miércoles, 6 de mayo de 2009

JUAN JOSÉ IBARRETXE SE NOS VA DE LA POLÍTICA

El empate técnico entre nacionalistas y no nacionalistas, que ha querido atribuir el ex-presidente de la república bananera de España, José María Aznar al pacto entre PP y PSOE en tiempos de Nicolás Redondo Terreros y Jaime Mayor Oreja, pero que no tiene nada que ver, debido a la moderación del tono en los mensajes y disertaciones desarrolladas desde aquel momento hasta ahora por el PSE, han movilizado al electorado a recelar del discurso separatista del PNV liderado por Ibarretxe.

El caso es que el PNV bajo la dirección de Juan José, asumió los postulados íntegros de EukalKartasuna, fagocitando practicamente toda esa formación política. Esos postulados han enarbolado el plan soberanista de Ibarretxe que durante la última campaña electoral procuró esconder y disimular así su puesta en escena de ser el único partido con vocación centrista y moderada frente al constitucionalismo centralista españolista y frente al mundo de ETA.
Así el PNV ha tenido siempre asegurada la victoria, año tras año, convocatoria tras convocatoria.



Me hace gracia las acusaciones que le imputan al PNV de clientelismo, ¿acaso los partidos constitucionalistas no tienen clientelismos? y es que a los partidos nacionalistas siempre se les acusa de lo mismo al ser territorialistas de ámbito local, ya los liberales acusaban de clientelistas a los carlistas.



Pero fijense ustedes que en España se tiende cada vez más al bipartidismo turnista decimonónico, pero esta vez las formas disimuladas son mucho más esquisitas. Durante el siglo XIX en España los partidos eran burgueses y censitarios, ahora son practicamente igual, después de ver arrumbadas las formaciones de la izquierda supuestamente defensoras de los intereses de obreros y campesinos. Del mismo modo ha pasado con las formaciones políticas nacionalistas al ser barridas de la escena política, que no significa que no exista en el fervor ideológico de la gente. El caso es que la España ficticia toma cuerpo frente a la España real, del mismo modo que en el siglo XIX en la época del turnismo entre el partido liberal conservador ( PP) y el partido liberal progresista (PSOE). ¿Qué falta? ¿quienes faltamos en el terreno de juego después de ver a los republicanos en Catalunya jugar al tripartito? Pues faltamos los Carlistas. ¿Y para qué?



Para dar una respuesta a la problemática centralismo-separatismo, pues muchos tenemos la convicción que las diecisiete autonomías actuales no son más que un disfraz bien llevado para tratar de engañar los sentimientos personalistas y territoriales de las diversas poblaciones de las Españas, al observar que es el Estado el que se desprende de "potestades", de "competencias" que va regalando o dando a cada autonomía segun los acuerdos periódicos a alcanzar. Y no es el Estado central de donde mana la autoridad legítima sino de los individuos asociados y constituidos en pueblos asetados en unos territorios históricos, y precisamente por ello esos individuos representados y asociados en sus colectivos, han tratado de ceder ciertas responsabilidades a un gobierno central históricamente representado y personalizado por la institución de la Corona Legitimista, a la que reconocían legitimidad de origen y ejercicio a través del PACTO Pueblo-Dinastía que el Rey, Señor o Príncipe, JURABA cumpliendo los Fueros de los diversos Reinos, Señoríos y Principados de las Españas.



Históricamente la voluntad innata de los pueblos de las Españas estaba reflejada en la querencia de pervivir aliados o confederados y para ello la institución monárquica fue un instrumento eficaz consolidador de la paz social entre los diversos territorios históricos.



Pero la Constitución de 1978 no representa ese pacto confederal de abajo a arriba como queremos los carlistas de los pueblos de las Españas con el gobierno central, es decir, con la Corona Legitimista, a través de ese PACTO HISTÓRICO del que hablaba, sino que es el Estado Español ocupado por la burguesía neoliberal el que se arroga la autoridad legítima, como fuente de la que mana cualquier principio de autoridad, cualquier acción y decisión, ya que no reconoce esa capacidad democrática en los pueblos de las Españas de forma eficaz y particular en cada una de las territorialidades particularistas autogestionarias, sino que entiende a priori que la legitimidad democrática la posee el Estado Español a través de la soberanía nacional abstracta, y que concentra ese poder el Parlamento de Madrid, del que emana todo.



