jueves, 8 de octubre de 2009

PARTIDO CARLISTA Y LA CONSTITUCIÓN DE 1978


Fue un "si" condicionado el hecho que los dirigentes del Partido Carlista en el año 1978 estuvieran dispuestos a "aceptar" la Constitución de 1978.

El intento, por parte del Partido Carlista de plantar cara a la oligarquía burguesa y al capitalismo liberal, se experimentaba en un acercamiento que jamás antes había tenido lugar entre las fuerzas políticas y populares de la oposición antifranquista.

La Constitución de 1978 parecía promover y representar el consenso, la reconciliación entre los descendientes de aquellos que se habían matado durante la guerra civil y el franquismo.


Ese "si" generoso de los carlistas para con sus antiguos enemigos mortales, ese "si" con reservas para tratarlos no ya como enemigos a abatir, sino como contrincantes políticos, dentro de la normalización democrática del poder llevar a cabo un dialogo y un debate libre sin que nadie te pegara un tiro por lo que pensar. Ese "si" condicionado a la Constitución de 1978, quedaba claro con la buena intención de parte del Partido Carlista y sus militantes y Pueblo Carlista, significaba, como decía el título del cartel electoral que encabezaba nuestro Rey: "Constitución 1978: Consolidar la democracia para alcanzar el socialismo."


No era pues, un "si "de un cheque en blanco, ni un "si" para respaldar un sistema ultramaterialista, capitalista, oligárquico y burgués, sino todo lo contrario.

En el Partido Carlista había muchos que eran contrarios al "si" y consideraban que el "si" a la Constitución de 1978, defendido por la cúpula dirigente encabezada en su día por el Rey Legítimo de las Españas, Don Carlos Hugo de Borbón, significaría al mismo tiempo la negación total de todos y cada uno de los principios y postulados del Carlismo.


Pero hay que reconocer que aquel "si" emitido y defendido por aquella cúpula política, era un "si" condicionado, con reservas, con el que se quería manifestar la convicción democrática del Partido Carlista y su disposición a participar de buena fe en la construcción de un futuro político y unas reglas del juego para todos los Españoles, pues entre lo que había sido una dictadura de 40 años, donde los pueblos de las Españas, quedaban postrados ante la tiránica dictadura del tio quico, entre eso, que era lo mismo que defendía el Bunker, el "no" total, el "no" directo, el "no" sin reservas, el "no" por Franco, y el "si" condicionado, estaba la abstención de los nacionalistas vascos.

Es cierto que el Partido Carlista se movía entorno a un "si" con reservas y condicionado y un "no" crítico a la Constitución de 1978, pero se tenía la convicción a mi parecer, que la conquista de las libertades públicas y políticas, en aquel justo momento, sólo podían venir del apoyo a la Constitución de 1978. El Partido Carlista no quería que la derecha secuestrara a la Constitución y si el propio Partido y sus dirigentes se negaban a la misma, podía parecer que estaban dando la espalda a un futuro proyecto político en construcción, y los carlistas, también querían formar parte de la construcción de ese proyecto, y creo que solo en ese sentido se puede entender el "si".


Sin embargo, a lo largo de todos estos meses anteriores hemos asistido a la descalificación por parte de Evaristo Olcina, sacando recuerdos de años anteriores para tratar de ridiculizar a quienes somos dinásticos y monárquicos legitimistas carlistas, al poner en evidencia las manifestaciones que enarboló en su día nuestro Rey en favor de la Constitución de 1978.

Y no es que yo esté a favor de aquella postura del "si", pues hubiera preferido el "no" crítico, incluso la abstención que en el PNV había triunfado.


Y es que entre Garaikoechea y Arzallus había una pugna política para ver quien de los dos se hacía con el nacionalismo vasco. El caso es que el primero era contrario a la Constitución de 1978 y el segundo favorable a la misma. Por ello triunfó la abstención en las filas del nacionalismo vasco, quizá nosotros debimos hacer lo mismo.

Pero claro, en la Constitución había muchas cuestiones que parecían acabar con la mala fe y el anquilosamiento de la derecha oligárquica burguesa y capitalista, ya que ciertas fuerzas de la izquierda presionaron para redactar una constitución con una interpretación mucho más social, popular y anticapitalista, en comparación con la actual interpretación realizada por las fuerzas neoliberales de corte neocon.


Puede que Olcina se sume al circo mediatico de la extrema derecha propugnando un intensivo desprestigio del Carlismo en la persona del Rey Don Carlos Hugo de Borbón, en sus intentos de vislumbrar artificialmente un carlismo a la fuerza republicano, al mirar con la lupa chica todos los errores y fracasos que imputa, naturalmente a Don Carlos Hugo de Borbón, tal y conforme lo ha venido haciendo también la extrema derecha de este país que se dice vinculada al carlismo.


De todos modos, podemos recordar a Olcina y a otros miembros del Partido Carlista que la Constitución de 1978 de forma simbólica, real, e histórica, en la parte final donde viene la DISPOSICIÓN DEROGATORIA en el punto 2, dice así:


"Derogación del Real Decreto de 25 de octubre de 1839 y Ley de 21 de Julio de 1876.

En tanto en cuanto pudiera conservar alguna vigencia, se considera definitivamente derogado el Real Decreto de 25 de octubre de 1839 en lo que pudiera afectar a las provincias de Alava, Guipuzcoa y Vizcaya.

En los mismos términos se considera definitivamente derogada la Ley de 21 de Julio de 1876"


Resulta muy significativo este punto, pues de alguna manera se recogía una reivindicación carlista asociada al mantenimiento y restablecimiento de los Fueros Vasco-Navarros, que después de la 1ª y 3ª Guerra Carlista habían sido vulnerados y conculcados por los gobiernos centralistas, oligárquicos y burgueses capitalistas de Madrid.


Este punto, posiblemente podría ser un ejemplo del porqué se decidió defender un "si" condicionado, un "si" con reservas, con la esperanza de una futura construcción política en la que los carlistas teníamos que formar parte. Finalmente ese condicionamiento vendría determinado por la evolución histórica de los hechos políticos durante los años siguientes a la transición hasta llegar al día de hoy, para darnos cuenta que las intenciones de aquellos dirigentes carlistas fueron buenas pidiendo el "si" a la Constitución de 1978, pero que hoy, lo que fue futuro, y ahora es presente, tenemos un marco constitucional mediatizado por las fuerzas de centro-derecha, es decir los actuales neoliberales, y por la progresía de prejuicios anticlericales autodenominados socialistas; cuando sabemos de sobra que se ha tratado de una burla, una ofensa y un insulto a los derechos sociales, a las libertades tradicionales defendidas por los carlistas y a la dignidad, en definitiva de los valores que querrían proponer la inmensa mayoría del pueblo Carlista para las Españas, pues la propia constitución asegura una serie de derechos laborales, de vivienda, que dicen defenderse y tenerse en cuenta, cuando es de sobra sabido que únicamente se cumplen los malos usos que podríamos extraer de la propia Constitución, siendo además, no soluciona el conflicto histórico territorial, presente aun todavía hoy, en las Españas.