con la justicia del Rey, siempre y cuando vaya de comun acuerdo con el bien público. Recordad que los bienes y tierras que heredais no son vuestras, sino de nuestros antepasados, que se preocuparon en su día, que las mismas fueran heredadas por sus hijos, y ahora el padre en el lecho de muerte quiere y decide transmitir por herencia sucesoria ese legado". No podemos hacer lo que nos de la gana con el legado de la Tierra, porque la Tierra no es nuestra, los seres humanos que estamos vivos y presentes en el Planeta Tierra no podemos hacer lo que nos de la gana con nuestro Planeta Tierra, he dicho, porque se trata de un legado histórico de nuestros padres, quienes se preocuparon de acuerdo y conforme a la Tradición Conservacionista, que nosotros heredasemos un Planeta Tierra igual de limpio, confortable y saludable, de la misma forma que lo heredaron ellos. O lo que es lo mismo, tenemos el deber histórico y moral, pero al mismo tiempo el deber y capacidad de supervivencia, para afirmar, que debemos contribuir a que nuestros hijos hereden un Planeta Tierra, al menos igual de limpio, y saludable, igual que el que nos legaron nuestros padres antes morir. Y esa es la razón de la denominación del Desarrollo Sostenible, porque el mismo, se inspira, precisamente en el escrupuloso respeto conservacionista de aquello que como hijos de nuestros padres, hemos heredado de ellos, para transmitirlo de generación en generación a nuestros descendientes.

Del mismo modo que un Rey en vida no puede hacer lo que le de la gana con la institución de la Corona, o un noble no puede hacer lo que le de la gana con las tierras en las que trabajaban las clases campesinas, por mucho que lo amparase la ley legal del nuevo régimen liberal burgués y su industrialización; nosotros no podemos disponer, ni hacer lo que nos de la gana con nuestro Planeta Tierra, porque es un legado de nuestros padres que debemos mantener intacto, para que lo puedan heredar nuestros hijos, y a su vez de generación en generación, es por esa razón que el Planeta Tierra no pertenece de manera unilateral y privativa a una sola generación, sino que es un bien intergeneracional, de la misma forma que la institución de la Corona de las Españas lo es para la Dinastía Legítima de la Casa Real de Borbón Parma, representada hoy día por Don Carlos Hugo de Borbón, Rey de las Españas.


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