miércoles, 1 de abril de 2009

FINAL DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: 01/04/1939

Acta del final de la Guerra Civil, firmada por Franco: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. El Generalísimo Franco. Burgos, 1º Abril 1939


La llegada de la II República significaba en la mente colectiva de todos los españoles, el inicio de un periodo democrático de protección y respeto de las libertades públicas. Sin embargo a lo largo de los tres primeros años de vida del régimen republicano, en incluso desde su misma llegada el día 14 de abril de 1931 se va vislumbrando el sectarismo anticlerical de una minoría muy gritona y bien organizada. El sentimiento anticlerical lo heredarían los movimientos anarquistas, comunistas y socialistas de la derecha liberal burguesa, entre otras cosas, porque la propia jerarquía católica se había dedicado a apoyar a la oligarquía burguesa y plutocrática instalada en el poder a partir del año 1833, y cuando en los años de la II Republica tienen miedo de perder el poder, se apoyarán en la Jerarquía religiosa. Esa connivencia y buen entendimiento entre la jerarquía católica y los caciques locales era contemplada por gran parte del pueblo como traición contra los derechos del mismo.




Esta problemática nace a partir de la aceptación por parte de la jerarquía católica de mantener en la inmundicia y la indignidad a miles de jornaleros y braceros sin tierras. Las ideas comunistas y anarquistas arrasarían, precisamente porque el cristianismo católico y el mismo carlismo en parte, habían abandonado y dejado a su suerte a los herederos de la masa campesina que en el siglo XIX formaron parte del bando carlista en sus consecutivas contiendas contra el régimen liberal burgués constitucionalista. La Iglesia Católica se había vendido a la oligarquía financiera y capitalista a cambio del presupuesto liberal burgués del Clero. Esto significaba en parte, cierto chantaje permanente que la oligarquía mantenía frente a la Iglesia Católica, haciendo que esta defendiera los intereses lucrativos de la plutocracia en el poder, y olvidara definitivamente los derechos legítimos y esperanzas populares. Así las cosas empeoraron con la llegada de los efectos de la crsis de 1929 que afectó profundamente los años 30 en España. El sectarismo anticlerical de muchas fuerzas políticas de izquierda, fundamentadas en lo anterior, se convirtió en un eje fundamental de sus actuaciones contra la Iglesia Católica, por ejemplo contra los Jesuitas, obligandolos a disolverse; contribuyó al despertar de un sentimiento religioso de corte integrista. El radicalismo de una parte daba la razón al radicalismo de la otra parte y ambos se alimentaban políticamente de adeptos organizados en revolución y contrarrevolución. Los esfuerzos de uno y otro bando por aparecer homogeneos y uniformes en cuanto a su anticlericalismo ateo o en cuanto a su religiosidad integrista ponía de manifiesto su error al contemplar la existencia de cristianos en ambos bandos nacional y republicano.




