sábado, 19 de septiembre de 2009

PARTIDO CARLISTA Y CARLISMO: TEORÍA POLÍTICA Y SENSIBILIDAD MONÁRQUICA

Uno de los momentos de la Familia Real Legítima, durante los Actos de Poblet, del día 9 de mayo de 2009


Durante estos días estamos asistiendo al modo, formas y entendimiento de cómo ver el carlismo desde dentro y fuera de él, pues existe un auténtico mosqueo por parte de algunos, por una supuesta marginalidad de la teoría política, de los objetivos políticos concretos, de las orientaciones y presupuestos a discutir, ya que piensan que, otros, pretendemos hacer del carlismo una asociación, un grupito dinástico de amigos, que queremos evadirnos de toda reivindicación política, para tratar de desviar los planteamientos políticos del carlismo.



Quienes esto piensan están muy equivocados, pues al mismo tiempo que nos denominan dinásticos, de forma despectiva, encuentran en nosotros la intención de poner como jefe del Partido Carlista al Rey Legítimo de las Españas, cuando realmente no existe esa intención por nuestra parte, porque una cosa es el Partido Carlista y otra el sentimiento y fenómeno monárquico o dinástico del carlismo, sin que ello signifique el negar de forma racional la institución monárquica, pues muy al contrario, dicha institución tiene también su contenido político y racional.



El Partido Carlista goza de una amplia teoría y concreciones políticas, que liderados por sus líderes y su actual Secretario General han puesto en evidencia la necesidad de mantener la linea ideológica actual, tratando de convencer a la gente, a los pueblos de las Españas de la ideología teórico-política del carlismo, sin embargo, muchas veces, y en muchos otros partidos de izquierda ocurre, sus miembros se parapetan tanto en los razonamientos teórico políticos que olvidan los gestos y las sensibilidades y sentimientos de las personas.
Los seres humanos somos sentimientos y razón, no sólo razón, ni sólo sentimientos. Y a muchas formaciones de la izquierda les ha ocurrido que se han acantonado en la ideología creyendo que las personas únicamente se iban a decantar por una posición política determinada, simplemente por su capacidad de razocinio, y no, sorprendentemente no. Las personas se involucran más o menos por una opción política, también por sus sentimientos y emociones, y aunque esto pueda ser denominado despectivamente como carlismo folclórico o sentimental es también muy importante, porque muchas veces de ahí se pega el salto a la militancia política del mismo.



Sin embargo, encontramos que ciertos miembros, incluido el Secretario General ha vislumbrado en este hecho una maniobra de destrucción del Partido Carlista, cuando no tiene nada que ver con ello. El fenómeno dinástico en el carlismo siempre se fundamentó por un proyecto político en el que estaba determinada la opción monárquica del carlismo asociada y vinculada al principio de subsidiariedad, dando contenido político y personal a las Españas, bajo el arbitrio de la Corona Legítima frente a un Estado burgués impersonal y abstracto de origen republicano pero que de forma posibilista y utilitarista adoptó la monarquía como institución propia, al comprobar el enorme enganche y tirón que la misma suponía en el imaginario colectivo social. Fue precisamente la despersonalización del Estado, orientado bajo el racionalismo abstracto de los ilustrados el que llevó en un principio a pensar en la formula republicana, al considerar a la monarquía como irracional y antidemocratica. Aquella era la escusa para dejar en evidencia a la institución monárquica que le hacía sombra a la clase burguesa que usurpaba el poder del Estado. Una vez ocupado el Estado por la burguesía, dejarían de ver a la monarquía amparada por dicha clase, como una institución enemiga, instrumentalizando la monarquía para salvaguardar sus propios intereses capitalistas y financieros.



La burguesía capitalista nació como republicana por su capacidad de abstracción, al pretender y conseguir adueñarse del Estado que continua gobernando, pero perfiló el hecho dinástico para personalizar el Estado y coronarlo con la institución de la Corona, ya que mucha gente jamás comprendería la impersonalidad e idividualidad política burguesa. Así la burguesía capitalista cultivó el hecho popular dinástico, para instrumentalizarlo a su favor, ya que resultaba un elemento estabilizador conforme al interés burgués.



