jueves, 22 de octubre de 2009

EL PARTIDO CARLISTA NO PLANTEA PLEITO DINÁSTICO NI MONÁRQUICO

José María de Zavala; Secretario General del Partido Carlista, año 1976


"Mientras que la forma de gobierno en estos momentos para algunos de los partidos políticos de la oposición no representa un problema básico, en el seno del Carlismo y de su Partido necesita una aclaración y definición categórica.


Partidos que siempre se definieron como republicanos y hacían de su republicanismo principio, en la actualidad han marginado de momento esta cuestión de la forma de gobierno para facilitar su reconocimiento y legalidad en la actuación dentro de un régimen que ha restaurado la monarquía y la hace incuestionable. Cuestionar, por tanto, la forma de gobierno monárquica implantada por Franco, es delito político. Hay partidos republicanos que están jugando a la monarquía al aceptar esta forma de gobierno como válida para su desarrollo y presencia en un supuesto juego democrático que el régimen desea otorgar. Es indudablemente una táctica, pero también un reconocimiento tácito.




Pero veamos que pasa con el Carlismo a este respecto.


Como anteriormente hemos analizado el Carlismo surgió como grupo concreto por un pleito dinástico que encubría un pleito político. Este pleito dinástico ha presidido todo el desarrollo del Carlismo en su lucha por las libertades nacionales y las libertades político-religiosas, porque la dinastía carlista representaba para aquel gran sector mayoritario del pueblo, el vehículo, la garantía, para alcanzar estas libertades y así se concluyó el pacto. Además la forma monárquica era la forma de Estado que podría garantizar la continuidad en el equilibrio entre las libertades forales y la unidad política del Estado.




En la actualidad el pleito dinástico ha quedado superado porque restablecida la monarquía liberal-capitalista por acto personal y autoritario de Franco, su supuesta legitimidad queda invalidada y no puede existir por tanto pleito monárquico o dinástico sino un contencioso político entre el pueblo o sociedad entera por una parte y por otra la oligarquía instalada. Este pleito, desde luego, no se va a resolver, ante una sociedad politizada, por una simple cuestión de forma de gobierno. El problema es mucho más profundo. El Carlismo, por tanto, no plantea en la actualidad un pleito dinástico sin que esto signifique abandonar las posibilidades de que la forma monárquica pueda ser garante de una continuidad del socialismo autogestionario.




El Carlismo, el pueblo carlista, es dinástico y monárquico porque su dinámica social y política se ajusta a un fenómeno sucesorio y dinástico. Pero es más dinástico que monárquico.


El Partido Carlista no se define en esta materia en forma absoluta porque considera que debe ser el pueblo en el ejercicio de su soberanía el que tiene que elegir la forma de gobierno que presida el estado socialista. Su vinculación a la praxis del Carlismo no obstante es total. El gran problema del Partido ha sido separar esa identificación absoluta de su programa político y su acción política de la legitimidad dinástica. Por un lado, el hecho de definirse monárquico hubiera podido, aplicado en el sentido clásico de la palabra, aparentar llevar consigo una esencia antidemocrática, y, por otro lado, el defender una opción dinástica le imposibilita su capacidad táctica de pacto, alianza y participación dentro del campo democrático que aceptase la voluntad popular para definir su forma de estado o gobierno. El Partido Carlista, por tanto, no es monárquico ni republicano porque como partido en lucha y por su programa de opción socialista y autogestionario deja la forma de gbierno a la dinámica autogestionaria del pueblo para determinarla en su día.




El Carlismo es dinástico-monárquico y reconoce a Don Carlos Hugo de Borbón Parma como su representante y rey legítimo. El Partido no se define como monárquico y Don Carlos es su líder y presidente, reconocido democráticamente por sus militantes como tal. Esto es un hecho determinante y de voluntad expresa del Partido y de Don Carlos mediante pacto.




