sábado, 9 de mayo de 2009

NO ES PRETENSIÓN ALGUNA, SINO LEGÍTIMA RECLAMACIÓN: CELEBRACIÓN EN POBLET POR LOS 175 AÑOS DE HISTORIA DEL CARLISMO







Majestad, Alteza Real, Infante e Infantas Legítimas de las Españas.

Nos encontramos aquí reunidos en el Real Monasterio de Poblet, en Tarragona, recordando a todos los Carlistas y por los 175 años de plena vigencia de la Historia del Carlismo, símbolo de continuidad de nuestra lucha confederal y socialista, en defensa de todos los pueblos de las Españas.



Evocando el Monasterio, su historia y trayectoria, vislumbramos y encontramos el devenir del acontecer de la propia historia del carlismo, de los Pueblos de las Españas y sus Reyes y representantes Dinásticos, los Reyes Legítimos de las Españas.



El Monasterio de Poblet, cenobio de la Orden del Cister, y panteón de los monarcas de la Corona de Aragón. Fue fundado por Ramón Berenguer IV, quien en 1149 lo entregó a los monjes bernardos de Fontfroide. Apelando a su historia, como símbolo cristiano y dinástico, dos pilares básicos en torno a los cuales se desarrolló el espíritu popular de los elementos tradicionales de la sociedad medieval, que de alguna manera sigue impresa en el ser del carlismo.



Por todo ello, no es casualidad encontrarnos reunidos con nuestro Rey de la Corona de Aragón, y Rey Legítimo de las Españas, SMC Don Carlos Hugo de Borbón, aquí presente;-¡encomiables saludos Majestad y muchísimas gracias por estar aquí con todos nosotros!- heredero y representante de la Dinastía Histórica del Carlismo y de las libertades tradicionales democráticas socialistas y forales de los antiguos Reinos, Señoríos y Principados de las Españas.






La historia del monasterio, la podemos hacer nuestra debido a las vicisitudes por las que atravesó. Un monasterio, símbolo cultural, económico, rural campesino y monacal, espíritu de los valores cristianos y comunitarios de una sociedad que se identificaba y sabía de su dependencia con respecto a la tierra y al medio-ambiente, su defensa ecologista de la conservación del entorno, aunque sólo fuera de manera innata e intrínseca. Un monasterio garante, por aquel entonces, y aunque sea demasiado forzado reconocerlo, de sus derechos educativos y sanitarios; sus recursos, frutos de la tierra, que estaban al servicio de las buenas obras de los monjes; sus tierras, fuente de alimentos y subsistencia autogestionaria para el campesinado, que también las trabajaba, dueños de hecho de los medios de producción.



Se trataba de los "derechos públicos medievales", de un redescubrimiento derivado del mantenimiento de la propiedad colectiva y comunal, del desarrollo de la vida comunitaria, tanto en los municipios, como en el monacato. Era el sentido económico socialista y cristiano que se había ido heredando de padres a hijos con el nombre de Tradición, hasta el año 1833 en las Españas.



La fuerte convulsión que supuso la guerra de independencia, más la pretensión del liberalismo por la uniformidad centralista bajo una homogenea constitución burguesa traída por manos extranjeras por parte de Pepe Botella Bonaparte y la presencia y asimilación por parte de estractos poblacionales de aquel liberalismo político que escondía su sed en el liberalismo económico defendido por las doctrinas clásicas y liberales pragmáticas, utilitaristas, positivistas y mecanicistas que dieron como tiunfo mortal y endémico al poder del dinero que venía siendo la máxima expresión de las grandes potencias mercantiles en los siglos XVII y XVIII.



El Capitalismo había significado el triunfo de la acumulación del capital por parte de la reacción del protestantismo calvinista exento de jerarquía frente a un catolicismo socialista de fuerte jerarquía. El Protestantismo sustituiría la jerarquía eclesiástica católica por la oligarquía económica de burgueses ennoblecidos y nobles aburguesados, a través del instrumento de la desamortización y expropiación de las tierras de la Iglesia y Comunales del Pueblo, para entregarselas a una muy minoritaria clase media, profesionales liberales, banqueros, prestamistas, abogados,financieros, grandes mercaderes y comerciantes. Significaba el triunfo de un modelo económico y unas formas de vida que son las que hoy siguen vigentes en el mundo occidental.






Pero en el año 1833, el liberalismo económico decimonónico y sus representantes afirmaban que aquellas tierras comunales campesinas y monacales de la Iglesia estaban en manos muertas, porque las mismas no se podían comprar ni vender en libre mercado, porque servían para testar, para ser designadas por herencia al estar sujetas a unas determinadas familias, por los mayorazgos, a unos determinados Monasterios, y a unos determinados Municipios, denominadas como Tierras Comunales, del Común de los Municipios, tierras del Pueblo. Curiosa situación, si analizamos la preocupación del comunismo socialista por la suerte de la tierra, pues ni tradicionalismo ni comunismo estarían dispuestos a aceptar la deriva liberal capitalista de libre mercado.