El papel del Carlismo ante la llegada de la II Republica fue en parte exceptico, pero no deja de sorprender la carta manifiesto del Rey Don Jaime III de las Españas, saludando la llegada del régimen republicano, confiando en el buen desenvolvimiento de la buena voluntad y el buen hacer de todos los Españoles pidiendo sinceramente a todos los carlistas que apoyen a la República, ya que el pueblo en su mayoría se había decantado por desprenderse del caciquismo oligárquico burgués que lo tenía oprimido y esclavizado. Tristemente no se quiere conocer el buen papel inicial de los carlistas durante el periododo republicano y se estudia al carlismo y a la antigua Comunión Tradicionalista como una panda antidemocrática de inadaptados. Todo lo contrario; pues la colaboración de los carlistas en los proyectos estatutarios de Estella (1931) para el País Vasco-Navarro y Nuria (1932) para Catalunya, no dejaba de ser sorprendente incluso para una misma izquierda hoy tan sensibilizada con los particularismos locales, cuando lo que realmente continuaba estando de moda era la uniformización y homogeneidad lingüistica y territorial al estilo jacobino de la revolución francesa. Esto por ejemplo en la tal actual memoria historica del PSOE actual y el señor Rodriguez Zapatero no se cuenta ni se dice absolutamente nada. Por ejemplo del propio carlismo catalán surgirá Unió Democràtica de Catalunya, cuyo representante es hoy Josep Antoni Duran i Lleida. El Carlismo apostaba por integrarse en la via democrática junto con otras fuerzas políticas que también, al igual que ellos habían estado marginados durante toda la dictadura de Primo de Rivera acabada en 1930. Una dictadura que por cierto unicamente toleró al sindicato UGT del PSOE, mientras que a los Carlistas y Anarquistas pisoteó, pero de esto tampoco se dice nada, se ve que no interesa. Continuemos!. La izquierda anticlerical hizo todo lo posible, en primer lugar, en poner encima de la mesa que el principal problema era la religión que había que aniquilar y aplastar junto a los valores cristianos sociales de la memoria colectiva. Esa persecución contra el sentimiento religioso de la sociedad será un error determinante que no va a solucionar los verdaderos problemas políticos y económicos del país. Los propios carlistas, el carlismo venía apostando por la articulación del desarrollo de Sociedades Cooperativas Agrícolas y por la puesta en marcha de la recuperación del Comunal de los Municipios y en definitiva la agrupación de la sociedad campesina al estilo incluso si se quiere decir socialista agrario y comunitario, pero de esto el sectarismo anticlerical de las huestes ateas tampoco quisieron darse cuenta, porque lo que estaba encima de la mesa no era el buen desenvolvimiento de la buena voluntad de los españoles, sino el boicot perpetuo y permanente contra los proyectos estatutarios inspirados por los Carlistas y contra los objetivos políticos y económicos del carlismo. Porque quizás: ¡esos clericales no pueden quitarnos el protagonismo a la izquierda política!. El caso es que la cosa empeoró, y de ella se aprovecharon los elementos extremos que luchaban por una guerra abierta, y propiciaban conspiraciones innumerables. La primera por cierto se había dado por Fermin Galan y García Hernandez, dos capitanes republicanos que se levantarían contra la monarquía de Alfonso "XIII" en la que gobernaba el dictador Miguel Primo de Rivera y su Partido Único: Unión Patriótica apoyado por la propia UGT del PSOE, caso curioso, una dictadura apoyada por un sindicato socialista contra toda la oposición. Sin embargo los golpistas Fermin Galan y Garcia Hernandez , al mismo estilo que Miguel Primo de Rivera, intentarían golpear a la monarquía fascista de unión patriótica. Fracasado el golpe, el devenir político dio e triunfo el 14 de abril de 1931 a la II República. La primera conspiración contra la republica la perpetuaron los militares en el año 1932 con Sanjurjo, general monárquico alfonsino, que no carlista, ojo!. Pero los militares no tenían pueblo que le apoyaran y la sanjurjada contra la republica fracasó. Pero la izquierda política radical anticlerical quiso ver en esta acción también a los carlistas y comenzó una serie de expropiaciones, robos y cierres de Circulos Tradicionalistas Carlistas, incautación de artículos de prensa, en fin toda una artimaña para anular políticamente a un carlismo que había hecho considerables esfuerzos de una democratización e inserción dentro del sistema