martes, 25 de marzo de 2008

LA CONFEDERACIÓN ES NUESTRA MONARQUÍA











Artículo de Tomás Caylà Grau, Jefe del Carlismo Catalán, reivindicando la Nacionalidad de Catalunya en 1930.








Catalanismo, la única solución


"El Estado español atraviesa un agudo período crítico. El alma de las diferentes nacionalidades que forman el Estado español se alza fuerte y valiente y exige de los poderes centrales el reconocimiento de sus personalidades.
Es vanguardia de este resurgimiento la que ha sido más oprimida y la que ha estado durante más tiempo y de una manera especial durante el período dictatorial el blanco de las iras de los gobiernos centralistas, Catalunya.
La cuestión catalana, y la de las demás nacionalidades, ha de ser afrontada y solucionada si el gobierno actual y los venideros quieren paz y tranquilidad.
Acabar de una vez con esta "parodia" que se llama "unidad española" e ir hacia una confederación en la que las diferentes nacionalidades puedan entrar libremente y por vía de pacto, es lo único que puede traer la pacificación de los espíritus.
Ha sido pretensión tonta y absurda de un centralismo caído y desacreditado, pretender unificar por la fuerza y en un solo cuerpo partes heterogéneas y diferentes entre sí, como son los pueblos que forman España.
Pero ahora el problema ha de solucionarse y esta solución la ha cegado, sin duda, la mala política del Directorio y todavía más los peores procedimientos empleados para ahogar esta cuestión.
Después de dos siglos de esclavitud, el alma del pueblo catalán reclama su libertad.
Catalunya quiere gobernarse con Cortes propias y conocedoras de sus problemas y de sus necesidades, quiere hablar su lengua, regirse con su Derecho y voltear a todos los vientos la bandera de las cuatro barras.
Toda solución que no sea esta, será motivo de discordia y malestar para el Estado español."
(traducido del original en catalán)
Fuente: Revista "Joventut", de Valls (Tarragona), el 12 de abril de 1930.

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Mucha gente en España, entre ellos independentistas, nacionalistas, e incluso tradicionalistas no estan dispuestos a representar, defender, ni aceptar el significado real de la Tradición. Y cuando Tomás Caylà nos dice:


Acabar de una vez con esta "parodia" que se llama "unidad española" e ir a una confederación en la que las diferentes nacionalidades puedan entrar libremente y por vía de pacto, es lo único que puede traer la pacificación de los espíritus...

No significa acabar con España, con las Españas, sino con el Estado español, al ver en este, un ente homogenizador y centralista que trata de imponer criterios uniformizadores desde Madrid, perjudicando con ello la personalidad catalana y a las restantes personalidades de los diversos pueblos de España.

España tradicionalmente ha venido representando la Unidad en la Variedad, mediante la forma de una monarquía tradicional que era la Confederación misma. Tomás Caylà Grau reclama por tanto el PACTO FORAL entre todas y cada una de las distintas nacionalidades historicas ibéricas y los diversos pueblos de España, CON la institución MONÁRQUICA CARLISTA. Claramente se desprende de su mensaje: "... ir a una confederación en la que las diferentes nacionalidades puedan entrar libremente y por vía de pacto", el hecho y defensa de la restauración de instituciones que defiendan, promueban y encarnen la Confederación de las Nacionalidades Históricas Hispánicas, como la Monarquía Carlista, superestructura política subsidiaria vinculada al apoyo popular mediante procedimiento electoral, que determine mediante PACTO con los distintos pueblos de España, su efectiva existencia y sirva de contrapesación interistitucional, como una institución más de los reinos hispánicos.
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Desde el carlismo, vinculando las palabras de Tomás Caylà Grau, se reclama una solución democrática para la problemática plurinacional del Estado español, sustituyendo un marco político basado en la concesión de “autonomías” desde “arriba” por Madrid por un nuevo marco de relaciones políticas construido y pactado desde “abajo” entre todos los Pueblos y Nacionalidades, alcanzando la autodeterminación de los pueblos de España, para la construcción autogestionaria de la Confederación de las Nacionalidades Históricas Hispánicas, encarnada en la monarquía carlista, no para la independencia, ni el secesionismo, sino para la libre asociación de los pueblos de España y la construcción desde abajo de ESPAÑA, por vía de PACTO FORAL, para lo cual la monarquía carlista representa legítimamente la institución confederal que los pueblos de España necesitan para proceder finalmente a la vertebración CONFEDERAL, descentralizadora y heterogeneizadora que significa la misma monarquía, que representa la unidad en la variedad, es decir que representa a ESPAÑA.