Luego, evidentemente existen dos concepciones de España quieran o no quieran los centralistas, que por mucho que nos engañen con falsas autonomías, no podrán uniformizar y homogeneizar las Españas, aunque ya lo intentaron, como lo hicieron los Jacobinos durante la revolución francesa.






Pero no nos engañemos, de una cosa; el nacionalismo vasco intenta ser lo mismo que el nacionalismo español: absorvente centralista, burgués y constitucionalista. Parte de una supuesta tradición que dice defender para luego traicionarla. En el caso de la historia de España se ha visto la manipulación por parte de la derecha de los Reyes Católicos, de Carlos I y Felipe II, haciéndonos creer que eran reyes centralistas, que pretendían un absolutismo absorvente constitucionalista. Ya se vió lo que pasó con aquellos que no quisieron respetar las tradiciones de los pueblos, como el Portugués, el Catalán, o el Andaluz.






Si bien es cierto que la derecha política ha tratado de legitimar España antes del año 1812 y contradecirse a su vez con la aceptación unitaria, centralista y uniformista que imponía la Constitución de Cadiz, no es para nada menospreciable la actitud de los nacionalistas vascos e independentistas que por la misma vertiente de la utilización de la historia tratan de afirmar que el carlismo era una especie de pre-nacinalismo o pre-independentismo, y menos mal que existimos los carlistas para decirles como a los otros que también manipulan la historia que no.






Así que a Juan José Ibarretxe le digo también agur, adeu, adios,... en fin con todos los idiomas españoles de las Españas, para hacerle ver a él y al PNV que su propuesta separatista no era la mejor obción, a parte de una engañifa basada en una falacia pseudo-histórica, el Plan Ibarretxe pretendía un Estado Vasco independiente, separado del resto de las Españas, como si no fuesen los Señoríos Vascos tres Españas más.






El PNV pretendía el centralismo de la derecha españolista con capital en Pamplona, porque no admitía la vigencia histórica de cuatro constituciones forales para Euskalherria, ya que ellos querían adoptar una, homogenea y centralista. Pero los Carlistas estamos ahí para recordarles a los peneuvistas que Euskalherria tenía: para el Señorío de Vizcaya su propia Constitución Foral, para el Señorío de Guipuzcoa su propia Constitución Foral, para el Señorío de Alava su propia Constitución Foral, y para el Reino de Navarra su propia Constitución Foral. El País Vasco no puede basarse en una única constitución sino en tres atendiendo a la historia antigua del pueblo vasco, y en Navarra atendiendo a su Constitución Foral histórica propia. Pero el nacionalismo vasco no ve más que un idioma, un país, porque han copiado los mismos elementos que tienen los nacionalistas centralistas españoles para absorver, limitar y aniquilar.






No me convencen los argumentos nacionalistas aunque por otra parte debo admitir que la existencia de los mismos en las instituciones son voces discordantes que generan pluralidad de ideas muy necesarias para no caer en el absolutismo bipartidista plutocrático parlamentario existente en Madrid, ya que España no es una Gran Castilla como algunos querrían que fuese haciendo gala de aquello de "ancha es Castilla".






La salida de los nacionalistas y la aniquilación de la izquierda, pone en evidencia el absorvente modelo bipartidista turnista y esto no viene a ser para nada democrático, porque no es plural, sino tendente a monopolio o oligopolio político. Pero el PNV ya ha gobernado bastante, el País Vasco no es su patrimonio histórico personal que ni Reyes Legítimos se atrevieron a tanto. Falta pluralidad política a nivel de todo el Estado y a nivel Vasco, faltamos los carlistas para proponer nuestro modelo territorial de vertebración confederal de las Españas, basado esclusivamente en la historia de las Españas y no en tergiversaciones y falacias.