La forma de gobierno que el Partido formula será aquella que el pueblo libremente decida como culminación del Estado Socialista Federal. Este trasvase político e ideológico del Carlismo a Partido o a la inversa conducirá hacia la definición en un momento dado de monarquía o república. Todo es un proceso histórico y dialéctico que el Carlismo en general, en su evolución, construirá según la lucha del Pueblo hacia su plena libertad y su pleno autogobierno. La continuidad revolucionaria, la garantía del proceso democrático dentro del marco socialista, el poder popular, la independencia y autonomía de las nacionalidades en su integración federal, el arbitraje entre tendencias y tensiones que enriquezcan a esta unidad federal, necesita de un ente político, también independiente, pero nacido de la voluntad popular dentro de un proceso de autogestión. Si este ente tiene carácter monárquico o republicano, hereditario o vitalicio, será en la medida que el propio pueblo decida. El Carlismo brinda el fenómeno dinástico más que monárquico, del cual responde con una experiencia positiva de siglo y medio."




Escrito de José María de Zavala, Secretario General del Partido Carlista, año 1976; ¿Qué es el Carlismo? de Carlos Hugo de Borbón - Parma


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En el texto se desprende la existencia de un lado del Partido Carlista, y de otro del Pueblo Carlista, identificado también como Carlismo. Luego esto no es ningun invento de nadie, esto era una realidad en 1976 y lo sigue siendo. Sin embargo algunos junto al actual S.G. del Partido Carlista, pretenden afirmar categoricamente que únicamente existe el Partido Carlista, que el Pueblo Carlista no existe, y que no hay ningun carlismo fuera del Partido Carlista, cuando el propio Zavala reconocía todo lo contrario.


Cuando al pueblo carlista se le trata de imponer el accidentalismo, al empujarlo al único redil existencial político del Partido carlista, y por otra parte, y con ello, negar la existencia, vigencia y reconocimiento de lo que ha significado y significa el Pacto con nuestra Familia Real Legítima, solo cabe situarlo en un acto de traición al pueblo carlista, y a los militantes del Partido carlista que forman parte del mismo, al estar completamente fuera de la órbita política-pactista que el propio Zavala defendía.




Por otra parte, debe ser el pueblo el que decida la forma de gobierno, y por tanto el pueblo carlista se posicionará en favor de la monarquía carlista, atendiendo al razonamiento de Zavala en este artículo. Si desde el Partido Carlista se afirma el accidentalismo y además se impone que no existe el Pueblo Carlista, que el único pueblo carlista es el que milita en el Partido Carlista, eso significa, que el Pueblo carlista no puede hacer defensa, ni campaña en favor de la monarquía carlista y de la Familia Real Carlista ante un hipotético referendum entre monarquía y república, a pesar que obviamente hariamos campaña por la nuestra, por la monarquía carlista.




El artículo de Zavala ofrece la experiéncia que ha significado la presencia de la Dinastía Carlista en el carlismo, en la sociedad carlista, como algo positivo. La historia del Carlismo ofrece y está respaldada por la experiencia que han supuesto determinadas instituciones populares, y si al mismo tiempo decimos lo importante que son unas determinadas instituciones para los diferentes pueblos de las Españas, también lo es la propia monarquía carlista. Es más, nosotros los carlistas no podemos afirmar tener en nuestro pasado una experiencia republicana, porque no la tenemos, y por tanto no podemos respaldar dicho modelo republicano sobre una experiencia histórica que no poseemos, luego no tiene ningun sentido, ni significado histórico defender la república.




El Partido carlista, segun el texto de Zavala, asume el accidentalismo en la forma de gobierno, y eso no significa dejación de los derechos políticos e históricos de Don Carlos Hugo para con la Corona, esto tiene que quedar claro. Ese accidentalismo político pretende ser respetuoso con la opción popular en un hipotético, posible y futuro referendum entre monarquía y república, pero eso no quiere decir que los carlistas vayamos hacer campaña por una forma de gobierno republicana de la que no tenemos experiencia histórica alguna dentro del carlismo, y lo más cercano a ello han sido las experiencias Nocedalistas y Mellistas, y ahora parece que también la Olcinista.




Si el Partido Carlista a través de sus representantes no reconoce la existencia del Pueblo Carlista tal y conforme lo hace José María de Zavala en este artículo, entonces los carlistas tenemos derecho, a pesar de aceptar para el Partido Carlista el accidentalismo en cuanto a la forma de gobierno, éste, digo, al no dar la posibilidad de existencia de pueblo carlista fuera del partido carlista, tiene que reconocer indudablemente que la Casa Real de Borbón -Parma tiene derechos legítimos sobre la Corona de las Españas, representados en la persona de Don Carlos Hugo de Borbón y sus descendientes legítimos.

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