Hi ha una cançó política reivindicativa que canten els maulets:


No volem ser una regió d´Espanya


No volem ser un país ocupat.


Volem volem volem


volem l´independència


Volem volem volem Païssos Catalans.


Es tracta d´una cançó que les joventuts independentistes i nacionalistes canten d´una manera erronia, puix l´implicació de Païssos Catalans és abolir l´entitat política i territorial pròpia del Principat de Catalunya i la de la resta d´entitats polítiques territorials que signifiquen regne de València, regne de Mallorca, reino de Aragón, perquè es preten des d´aquesta entitat (Païssos Catalans) imposar la capitalitat centralista a Barcelona, quan es tracta unicament de la capital del Principat de Catalunya, no de la resta de Regnes, Senyorius i Principats que formen Espanya. Des del Carlisme reescribirem la cançó , mantenint la seua melodia d´aquesta manera:


No volem ser provincia castellana


No volem ser un país ocupat.


Volem, volem, volem, volem el Principat.


Volem, volem, volem


els Furs Catalans. O Volem la llibertat.


Altra cançó es:
Mare hi ha guerra carlina,
Al nord de l´Espanya.
Mare hi ha guerra carlina,
Al nord de l ´Espanya.
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Es una rebelió, criden insurrecció.
Es una rebelió, criden insurrecció.

Matiners i trabucaires, canten viscas al Rei.
Catalans sublevats, canten viscas al Rei.

Es una rebelió, diuen insurrecció
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Restauració, restauració,
Del rey legitim, del Rei legitim.
Restauració, restauració,
Del rei legitim, i nostres Furs.

miércoles, 19 de marzo de 2008

JERARQUÍA ECLESIÁSTICA Y NEGOCIOS CAPITALISTAS




Personalemente me fastidia tener que soportar las denuncias de la prensa ante la realidad que la Jerarquía católica española se dedique a negociar con dinero de los fieles en empresas especulativas donde el negocio financiero bursátil en el que el interés fluctúa de forma aleatoria atendiendo a la incertidumbre es finalmente el responsable de la pérdida pecuniaria destinada por los fieles para razón social. Tristemente nos encontramos en otro tipo de fines, fines de tipo lucrativo en el cual se da la existencia de lo que siempre criticó la Iglesia Católica: el tipo de interés de usura.



La Jerarquía Católica representada por la Conferencia Episcopal dice asumir el riesgo de las inversiones especulativas donde el negocio bursátil fluctúa libremente, porque es una forma rápida de acrecentar el capital originario invertido, tratándose de buenas expectativas de crecimiento bursátil sujeto a la libre fluctuación.



Los Carlistas como Cristianos Católicos, debemos denunciar este hecho y no dejarnos manejar tan a la ligera por aquellos que dicen representarnos en la FE Católica, pues sus acciones resultan insultantes, impúdicas e impías, pues jugar con dinero de los Fieles Católicos destinado a la Iglesia Católica por razón social, posteriormente utilizado en el juego de la Bolsa Capitalista es reirse de la misma FE que dicen representar, reirse de los fieles. Si Cristo resucitara, a latigazos se emplearía con los nuevos burladores y mercaderes del Templo, enterrando a todos los Capitalistas y usureros, y a aquellos que negocian con dinero entregado a la Iglesia Católica para otros fines.



Como fue el caso de GESCARTERA, se han dado recientemente otros en los cuales la Iglesia Católica y en concreto la Jerarquía Católica han tenido que dar explicaciones. Si bien puede entenderse la falta de recursos que tiene la Iglesia Católica a pesar de las rentas obtenidas de manos de los gobiernos plutocráticos y neoliberales, que la tienen de rodillas frente a la plutocracia desde el siglo XIX, la Iglesia Católica tiene voluntad para llegar a la verdadera autofinanciación legítima que no pasará jamás por el sucio juego de la especulación lucrativa capitalista con dinero de los fieles católicos, porque esto sería un ultraje al permitir y dar cobertura desde la FE Cristiana a los usureros, a la plutocracia, a la clase dominante que impuso finalmente su globalización neoliberal globalizante. La Jerarquía Eclesiástica debe de ser fiel a los principios, y fue principio la condena al capitalismo y a su liberalismo hoy conocido como neoliberalismo, y al interés de usura y por tanto, no es legítimo que la Iglesia Católica juegue con dinero de los fieles católicos en bolsa sujeta a la incertidumbre plutocrática y que la asocia a los gobiernos del tanto por cien que son los peores.



