martes, 22 de septiembre de 2009

ARENYS DE MUNT Y LA INDEPENDENCIA DE CATALUNYA

Vecinos de Arenys, junto al centro donde se colocó la urna

El referéndum sobre la independencia de Cataluña celebrado en Arenys de Munt el pasado día 13 de Septiembre del 2009, refleja un sentimiento catalán cada vez mayoritario por la secesión territorial y política de Catalunya. Y esto es debido principalmente al marco de encorchetamiento constitucional liberal, heredado desde la Pepa de 1812 hasta la Constitución de 1978.



España, Hispania nunca historicamente, ha tenido una sola y única constitución, sino diversas constituciones. La Monarquía Hispánica desde los Reyes Católicos, pasando por la Casa de Austria, siempre había tenido distintas y diversas Constituciones para los territorios históricos de las Españas.



Catalunya, desde las imposiciones absolutistas de Felipe V, con los Decretos de Nueva Planta y la abolición de los Fueros y Usatges Catalanes, no ha vuelto a ser dueña de sus destinos y sentirse al mismo tiempo Española. Posteriormente, con la llegada del liberalismo constitucionalista burgués de la oligarquía, durante los turnismos caciquiles y los restauracionismos, hasta la llegada de la 2ª República y el franquismo, Catalunya siguió sintiéndose cada vez más alejada del denominado "proyecto común" llamado España.



La derecha burguesa y su constitución de 1978 han pretendido absorver y anular las realidades políticas periféricas, aniquilando los particularismos históricos locales. La Constitución del 78 es un impedimento más para la libertad de Catalunya, porque, precisamente por culpa de esa Constitución, Catalunya, los Catalanes, la nación histórica o nacionalidad, no puede desarrollarse, no se siente cómoda dentro del corsé español de marco neoliberal constitucionalista. Los Catalanes y Catalunya necesitan de sus Tradiciones históricas para remediar ese mal que les hace hoy odiar tanto a España. Entiendo que el odio a España, les viene por la concepción existente de esta España actual, pero si la concepción de España cambiara, y no fuera la misma, si fuera una España respetuosa con las Constituciones históricas de los Territorios locales, entonces, los catalanes votarían a favor de España, porque en ese caso España respeta lo Catalán, pero esto no es lo que ocurre hoy, o al menos ocurre parcialmente, y los catalanes como otros ciudadanos españoles no lo perciben así.


¿Dónde se ve claramente que no se respeta lo Catalán?

Pues en la amenaza que muchos políticos encuentran en los recortes que pretende hacer el Tribunal Constitucional al Estatut de Catalunya. Y no es sólo que el referendum de Arenys de Munt no sea vinculante, sino que esta democracia es para menores de edad porque son los políticos en el Congreso quienes deciden primero, aunqnue luego sometan lo que quieran a referendum, no es vinculante, nunca es vinculante. ¡Menuda democracia es esta, en la que la partidocracia se dice a si misma la voz del Pueblo!

Sería un error grave, que el Estatut Català fuera recortado por un tribunal que no representa realmente la decisión popular de Catalunya, y que además está manipulado por los dos grandes partidos políticos. España y sus políticos tienen que respetar la Soberanía de las partes Territoriales que componen y forman las Españas, España, y mientras no exista ese equilibrio de poder que tiene que haber y existir, no nos sorprenderá en absoluto que siga habiendo mayores ansias independentistas.

El Carlismo no cree en el independentismo, ni en la secesión territorial, porque tenemos como objetivo el equilibrio interterritorial y la ecuanimidad entre los distintos territorios españoles, señalando los diversos intrumentos e instituciones tradicionales e históricas, fuera del liberalismo constitucionalista, que ha habido en la historia de España, a través del reconocimiento y restablecimiento de los Fueros o Constituciones históricas de los Reinos, Señoríos y Principados de las Españas. Por eso es imprescindible hoy lograr la Confederación de las Nacionalidades históricas de las Españas, vía pacto con el gobierno central, que esté representado por el Rey de las Españas, no por una constitución marco que coarta las libertades constitucionales de los territorios históricos y sus habitantes.

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