republicano, pues por aquel etonces pesaban más las decisiones de los antiguos Jaimistas, mucho más democráticos y razonables que los integristas propensos a la guerra contra el ateismo militante. El boicot de las huestes anticlericales contra el Estatuto de Estella de 1931 fue el comienzo del sentir de un carlismo fracasado venido a menos por la vía democrática. El juego sucio y las trampas atribuibles y atribuidas a quienes boicoteaban el proyecto que había entre manos entre las gentes de la Comunión Nacionalista Vasca o Partido Nacionalista Vasco y las gentes de la Comunión Tradicionalista o Partido Carlista fracasaron estrepitosamente porque la izquierda afanosamente anticlerical lo consideraba ultramontano, cosa ridícula, pero en fin. Los republicanos socialistas se trabajaron a los Nacionalistas Vascos de Jose Antonio Aguirre para que zanjaran sus proyectos con los Carlistas, y al mismo tiempo la derecha liberal burguesa de la oligarquía que había venido gobernando España desde 1833 empezaría a trabajarse a los Carlistas. Los partidos como Renovación Española o Bloque Nacional eran elementos de la derecha Católica que si bien habían sido proclives al liberalismo económico capitalista en el pasado decimonónico, ahora defenderían el proteccionismo a ultranza en favor de la oligarquía que historicamente había combatido al carlismo. Sobre la mesa de negociaciones, quedaba bien patente la defensa del Tesoro de la Fe, y el partido Carlista o por aquel entonces Comunión Tradicionalista quedaba "Angelizado" en ser la "Guardia Civil de la Iglesia" en lugar de representar los derechos del pueblo en los temas concernientes a la defensa del Comunal de los Municipios y la vertebración Confederal de las Españas con la itroducción estatutaria. Así la introducción de los elementos integristas en las filas del Carlismo tuvo que ver con el consecuente olvido de la defensa de los Fueros e incluso del mismo Rey Legítimo para hacer hincapié en la defensa a ultranza de la Unidad de la Patria Española que estaba siendo puesta en duda por los elementos separatistas. Los postulados cooperativistas comunales y comunitarios carlistas serían olvidados y sacrificados en favor de los intereses capitalistas de los grandes propietarios y la oligarquía burguesa y terrateniente, pues el capitalismo ante el imparable avance de las fuerzas socialistas estaba en peligro. Una pena para el carlismo, tener que sacrificar tantas cosas para no defender nada propio, ni siquiera la bandera de la Cruz de Borgoña, finalmente apartada en favor de la roja y gualda símbolo de las luchas fraticidas durante las guerras carlistas, ante la propuesta del general Mola de llevar la bandera republicana tricolor para que todos creyeran que no se trataba de un alzamiento militar sino del restablecimiento de las libertades. Así fue como el carlismo y los carlistas fueron siendo marginados y boicoteados por los elementos anticlericales cada vez más crecientes y preponderantes quienes no consentían que los carlistas liderasen nada en la recien estrenada legalidad republicana, y para colmo, estos anticlericales se asegurarían de poner el dedo en la llaga para acentuar la posición de los carlistas y llevarlos a la inactividad democrática, al perseguirlos cerrando los propios circulos tradicionalistas en lugar de castigar a los golpistas del año 1932. La Sanjurjada del 32 le salió cara a todos aquellos que nada habían tenido que ver, pero que eran considerados sospechosos colaboracionistas del golpe, y la legalidad republicana con sus representantes políticos, imputaban a todo el carlismo colaboraciuonismo con dichos golpistas. La inexperiencia gubernamental de la izquierda anticlerical y la poca sensibilidad de muchos republicanos al cerrar circulos carlistas y perseguir ideas políticas, puso de manifiesto en muchas de las conclusiones a las que llegaban los carlistas, que una vez marginados y boicoteados de los proyectos estatutarios, acorraladas sus ideas, puesta en duda su Fe religiosa, parecía volverse abrir las puertas de la posibilidad insurreccional, de la que la minoría integrista ya hablaba. El sectarismo anticlerical y su boicot continuo, perpetuo y constante regaló la via insurreccional a los carlistas y a todos aquellos que no pensaban como decían los elementos de la izquierda republicana y socialista. Sobre todo estos últimos del PSOE, que iban a dar lecciones de democracia a todos, cuando habían ayudado a formar la dictadura de Miguel Primo de Rivera.