La Iglesia Católica debe dar ejemplo desde la Jerarquía Católica Española de estar al lado de los que sufren, no al lado de los que oprimen, no al lado del Capitalismo y su sistema Neoliberal, no al lado de los que se juegan los dineros destinados a la Iglesia Católica para obtener mayores rendimientos financieros porque existan posibilidades de crecientes expectativas, eso reduciría en la Iglesia Católica, a quienes lo hacen a simples burgueses, capitalistas, usureros, esto desde que la Iglesia Católica perdió su sustento en base a las tierras que tenía y que fueron desamortizadas por los gobiernos liberales conservadores y progresistas, que finalmente aceptaron pagar unas rentas para el sustento de una Iglesia y Jerarquía Católica que se encontrarían de rodillas al servicio de la patronal, eso lo único que favorece es el descrédito de la Iglesia Católica y su Jerarquía. Piénsenlo bien monseñores, piénsen si lo que realmente quieren es estar del lado de los que sufren o hacerles el juego a los que oprimen, a los que tienen, a la plutocracia capitalista y usurera, a los hipócritas que finalmente son quienes os dominan y os desacreditan. Tómenselo como una dura crítica desde mi modesta posición carlista. Además el hecho de ser coherentes con lo que se defiende da credito legítimo y moral en la gente, y el pueblo, los fieles en general sabrán premiarlo apoyando a su Iglesia Católica frente a los poderosos.

lunes, 17 de marzo de 2008

NOU D´OCTUBRE: EL DIA DEL NOSTRE REGNE DE VALÈNCIA

Jaume I el Conqueridor
Celebrem amb alegria la commemoració de la reconquesta del Regne de València per part de Jaume I el Conqueridor, un rei que va nàixer a Montpellier i que parlava Català i que va portar població aragonesa i catalana per repoblar lo Regne de València, otorgant-li FURS i CORTS pròpies per el territori que avui coneixem per la falsa denominació de Comunitat Valenciana. L´existència (la configuració) de lo Regne de València es va deure a la confirmació de l´existència de Furs i Corts pròpies, sense la seua existència (promulgació) lo Regne es veuria reduït a una simple provincia castellana com va ocòrrer des de l´any 1707, per la pérdua dels Furs i Corts pròpies.
Molts dels valencias creuen falsament que la llengua valenciana és una llengua completament diferenciada del Català, es neguen a reconèixer que el Català va ésser la llengua mare del Valencià. Neguen el treball dels filòlegs i dels erudits versats en la qüestió. Afirmen que la llengua valenciana existia molt abans de l´arribada dels repobladors aragonesos y catalans, fet que no és cert, perquè la minoria mozàrab habia assimilat els dialectes àrabs, dialectes que no tenen res a veure amb el valencià.

La llengua que portava Jaume I el Conqueridor era la llengua catalana. Els repobladors que portava amb ell eren Catalans i Aragonesos ,sent la majoritaria idiomatica presencial la del català. En el moment d´atorgar FURS i CORTS pròpies, va dotar al Regne de València amb una personalitat política pròpia i diferent de la resta dels territoris que formaven part de la Corona d´Aragó : es a dir, que lo Regne de València es va convertir en un territori amb personalitat política própia, diferent del Principat de Catalunya que tenia altres FURS i CORTS diferents, de la mateixa manera que el Regne d´Aragó tenia les seues pròpies CORTS i els seus FURS o el Regne de Mallorca tenia les seues pròpies CORTS i els seus FURS . Aixó significa que l´unitat de la Corona d´Aragó estava fonamentada (tenia els seus fonaments) en una Confederació basada en l´unitat personal monarquica, puix el Príncep de Catalunya era al mateix temps Rei de València, Rei d´Aragó i de Mallorca.Un monarca cristià i catòlic, influenciat pel procés de reconquesta.La llengua que els repobladors cristians parlaven era Català i algunes zones Castellà per la repoblació aragonesa. La llengua per els repobladors aragonesos va ser el castellà, de la mateixa manera que la llengua dels repobladors catalans va ser el Català.La llengua dels repobladors catalans assentats ja en territori i delimitació del Regne de València era i és la llengua catalana que va evolucionar d´una manera particular en el Regne de València, però aixó no significa que es tracte d´una llengua diferent del Català, tot al contrari, el fet que existisca una imposició política de dretes que adverteix que son diferents per (amb l´objectiu de) lluitar políticament contra Esquerra Republicana de Catalunya i Carod Rovira.Aquest partit polític té la raó al afirmar que la llengua parlada al territori valencià i al territori català i mallorquí és la mateixa llengua , es tracta de la mateixa llengua repetisc, però no es tracta de la mateixa entitat política que ells tracten d´inventar , impossant la capitalitat a Barcelona.

