miércoles, 3 de junio de 2009

Declaraciones de don Carlos Hugo de Borbón a Le Nouvel Observateur, día 5 de noviembre de 1975


Con cuarenta años bien llevados y una alegría intelectual a lo Michel Rocard, el príncipe Carlos Hugo, heredero (él rechaza la expresión de "pretendiente") del carlismo desde la abdicación de su padre, el príncipe Javier de Borbón Parma, que vive retirado en Allier, es la viva, la petulante antítesis de esos reyes de quienes Velázquez y Goya nos han dejado inolvidables imágenes abotargados y prognatos. Él mismo se llama socialista "económicamente marxista", no ve solución a la crisis provocada por la muerte del dictador más que por una ruptura radical. "Yo no digo que la guerra civil sea inevitable. Yo digo que esa gente, los presuntos herederos del franquismo, "liberales" o no, irán hasta arriesgarse a la guerra civil para preservar su poder y sus privilegios." Jean Lacouture le ha hecho algunas preguntas.


-¿Cómo es que el carlismo, que fue en el siglo XIX el adversario irreductible de la corriente liberal y de la confiscación de los bienes de la Iglesia, que también fue una especie de guerrillas antes de ser más tarde, durante la guerra civil, el más eficaz aliado de Franco, se encuentra hoy en el campo de la revolución?


Carlos Hugo de Borbón.- Porque siempre lo ha estado.

Porque ha representado a las fuerzas populares contra un pretendido liberalismo que no era otra cosa que un instrumento del capitalismo naciente y apoyado por el extranjero; que había impuesto el sistema feudatario y la "desamortización", la privatización si usted lo prefiere, no solamente de los bienes de la Iglesia sino de las tierras comunales al servicio del desarrollo de la propiedad privada. Nosotros hemos querido proteger todo aquello que era comunal, común, colectivo.

¿Qué es el socialismo? Es la integración del hombre en la comunidad.

Cuando el capitalismo divide, el carlismo en cambio une a las comunidades campesinas y a las regiones autonómas. Para presentar la fecundidad de estas tesis, Marx escribió que el movimiento carlista había surgido con un siglo de anticipación. Nosotros tratamos de reanimarlo ahora. Nuestros adversarios trataron, en el siglo pasado, de desacreditarnos denunciándonos como "comunistas". Muchas veces, los enemigos son los que mejor comprenden.


-¿Para usted, las guerras carlistas son "guerras de campesinos"?

C.H.B.- Exactamente.

-¿Entonces, su participación en la guerra civil al lado de Franco?

C.H.B.- Cuandomi tío Alfonso Carlos hizo alianza con los generales, en vísperas de la sublevación, Franco no era más que uno de los conjurados. Los carlistas se unieron a los militares para luchar contra el caos provocado por el poder central y contra un anticlericalismo que les indignaba. Sin embargo, muy pronto surgió la ruptura a nivel de dirección, cuando nuestros jefes se dieron cuenta que el sistema iba hacia el fascismo y del apoyo que Franco encontró en el Eje. Mi padre fue detenido y expulsado antes de ser deportado a Dachau por los nazis, todos los carlistas fueron excluidos de los puestos de responsabilidad. Nuestros hombres siguieron luchando porque todos los puentes estaban cortados y el Frente Popular empeñado en su lucha antirreligiosa. Sin embargo, si nosotros fuimos los vencedores militares, fuimos los vencidos políticos.


-¿Cuándo y cómo sucedió que el carlismo tomara el sentido revolucionario?

-C.H.B.- Hacia 1955. Después de un largo período de postración y de entumecimiento, las masas carlistas hicieron conocer su afán de lucha contra el régimen y de elaborar una doctrina. Del exilio volví a España, donde pasé un año clandestinamente, 1956-1957.

Entonces fue cuando todo volvió a renacer.


-¿Fue entonces cuando usted comenzó a hacer de la autogestión su mayor tema de combate? Se ha equivocado el PSU.

C.H.B.- Yo admiro al PSU y su lucha. Sin embargo, es el espíritu de nuestro movimiento, todas sus tradiciones, sobre todo en Catalunya y País Vasco, con sus fueros y libertades locales, lo que inspira nuestra autogestión. Mi larga permanencia como minero en Asturias no hizo más que reforzar mis convicciones sobre ese propósito y sobre otros.


-¿Cómo trataríamos de resumir, en algunos puntos, la ideología del movimiento carlista?

C.H.B.- Los cuatro elementos principales aprobados en nuestro congreso de 1970 son: 1) Defensa de las libertades locales y regionales dentro de un cuadro federal, inspirándonos en la frase de mi antepasado Carlos VII hace un siglo: "Quiero ser el rey de las repúblicas de España." 2) Reconocimiento de los partidos, no tanto como máquinas electorales y como asociaciones, sino como colectividades con vida. 3) Revolución social partiendo del principio de la lucha de clases, que es el reflejo de las realidades de la vida española. 4) Socialismo Autogestionario, expresándose, ante todo, a través de los sindicatos.


-La mayor parte de las informaciones provenientes de Madrid presentan a Juan Carlos como que decididamente ha hecho su elección en favor de la liberalización y que, por lo tanto, está dispuesto a afrontar a los ultras. ¿En vista de esto podría suponerse una convergencia entre ustedes?

C.H.B.- Esa "liberalización" es un mito. No puede creerse dentro del cuadro de ese sistema totalitario, aun después de la muerte de Franco. Ser heredero de Franco, para Juan Carlos, como para don Juan, es ser heredero del fascismo, ni más ni menos.


-¿No es usted también pretendiente al trono español?

C.H.B.- Ese "usted también" no tiene sentido. Para mí no se trata de pretender, de restaurar, de heredar. Mi primo Juan Carlos quiere suceder a Franco. Yo y los míos queremos hacer la revolución.

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