La II República nació de forma efimera porque no supo hacer amigos, se hizo enemigos por todas partes. Sus dirigentes, aquellos que fueron despertando la animadversión contra la religiosaidad social y popular, para empezar decidieron pegarle el palo a la Iglesia Católica, concretamente persiguiendo y clausurando la Orden de los Jesuitas, ¡¿Esto es verdaderamente democrático, señores?!. Seguimos, la imposición de la Escuela Laica tocó las narices a los curas y a toda la jerarquía católica. Tristemente, en lugar de invitarse a colaborar juntos, se miraban de reojo y con recelo. El cura diría: ¿que vas a explicar tu, sin nombrar a Dios? y el profesor civil diría: ¡Con la Iglesia hemos topado!. Pero la II Republica y sus dirigentes no supieron o no quisieron programar las necesidades más importantes y organizarlas de alguna manera, porque se embarcaron en varias empresas al mismo tiempo cuando no había suficiente dinero para llevarlas a cabo.




El ejército gubernamental era claramente proclive al monarquismo, pero una república que lo respetara hubiera sido suficiente para no tenerlos como enemigos. Los cierres de dos o tres academias militares y las restricciones en las condecoraciones que no fueran por méritos de guerra, asi como una renovación y "prejubilación" de ciertos cargos y el "destierro" de ciertos otros, tornó al ejército español partidario de una sublevación contra la República a la que miraba con muy malos ojos después de ver que se ponía en duda su unidad de la Patria, pues no les gustaba nada los proyectos estatutarios que planteban los carlistas en Euzcadi y Catalunya.




Por último el verdadero problemón que tenían que haber solucionado desde el principio sabiendo como estaba afectando la crisis de 1929 en España: La Reforma Agraria. La II Republica se había enemistado desde el principio con los señoritos oligarcas dueños de las tierras, y pretendía un reparto justo y equitativo de la tierra para quienes la trabajaban. Había fuertes diferencias, ya que el campesinado carlista eran pequeños propietarios agrícolas y campesinos que todavía disfrutaban de los beneficios del régimen comunal, pero no todos los campesinos tenían las mismas ventajas. Los jornaleros y braceros del sur no eran carlistas sino anarquistas y comunistas. Quienes eran carlistas y derechistas eran los grandes propietarios agricolas que estaban imbuidos de integrismo católico. Procedentes del partido Integrista y Tradicionalista, habían vuelto de nuevo al Carlismo por las ofensas de la república contra la Fe Católica, quisieron hacer del carlismo un partido "angelizado", un partido caciquil, dirigido por la oligarquía y elementos de la derecha parapetados en la defensa de la Fe, siempre, y lo hemos visto, y la historia actual nos lo ha terminado demostrando, utilizaban la Fe como escusa, cuando realmente defendían los dineros de sus bolsillos, los intereses lucrativos y financieros, en definitiva: el capitalismo. Ante la oganización de los elementos comunistas, socialistas y anarquistas, el capitalismo a esta oligarquía burguesa se le iba de las manos, y por ellos se construyó un verdadero bloque que utilizaba la defensa de la Fe católica como elemento contrarrevolucionario para en realidad preservar sus intereses económicos oligarquico-burgueses-financieros y capitalistas. Eran los conservadores, los herederos de quienes habían hecho la reforma agraria liberal burguesa y habían puesto los bienes del pueblo y de la Iglesia Católica en manos de la burguesía capitalista y mercantil bajo el proyecto desamortizador de vender las tierras y bienes al mejor postor. Eran los conservadores, que en el siglo XIX eran acusados por los carlistas como panda de ladrones, porque conservaban en sus manos los bienes robados a la Iglesia Católica y al pueblo campesino sus tierras comunales. Resulta curioso porque los herederos de estos piratas conservadores, de estos ladrones, serían quienes se sublevarían contra la II República junto a los Carlistas. ¿Y que les unía? ¡Unicamente el Tesoro de la Fe!. Tristemente así fue como el carlismo apostó por su brazo armado, no era la única fuerza política que lo hacía. recordemos las milicias paramilitares de Esquerra Republicana de Catalunya, porque parece ser que tdo el mundo se acuerda de los Requetés, como si unicamente hubieramos sido los carlistas los unicos organizados de forma paramilitar, cuando la realidad sea dicha, todo el mundo, desgraciadamente estaba organizado de manera, si se quiere decir, fascista. Ante un encuadramiento uniforme, homogeneo ante los respectivos lideres de los partidos políticos. La influencia fascista europea se dejaba sentir también en España. Se pasaba de las palabras al recurso de la violencia de las pistolas. Era una locura por la que las dos Españas iban a enfrentarse.