Algunos en el carlismo político del Partido Carlista han pretendido seguir la linea impersonal, abstracta, basada estrictamente en la capacidad de razocinio e intelectualidad considerando el hecho monárquico del carlismo como algo irracional y "antidemocrático". Muy equivocados están quienes esto hacen, al pretender desechar la parte irracional que corresponde a toda sociedad a todo ser humano, y queda simplificada en los sentimientos, en la sensibilidad, en la conducta romanticona si se quiere decir así, en los gestos humanos de cercanía, en la expresividad de la Familia Real. Y sea de una forma u otra, el hecho o fenómeno monárquico o dinástico del carlismo le tira a muchos, aunque solo fuera por sentimiento irracional, al contemplar los gestos y el trato humano del monarca.
¿Por qué gana la derecha en este país? ¡Nadie se lo ha preguntado nunca!, pues por la capacidad que tienen muchos de ellos de asegurar y desprender gestos, sensibilidad, y sentimientos, aunque simplemente hagan puro teatro, finalmente guardan las formas y ganan las elecciones.
Al hacer campaña electoral, mucha gente de la izquierda se parapeta en sus libros, en sus teorías, en su racionalismo y en su cultura, despreciando totalmente a quienes consideran incultos e irracionales, despreciando de una forma directa a quienes consideran populacho inculto, pero por otro lado al ser de izquierdas, son políticos que pretenden defender y hablar en nombre de todo ese pueblo al que desprecian por irracional, por sentimental, pueblo que por otro lado quieren que les vote, porque lo quieren representar y hablar en su nombre. Son políticos que imbuidos por su racionalismo intelectual y su capacidad de abstracción desprecian todo aquello que no pase por la órbita de sus convicciones, rechazando los gestos humanos, la otra cara de hacer política, pues muchas veces no es la ideología sino las personas, porque la ideología tiene que estar al servicio de las personas y no al revés. No se puede discriminar a nadie porque no haya alcanzado la capacidad ideológica racional y abstracta que otros políticos y líderes del carlismo político tienen y ostentan.



Se puede y se debe hacer pedagogía política a partir de fundamentos racionalistas y abstractos, pero eso sólo no nos vale, porque únicamente nos entenderán unos cuantos, pero no toda la sociedad. Cuando se nos presenta un carlismo político con los fundamentos del Partido Carlista, liderado por su Secretario General actual, algunos entendemos los postulados, los proyectos, los objetivos, la línea política del mismo, sin embargo eso no basta, porque no todos entienden esas abstracciones racionalistas derivadas de una intelectualidad política carlista, y cuando sus líderes, sus miembros, sus Secretarios, se olvidan de la parte irracional, de la parte sentimental, de la parte gesticular y hasta humana, que evidencia que las personas están por encima de las ideologías, ya que las ideologías son instrumentos para hacer feliz a las personas, son instrumentos para conseguir objetivos concretos y determinados y por tanto la ideología política, sea la que sea no es ningún fin mismo, sino instrumento para conseguir realidades para la paz y el bienestar social.



Y mientras unas personas en el Partido Carlista, por muy líderes y Secretarios Generales que sean, sigan en la linea de despreciar lo que por otra parte consideran como irracional (fenómeno monárquico del carlismo), que incluso tiene su propio contenido político determinado de forma totalmente racional, pero si lo queremos entender esto y otras cosas más por irracionales y romanticonas, y lo despreciamos como carlismo folclórico, estaremos cometiendo un gravísimo error, porque estamos despreciando a la propia forma de ser del ser humano, del propio ser del carlismo, que tiene una parte racional y otra irracional.



Para que se le quede claro al Secretario General del Partido Carlista, y con todo respeto, hoy en día muchísimas personas no votan por ideología política, sino por afinidad, proximidad humana, resaltando los gestos humanos, actitudes cercanas al pueblo, no por ninguna ideología concreta y particuar; puede ser puro teatro, no nos engañemos, pero da resultado. Ello no quiere decir, que desaparezcan, o que tengan que desaparecer las ideologías, sino compensar, tratar de arbitrar y equilibrar lo irracional con lo racional. Y mientras esto no se entienda, el carlismo no se comerá una rosca. Y resulta curioso, pues al ser contemplado por la mayoría de españoles como un partido de derechas, sigue sin tener el efecto arrastre sentimentaloide, por el hecho de forzarlo a planteamientos racionalistas e intelectuales abstractos, de manera que el carlismo sociológico tiende a votar a otras obciones políticas renunciando a la nuestra que es el Partido Carlista. Esto debería servir de reflexión constructiva y crítica ante cualquier proyecto de orientación política del carlismo.


1 comentario:

Joan Antoni Estades ds Moncaira i Bisbal dijo...

Independientemente de la question dinastica defiendo el principio monarquico por encima de todo como mejor que el republicano el cual es mucha veces una farsa y una mentira.
Hablar de logica y más en un regimen neo liberal es un contra sentido y pienso que ante todo hemos de ser coherentes por un lado y pragmaticos por otro.