He de recordar-los als maulets que cadascun dels territoris histórics que van formar la Corona d´Aragó tenien la seua pròpia capital i que lo Regne de València encara que la llengua i l´idioma que es parla és Català, té la seua pròpia capital que és València i la seua pròpia història comarcal , no provincial, que es tracta d´una entitat territorial i política pròpia perquè els seus habitants tenen el dret legítim de reclamar FURS i CORTS pròpies, els quals són dos pilars fonamentals per a la consecució , constitució i construcció del Regne de València.

Hi ha una cançó política reivindicativa que canten els maulets:

No volem ser una regió d´Espanya
No volem ser un país ocupat.
Volem volem volem
volem l´independència
Volem volem volem Païssos Catalans.

Es tracta d´una cançó que les joventuts independentistes i nacionalistes canten d´una manera erronia, puix l´implicació de Païssos Catalans és abolir l´entitat política i territorial pròpia del Regne de València, perquè es preten des d´aquesta entitat imposar la capitalitat centralista a Barcelona.

Des del Carlisme reescribirem la cançó , mantenint la seua melodia d´aquesta manera:


No volem ser provincia castellana
No volem ser un país ocupat.
Volem, volem, volem lo Regne de València.
Volem, volem, volem
Volem la llibertat. O Els Furs Valencians


Des del Carlisme volem afirmar que el territori històric no és una regió espanyola més i encara menys una provincia castellana com ho va ser per l´imposició dels Decrets de Nova Planta des de l´any 1707 per part del primer Borbó , que va deixar sense Furs y sense Corts al territori valencià, i va pasar d´esser un Regne a una regió i provincia castellana, depenent de l´administració central , destruint el nostre autogovern, la nostra hisenda, les nostres institucions com la Generalitat i el nostre dret a Quota, fonamentat en el dret històric Foral. Des del Carlisme pretenem reivindicar la personalitat històrica del nostre regne, la nostra entitat política i les nostres institucions històriques, sense renegar que el Valencià i el Català són la mateixa llengua i que tenim el deure de defendre també aquest patrimoni històric i cultural.


domingo, 9 de marzo de 2008

GUERRA CIVIL INGLESA 1642-1649: REALISTAS VERSUS PARLAMENTARIOS








"Carlos I Estuardo, Rey de Inglaterra estaba resuelto a cumplir los deberes de la realeza: la sujeción de los poderosos en interés de todos"

Máximo símbolo y representante del monarquismo político mundial. Tras la guerra civil que asoló su país entre 1642 a 1649, y que enfrentó a realistas y parlamentarios; tras la pérdida de la guerra frente a los parlamentarios, fue enjuiciado por el bando puritano encabezado por Oliverio Cromwell, y tras un juicio ilegítimo ilegal y discutible, se le condenó a muerte separandole la cabeza del tronco el día 30/01/1649, proclamándose la república que presidiría Oliverio Cromwell durante nueve años como "lord protector". Esa dictadura republicana de Cromwell, y todo estos acontecimientos citados fueron ejemplo de inspiración a finales del siglo XVIII para los revolucionarios franceses que también decapitarían a su rey Luís XVI de Francia. Así pues el monarquismo político tiene su máxima representación en el desdichado monarca Carlos I Estuardo, quien al final se convirtió en un símbolo, en una victima, en un martir de su justa causa, que en definitiva se demostró que era la causa del pueblo frente a la oligarquía y aristocracia financiera, comercial, plutócrata y terrateniente, quienes en Inglaterra, con la City de los negocios de Londres mantendrían secuestrado el parlamento, se atribuirían el hecho de gobernar y ser la voz y la conciencia del pueblo, cuando en realidad defendían sus intereses privados y oligárquicos. En definitiva, con la caída de los Estuardo, la monarquía inglesa se convirtió en una institución títere de la clase dominante burguesa y capitalista. Y la monarquía en lugar de velar por el bien público, por el bienestar del pueblo, se convirtió en una institución al servicio de la plutocracia capitalista, y lógicamente permitió que la oligarquía privatizara finalmente todos los bienes y recursos comunales aniquilando con ello todo el mundo rural Inglés, Escocés e Irlandés.