Los liberales burgueses en el poder, que apoyaron la subida al trono de Isabel "II" frente a su tío Don Carlos V de Borbón, antepasado de Don Carlos Hugo de Borbón, establecieron los medios para llevar a cabo una serie de proyectos desamortizadores que permitían de hecho las expropiaciones, robos y desmantelamiento de las propiedades colectivas y comunales, tanto civiles, como eclesiásticas para ponerlas a la venta del mejor postor, igual que ahora con las empresas públicas y las propiedades comunes de todos los ciudadanos, de manera que el Monasterio de Poblet en el que hoy nos encontramos fue pasto de aquella injusticia en el año 1835, quedando abandonado y expuesto al saqueo, pues las tumbas fueron profanadas y sufrieron daños irreparables. Así, el liberalismo económico burgués abandonaba los asuntos públicos en interés del lucro egoísta capitalista de los agentes económicos, pues esa es la filosofía del liberalismo capitalista oligárquico burgués triunfante.



En el año 1939 el monumento fue devuelto a la Orden del Cister y se iniciaron las obras de restauración, sin embargo aquellos sucesos y hechos desamortizadores por los que pasó el monasterio y numerosas propiedades colectivas y comunales, convirtieron en víctimas, presas de la miseria a numerosos campesinos y al bajo clero al que dejaron sin recursos para su propia capacidad de autoabastecimiento y susbsistencia autogestionaria. El clero pasaría a estar condicionado por la Ley Liberal de Presupuesto del Clero, mientras que los campesinos serían pasto del egoísmo capitalista burgués de libre mercado.



Supuestamente aquellas medidas desamortizadoras se hacían para favorecer la creación de una clase media, en la cual los campesinos fueran dueños de la propiedad de la tierra, pero ocurrió, sin embargo, todo lo contrario, porque quienes se beneficiaron, quienes pudieron comprar aquellas tierras y propiedades, fueron los grandes propietarios terratenientes y la oligarquía burguesa, los grandes comerciantes y mercaderes, es decir, la plutocracia que imponía un mercado nacional, la uniformidad y el centralismo político con el apoyo del ejército y ciertos representantes de la propia jerarquía católica. Así fue, cómo nació el carlismo, como reacción a todos estos desmanes, desafueros e injusticias, frente a la usurpación liberal burguesa, es por ello que pervive el carlismo, pervivimos los carlistas, frente a los herederos de la usurpación liberal burguesa, frente a los neoliberales capitalistas, frente a su mercado único, homogeneo, absorvente y uniformizador.



Por ello, la respuesta carlista, hoy, sique estando canalizada contra las desamortizaciones o si se quiere decir, contra las privatizaciones y los negocios especulativos y lucrativos burgueses que habéis visto todos a la crisis que nos ha llevado, este es nuestro sentido socialista.



Seguimos estando por la defensa de los derechos públicos frente a los intereses privados de la minoría dominante capitalista y su actual monarquía neoliberal burguesa, que por cierto, no pretendemos heredar, y menos aun reclamar, pese a que se le prohibiera a la Familia Real Legítima la utilización de cualquiera de los títulos vinculados con la actual monarquía juancarlista, segun lo redactado por el Ministerio de Justicia español en un Real Decreto Nº 1368, publicado en el año 1987 en el que señala con precisión y con previsión:






"Ninguna otra persona que no pertenezca a la dinastía reinante podrá titularse Príncipe o Princesa de Asturias ni Infante de España, ni tampoco recibir los tratamientos y honores que corresponden a las dignidades precedentes"






Pero es que los títulos vinculados a nuestra Dinastía Legítima, no son los que de alguna manera usurpan los actuales y legales Borbones, porque no es Rey de España, sino Rey de las Españas, el título verdadero, legítimo e histórico correspondiente y perteneciente a la Dinastía Histórica que Jura los Fueros y se compromete con el Pueblo, con los pueblos y habitantes de las Españas a través del PACTO PUEBLO-DINASTÍA.



Nosotros los Carlistas proponemos una monarquía foral, socialista y democrática que sea garante de los derechos públicos, que sujete a los grandes de la pltocracia económica, a los grandes propietarios y oligarcas, a los grandes financieros y capitalistas, a todos aquellos que fomentan desafueros e injusticias, que los sujete en interés de todos, del bien público, de la rex-pública.



Como en el pasado: ¡Payeses, por nuestro derechos, rompamos los privilegios de la Unión de mercaderes y capitalistas, tal y como hizo Pedro IV el Ceremonioso diciendo: ¡Justo es que la sangre -el sacrificio- de un Rey borre la debilidad de otro!. Y Don Carlos Hugo de Borbón y su Familia es ese Rey frente a Juan Carlos y sus mercaderes privilegiados.



Así pues, la crisis capitalista: ¡Que la pague la plutocracia y no el pueblo trabajador!