viernes, 5 de junio de 2009

X a la casilla de la Iglesia Católica


Como cada año, en la declaración de la Renta señalaré la X en la casilla de la Iglesia Católica, al igual que en la de fines sociales.


En primer lugar, quiero hacer mi aportación a la Iglesia Católica, de una parte ínfima de mis ingresos a las arcas del Estado. Ha de quedar bien claro que es mi dinero y que éste no es un dinero privativo del Estado. El Estado no hace, pues, ningún regalo a nadie, ni le quita el dinero a nadie para dárselo a la Iglesia Católica.


En segundo lugar, quiero hacer mi aportación para contrarrestar esa permanente campaña de desprestigio contra la Iglesia Católica. Una campaña de agitación propia de una cohorte de revolucionarios de taberna, esos a quienes nunca se les ha descontado nada del sueldo por participar en huelgas de ningún género, pero que siguen sin poder olvidar a sus ancestros, que, allá por los siglos XVIII, XIX y XX, mostraron su ferocidad anticlerical con la quema de iglesias, conventos y la ejecución de toda suerte de desmanes.


En tercer lugar, porque sigo sin entender por qué se pretende negar a la Iglesia Católica aquello que se ofrece a otras confesiones, en un intento por parte de determinadas corrientes ideológicas por obtener réditos electorales con el enfrentamiento de unas contra otras.


En cuarto lugar, porque ya está bien esa fantasía y leyenda negra mantenida por un reducido número de intelectuales que, sin atender a la evolución del mundo, alegan las mismas razones aducidas por la masonería y los anticlericales de siglos pretéritos.


En quinto lugar, porque un euro en manos de la iglesia es prácticamente un euro que llega a su destino, mientras que en el Estado actual, con todo su entramado de intermediarios partidarios, de un euro en sus manos no llega ni 30 céntimos a su destino.


En sexto lugar, porque la Iglesia Católica continua ahorrando, año a año, miles de millones de euros al Estado, más de 36.000 millones de euros al año, por la realización de actividades en pro del bien común, con infinidad de obras llevadas a cabo y gestionadas directamente por ella o sus voluntarios. Pensad en estas cifras:107 Centros hospitalarios.128 Ambulatorios y dispensarios.876 Casas para ancianos, enfermos crónicos, inválidos y discapacitados.937 Orfelinatos y otros centros para la tutela de la infancia.321 Guarderías infantiles.365 Centros especiales de educación o reeducación.144 Otros centros sociales.305 Consultorios familiares y centros para la defensa de la familia y de la vida...


En séptimo lugar, recordemos los datos facilitados por el Ministerio de Educación, hace ya un par de años que establecía para una plaza escolar en un centro público un coste anual de 3.518 €, mientras que idéntica plaza en un centro concertado representaba un coste para el erario público de 1.841 €. Una situación que en aquella fecha afectaba a 1.741.697 alumnos. Diferencia de 1677 € por plaza que suponía un ahorro de 2.920.825.869 € a la Hacienda Pública.


En octavo lugar, aporta mucho más al Tercer Mundo que ese 0,7% que tantas veces ha prometido el Estado y que nunca ha cumplido. Piénsese en la aportación de la Iglesia Católica a las sociedades española y mundial realizadas a través de Caritas, Manos Unidas y las Obras Misioneras. Además del esfuerzo de mantenimiento del patrimonio cultural español por parte de a Iglesia Católica.


En noveno lugar, son recursos muy necesarios para un mejor servicio pastoral y social, de los que podréis ser beneficiarios algún día. Un servicio al bien común de la sociedad que se extiende con la misión de la Iglesia Católica de ayudar a las personas a encontrar el sentido de su vida y a su realización como ser humano, de ayudar a responder a la contingencia humana y a darle un sentido de trascendencia.