Si se hubieran llevado a cabo primeramente y como unica empresa política-económica el reparto equitativo de la tierra a los campesinos, braceros y jornaleros, muy posiblemente se habría acabado con la violencia política anarquista. A nadie interesó, pues no se hizo. El gobierno y su legalidad republicana quiso comenzar un proyecto de expropiaciones a cambio de compensaciones económicas a la minoría terrateniente, cuando lo que tenían que haber hecho desde el principio era sacrificar a esta minoría terrateniente en favor de todos y arrebatarles lo que ellos y sus padreshabían usurpado anteriormente a la Iglesia Católica y al propio pueblo campesino. Se hubiera zanjado así el malestar social, y la violencia anarquista. Hubiera sido un buen comienzo, una buena empresa para tratar de crear una clase media y mejorar las condiciones de vida de la mayor parte de la población española que era campesina y jornalera.




Una vez mejorados los niveles de vida de la población, entonces llevar a cabo otras medidas político- económicas, mientras no. Así se hubiera solucionado el malestar en el campo. Y en las ciudades habría dado crédito a los proyectos de la izquierda socialista y comunista en cuanto a la organización de cooperativas de forma socialista y autogestionaria, haciendo hincapié en que los dueños de las empresas y fábricas fueran los obreros y trabajadores en lugar de los empresarios quienes las cerraban, debido a la crisis, generando despido y malestar social, debido al incremento del paro y los altos niveles de inflación. Pero esto no lo tuvieron en cuenta, porque se enrolaron en el debate anticlerical, señalando de mala forma a los católicos. Las tímidas medidas republicanas llevaron en 1934 a la revolución de Asturias, un intento favorable a un golpe de estado por parte de la izquierda socialista y radical contra la República, pues sus gobernantes de centro-izquierda habían desistido en defender, como digo, aquello que hubiera tenido que ver con lo realmente prioritario: acabar con el hambre, y por tanto llevar a cabo la repartición de tierras a los campesinos. La derecha burguesa y la oligarquía terrateniente no quería ni oir hablar de ello, pues defendían a los grandes propietarios, a los señoritos a quienes encima, el gobierno republicano compensaba por expropiarles las tierras, para entregarlas al campesinado que se moría de hambre. Estos oligarcas, junto al ejército protagonizaron con la ayuda de Falange y el Carlismo el golpe de estado del 18 de Julio de 1936. Cada grupo dentro de los golpistas tenían sus propios intereses y los Carlistas habían claudicado en muchas de sus preferencias, salvo en la defensa de la Fe, la restauración dinástica legitimista, y la puesta en marcha de un gobierno democrático, que en principio sería de concentración nacional, para devolver a los ciudadanos sus legitimas libertades, consideradas secuestradas por la republica que devenía en comunismo ateo. Pero el golpe no salió como quisieron los militares, quienes cada vez descubrían que los carlistas les hacían sombra, y quienes querían utilizar al pueblo carlista para alcanzar el poder político y entregarlo finalmente a los militares, cosa que el carlismo se negaba obviamente. De hecho había dirigentes carlistas como Don Tomas Caylà Grau que eran contrarios al golpe contra la República junto al ejército, considerado por los carlistas como enemigo secular de las libertades tradicionales defendidas históricamente por los Carlistas. Pero claro!, los militares necesitaban pueblo, tenían que dar aire popular a la sublevación y la encontraron en las masas carlistas.