El absolutismo monárquico es una degeneración de la institución monárquica, es el acaparamiento y la detentación monopolista y unilateral del poder político en la persona de un Rey. Ese absolutismo equivale a la autodestrucción de la monarquía porque pierde su esencia tradicional de ser uno de los entes institucionales que favorecen la contrapesación interinstitucional, para convertirse en la única institución del reino. Además pasa de ser una institución subsidiaria que encarna la Confederación de las Nacionalidades para ser una institución de ordeno y mando al servicio de la oligarquía burguesa y los grandes propietarios.

Carlos I de Inglaterra había heredado las tres Coronas, de Irlanda, Escocia e Inglaterra. Era cabeza y jefe de la Iglesia Anglicana y pretendía que la institución monárquica que él representaba, tuviera el poder absoluto y control del reino. Esta situación puso el reino en manos de aventureros, amiguetes, siendo la corrupción la dueña del país.

En el terreno religioso, Carlos I quería la homogenización de las tres Coronas en el Anglicanismo, persiguiendo a Puritanos Calvinistas y a Católicos. Se trataba en realidad de la herencia político-religiosa que tuvo lugar en tiempos de Enrique VIII de Inglaterra y que quienes detentaban las estructuras de poder en Inglaterra de alguna manera se lo exigieron a los Estuardo como condicionante para ocupar el Trono Inglés.
En el terreno económico, Carlos afirmaba sus derechos legítimos sobre los ingresos que producían la alcabala por libra y tonelada, generados por el comercio mercantil de la plutocracia del reino, que pretendía el libre mercado, el libre comercio para no tener que pagar ningún tipo de impuesto al Rey por la libre circulación de mercancías, como era la alcabala por libra y tonelada.
El rey Carlos necesitaba dinero porque los gastos del Estado eran cuantiosos y las rentas nominales de los territorios de realengo no le daban suficientes ingresos, así Carlos decidió que el Parlamento reconociera su derecho del impuesto real sobre la alcabala por libra y tonelada, derecho reconocido a los anteriores reyes ingleses, pero que la oposición plutocrática del reino, los comerciantes y los librecambistas, enemigos de la entromisión de la Corona en la regulación de la economía, se negaron en reconocer.
Para evadir la petición real, los parlamentarios opositores al papel de la Corona en el reino, introdujeron en el debate parlamentario la cuestión integrista religiosa de la minoría puritana, y a partir de esta cuestión defender los derechos de la plutocracia, como telón de fondo, frente al papel interventor que pretendía el Rey Carlos para la Corona Inglesa.

