jueves, 9 de julio de 2009

CARLISMO: ESPÍRITU DE LOS PAYESES DE REMENSA

Consell de Cent


En Catalunya la Vella a mediados del siglo XIV, los campesinos de remensa eran un cuarto de la población, estaban adscritos a la tierra desde que Pedro III de Aragón necesitó del apoyo de nobles frente a la invasión francesa. Después de la peste y las epidemias, el campo sufrió un grave despoblamiento y muchas masías quedaron abandonadas.




Los señores feudales se vieron obligados hacer contratos favorables a los campesinos para evitar su huida a las ciudades, una parte de estos pudieron ocupar y adquirir las masías abandonadas y las pusieron en explotación con ayuda de mano de obra extanjera, pero en 1380 se produjo una grave crisis económica perdiéndose las cosechas, subió el precio del trigo y bajaron los salarios por la llegada masiva de campesinos a las ciudades. Los señores quisieron aumentar sus rentas cobrando los "malos usos", que eran antiguas tasas y contribuciones por uso por parte del campesinado del molino del señor, del camino del señor, etc y además pretendieron imponer los derechos jurisdiccionales de su señorío sobre los campesinos que habían rehabilitado las masías abandonadas. Los campesinos catalanes, ante tal injusticia, escriben una carta al Rey, durante el reinado de Alfonso V Trastamara, solicitando la libertad personal y las masías abandonadas para los campesinos, y a cambio se comprometerían en ayudar al Rey. La alianza entre los Campesinos y la Corona para solucionar el problema social de los primeros y político de la monarquía, era un importante apoyo para luchar contra la nobleza. Bajo la Reina regente María, se formó una especie de Sindicato, que inició una serie de litigios contra los señores feudales. El campesinado reclamaba las libertades personales, la supresión de los "malos usos", la anulación de los censos. En 1462 comienza la primera guerra de Remensa que durará 10 años, coincide con la guerra civil de Catalunya, producida contra Juan II de Aragón. Los campesinos utilizan la guerra de guerrillas, teniendo bastante éxito, pero terminada la guerra, Juan II a quien habían apoyado un importante grupo de señores dueños de campesinos de Remensa, no se atrevió a solucionar el problema, limitándose a premiar a los líderes y a ennoblecerlos. En 1484 comenzaría la segunda guerra de Remensa porque los señores feudales habían impuesto otra vez los "malos usos" y por la indecisión del nuevo Rey Fernando el Católico. Los campesinos fueron dirigidos por el grupo revolucionario, la guerra fue corta y los campesinos vencidos, siendo ajusticiados sus líderes. Fernando II de Aragón quiso entonces solucionar el problema de los Payeses de Remensa, por eso apoyaría finalmente la propuesta de los Campesinos Remensas después de una serie de reuniones que llegan a la llamada Sentencia Arbitral de Guadalupe, que era una ley por la que se establecían las relaciones juridico-sociales del campo, estableciéndose las libertades personales del campesinado, derecho a vender los frutos y bienes campesinos, pero se les obligaba a pagar las rentas a los señores, los cuales de alguna manera aceptaron que los campesinos fueran dueños de hecho de la propiedad de la tierra, creándose un gran Sindicato de Remensa. A partir de esta Sentencia, los campesinos catalanes serían los que mejor se encontrasen en comparación con los del resto de la Península. Hemos visto como, durante el siglo XV, en el Principat de Catalunya se desarrollaron las denominadas guerras de Remensa, unos efrentamientos entre los labradores y campesinos ayudados mas o menos por la alianza con el poder Real contra los señores feudales. Sin embargo en las ciudades dicho conflicto también va a tener su dimensión social entre los partidarios de los partidos: La Busca y la Biga. A mediados del siglo XV la Busca, representantes del pequeño artesanado y los gremios, llegó al poder en el ayuntamiento de Barcelona, procurando poner en marcha su programa proteccionista, solicitando la devaluación de la moneda para que los productos fuesen competitivos y aumentasen las exportaciones junto al establecimiento de medidas aduaneras proteccionistas para impedir la venta de tegidos extranjeros en Catalunya;también querían el control de los gastos municipales y disminuir los salarios de los funcionarios de la administración real, reducción de impuestos y de los alquileres de las casas. Pero la Oligarquía, representada por la Biga, quería una moneda fuerte y no estaba de acuerdo con la devaluación, ni con el resto de propuestas defendidas por la Busca. En 1462 estalla la guerra entre la Oligarquía Catalana y el Rey Juan II de Aragón. La Biga oligárquica supo arrastrar al pueblo contra la monarquía autoritaria, contando con una parte de la nobleza y el clero, van a luchar contra un Rey que no respetaba los privilegios de la Oligarquía, ni en el campo, ni el la ciudad. La oligarquía feudal y mercantil instrumentalizó al hijo primogénito del Rey, Carlos Trastamara, Príncipe de Viana. Juan II de Aragón lo venció y lo mandó encarcelar el Lleida, pero la Generalitat mandó un ejército contra Juan II, que también era atacado por Beamonteses Navarros y por Enrique IV de Castilla. Juan II capituló, ese mismo año moría el Príncipe de Viana y comenzaba una larga guerra civil que se mezclaba con la de los payeses de Remensa. Juan II acosado en varios frentes tuvo que pedir ayuda al Rey Luís XI de Francia, que a cambio del Rosellón y la Cerdaña ayudó a Juan II Trastámara a vencer a la Oligarquía Catalana, que instrumentalizaba la Generalitat impidiendo el desarrollo de los intereses de la Busca.




Las luchas entre carlistas y liberales tendrán posteriormente ciertas similitudes sociales económicas y políticas al conflicto de los Remensas y las reclamaciones de los partidarios de la Busca, que eran artesanado, gremios y pequeña burguesía frente a la Biga, representada por los grandes propietarios y la oligarquía financiera, capitalista, que representaría en el siglo XIX al bando liberal uniconstitucionalista uniformista. Curiosamente aquella oligarquía catalana contaría con un ejército propio y bien pertrechado frente al ejército campesino y mal pertrechado de Juan II, quien tuvo que pedir ayuda militar al Rey de Francia.