Franco emergió como el lider indiscutible del alzamiento debido a las diversas y siniestras desapariciones de los conspiradores contra la Republica. Franco no tardó en darse cuenta que era necesaria incluso la eliminación física de aquellos, que dentro de su "mismo bando", pudieran hacerle sombra. No dudó en desterrar a Don Javier de Borbón Parma, Príncipe Regente heredero del Carlismo, y futuro representante de la Dinastía Carlista a la muerte de Don Alfonso Carlos I, Legítimo Rey de las Españas, quien había estado de acuerdo y firmado la sublevación de las masas carlistas contra la república. Sin embargo como digo frente a la oposición militar de Franco y sus partidarios, Don Javier de Borbón decidió crear una escuela de oficiales carlistas, cosa que le valió su primera expulsión de España. Al Jefe delegado de la Comunión Tradicionalista Don Manuel Fal Conde también se le comunicó que se exiliara, de manera que el Carlismo a la muerte de Don Alfonso Carlos I, quedó bien descabezado y sus masas fueron la vanguardia masacrada de varios de los Tercios de Requetés de los ejércitos nacionales. Los Requetés son pueblo carlista, convertidos en soldados cruzados en pié de guerra. Y se consideraban así mismos soldados en defensa de la religión cristiana católica y la verdadera Fe, quienes luchaban por Dios, por la Patria, y por el Rey. Franco no tardaría en descabezar a la Falange y liberarse de Jose Antonio Primo de Rivera, efectivamente, lo condenaría a muerte en manos republicanas al no pretender considerar intercambiarlo por otros prisioneros. La suerte de Don Javier de Borbón Parma fue parecida posteriormente, cuando desde su residencia en Francia, colaboró con comunistas y anarquistas miembros de la resistencia francesa contra los Nazis, y fue detenido, comunicándoselo Hitler a Franco, diciendo que tenían prisionero al prestigioso líder carlista Don Javier de Borbón Parma, con la intención de entregarlo a las autoridades dictatoriales españolas. La respuesta de Franco fue la siguiente: "¡No conozco a este hombre!". Franco condenaba a muerte a Don Javier de Borbón Parma, pues al no reclamarlo, y al negarse a reconocerlo como Jefe de los Requetés, las autoridades Nazis de Hitler lo metieron en el campo de concentración de Dachau. Finalmente salvaría su vida gracias a otros compañeros presidiarios no carlistas, de izquierdas además.

Este inciso es importante porque con ello trato de justificar que los carlistas no hubieran participado en la contienda civil si no se hubieran sentido dañados en en la Fe, que era uno de los pilares fundamentales.

La ideología y pensamiento carlista no es una ideología de guerra, ni quiere imposibilitar al resto de fuerzas políticas ideológicas a su legítima representación. Sin embargo ciertos presupuestos ideológicos autoritarios, basados en sesgos estraidos de la interpretación de la Tradición, llevaron al bando nacional a comportarse de forma criminal contra el ya vencido bando republicano a partir del 01/04/1939. Un castigo que resultó ser 40 años de dictadura franquista, manipulación histórica de la memoria colectiva de todos los españoles, secuestrada por aquella panda de militarotes dirigidos finalmente por el tio Kiko, tapón, regordete, vocecilla de acomplejado, y criminal dictador. Se rio de los carlistas y nos lo demostraría en el atentado de Begoña contra los Carlistas. La falange dominaba el régimen y los carlistas estaban considerados fuera de juego, sin embargo protestaban por lo que consideraban y era la dictadura reción impuesta de un nuevo Oliver Cromwell. Ese dictador, el tio Kiko o Franco, y quienes le acompañaban jamás esperarían el resultado de la reacción carlista frente a la utilización a la que se les había sometido desde la órbita militar. El resultado fue lo que hoy conocemos como Partido Carlista. Las gentes del pueblo carlista asumimos nuestro pasado como memoria colectiva compartida con el resto de españoles, y por lo menos por mi parte, ello nos debe servir para no cometer jamás una lucha fraticida por ninguna idea. ¡No mancharemos nuestras manos de sangre en nombre de nuestras ideas!, demasiadas barbaridades y brutalidades en nombre de muchas ideas, se han cometido ya, y esto lo ha sufrido la población civil y sobre todo los niños, tanto que se acuerdan de ellos, algunos, cuando quieren, pero los niños de los rojos, ¿acaso no valen nada?. Los responsables de la guerra civil no son solo, y unicamente los miembros y representantes del llamado bando nacional, sino también del republicano, quienes muchos de ellos tensionaron las cuerdas para que se produjeran golpes de estado que consiguiesen los mismos fines dictatoriales pero a la inversa. Podríamos hacer historia ficción pero los hechos estan ahí. Los Carlistas reconocemos nuestras responsabilidades, pedimos perdón al mismo tiempo que lo piden los representantes del bando contrario y nos comprometeremos en conservar la memoria histórica global, de todos, no solo los de una parte, pero también señalar quienes se aprovecharon de aquella lucha fraticida, y he de decir que la oligarquía burguesa y capitalista, fue muy inteligente porque siempre detentó el poder y utilizó a todos las gentes idealistas y con buenas intenciones para imponer finalmente el pragmatismo neocapitalista burgués de la plutocracia. Defender las libertades no es defender un sistema injusto capitalista. El Carlismo salió mal parado, estuvo en el bando de los vencedores, ganaría la guerra, y en parte se desquitaría de las tres grandes derrotas sufridas durant las guerras carlistas del siglo XIX, sin embargo perdería la paz. El Carlismo fue vencido en el bando vencedor, utilizado como partido angelizado, fue y sigue siendo incomprendido por todos. Su idealismo legitimista puede que sea un sueño, una utopia que ahora pasa por el socialismo autogestionario y la restauración de las legitimas libertades tradicionales y forales. La existencia de este blog intenta dar testimonio vivo y joven del carlismo y tratar así de alejarlo de quienes se sirvieron de él: la derecha burguesa conservadora y liberal. Hoy el Carlismo sigue vivo, e intenta superar lo que fue la guerra civil española, para bien de todos los españoles.

Finalmente considerando a mucha gente del bando republicano, sus legitimas reclamaciones, sus muertos, en definitiva sus gentes, quienes no han sido reconocidas por la dictadura franquista, exigen de una memoria histórica, pero una memoria que tampoco puede olvidar a las víctimas del bando nacional, curas, monjas, pueblo en general también.

Franco no merece estar enterrado en el Valle de los Caídos. Franco no cayó, no murió luchando, él, no fue un idealista, ni carlista, ni republicano. Franco fue un complice para la reinstauración de la plutocracia burguesa y su monarquía neoliberal. Puede que el dictador Oliverio Cromwell este todavía representado en su estatua de bronce, aun hoy, frente al Parlamento, sin embargo al llegar la restauración inglesa después de la guerra civil, y la dictadura puritana de Oliver Cromwell; Carlos II Estuardo, Rey de Inglaterra no tuvo ningún complejo con desenterrar al dictador, de donde estaba, coger sus restos y repartirlos por las cuatro puntos cardinales a lo largo de todas las Islas Británicas. Un gran gesto que le honra, a ese Rey inglés. Aquellos que persiguen la restitución de las estatuas franquistas en sus antiguos lugares públicos, deberían conformarse con ello, pues al dictador Cromwell lo desenterraron los ingleses, porque mandó asesinar a muchos realistas ingleses, incluido el propio rey Carlos I. Quizá los restos del tio kiko merecieran el mismo fin, aunque supondría reavivar viejos odios.