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Los jefes del Parlamento eran en su mayor parte indiferentes respecto a la Teología, pero tenían un sentido de táctica infalible, y vieron que una alianza con la minoría puritana de la nación, la unión de su entusiasmo con los anhelos de cambio político, añadiría impulso para la ejecución de sus planes.
El rey Carlos, que ansiaba sobre todas las cosas regularizar la situación del fisco, rogó que se dejara sentado de una vez para siempre la cuestión de aduanas y las alcabalas por libra y tonelada. Se sentía dispuesto a admitir que, según todos los precedentes, las alcabalas por libra y tonelada hubieran de ser formulariamente votadas de por vida en el Parlamento como lo habían sido para sus predecesores, y que, técnicamente, no podía exigir derechos de aduana en los puertos hasta que el voto parlamentario hubiese recaído. Pero en la práctica, por supuesto, la exacción de tributos en los puertos había de continuar como de costumbre. Todo lo que Carlos demandaba era la misma fuente de ingresos que sus predecesores habían recibido como cosa natural durante centurias, y sin la cual era de todo punto imposible para el Gobierno del Rey seguir funcionando. Con las aduanas, que suministraban cada año una parte mayor de las rentas. Sin embargo, la oposición del Parlamento se decidió a forzar esta ventaja; deliberadamente, pospusieron la confirmación de los derechos de aduana que reclamaba el rey, y comenzaron un clamoroso debate religioso acerca de una resolución estando presente Oliver Cromwell, un nuevo miembro que hasta entonces había pasado inadvertido, en que se trató de que "los negocios del rey de la Tierra deben dejar paso a los negocios del rey del Cielo". Hume diría mas tarde, hablando de una frase empleada por Cromwell, que eran las "divertidas palabras de un hipócrita fanático".La disputa religiosa entre los Puritanos y la Iglesia Anglicana había sido introducida con el único fin de retardar el establecimiento de la alcabala por libra y tonelada.
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El intento de homogenización religiosa en el Episcopalianismo-Anglicanismo pretendido por Carlos I y Willian Laud, Arzobispo de Canterbury, llevó a las rebeliones como reacción de la Católica Irlanda con la formación de la Confederación o Liga de Kilkenny y las políticas represivas inglesas como forma de contestación ante el hecho irlandés. Por otro lado parte de los Escoceses se sublevaron formando una especie de Partido Nacionalista-Religioso Escocés denominado Covenant Presbiteriano Escocés que recogía el descontento de comerciantes, burgueses y aristócratas frente a la intentona homogenizante de Carlos I de Inglaterra.
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Frente a la rebelión escocesa el Rey Carlos convoca el Parlamento para arbitrar los medios para obtener dinero y así poder poner en pie de guerra un ejército que pusiera freno a la rebelión del Covenant Presbiteriano Escocés. Les dijo que había convocado el Parlamento porque, en un momento de crisis en que era preciso encontrar inmediatamente algo más de lo que proporcionaba las rentas regulares, "para afianzarnos nosotros mismos y salvar a nuestros amigos de la ruina inminente", era el Parlamento "el medio antiguo y más expedito para obtener una ayuda tal". Les dijo también que era deber suyo, del Rey, como lo era en realidad (el deber primero de toda realeza) el velar por la seguridad del Estado tanto si ellos cumplían con su deber como si no cumplían; y añadió aquellas famosas palabras: "No consideréis esto como una amenaza, aborrezco amenazar a los que no son mis iguales, sino como una advertencia de aquel que, tanto por naturaleza como por deber, tiene los mayores cuidados para vuestra conservación y prosperidad". Era la antigua y Real Majestad, encarnación del pueblo de Inglaterra en un solo hombre, que hablaba frente a aquella nueva y aún creciente marea de revuelta plutocrática que no había de alcanzar su altura hasta que no suplantara a la Monarquía y colocara al capitalismo en el poder.
Los parlamentarios ingleses, la opinión pública inglesa le son hostiles a Carlos y se alegran que el Covenant haya invadido suelo inglés. Ante la convocatoria del Parlamento, la camara exige al Rey reparación de agravios e injusticias cometidos durante todo el perido de aplicación absolutista y monopolista de la Corona. El grupo de los Puritanos-Calvinistas liderados por John Pin en el que está integrado Oliver Cromwell va mas lejos: le exige al Rey que la soberanía política del reino recaiga extrictamente en el Parlamento, no en el Rey. Es decir, el grupo puritano-calvinista de John Pin pretendía el absolutismo del Parlamento, que el poder político del reino lo detentara una camara en la que sus representantes compraban sus asientos para defender sus intereses burgueses y comerciales. Los parlamentarios ingleses que compraban sus asientos y que en realidad no eran elegidos por el pueblo de Inglaterra, siempre esgrimían hablar para defender los autenticos intereses de ese pueblo que decían representar, para ir contra la institución de la Corona a la que pretendían anular políticamente, reduciéndola a un papel cómplice y de simple comparsa del poder absoluto del parlamento y su oligarquía plutocrática vinculado a la City de Londres.
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Pero ante la convocatoria del Parlamento, el Rey Carlos intentó una política de aproximación a los intereses parlamentarios para caer simpático, no sólo convocándolo, sino concediendo medidas y peticiones que este reivindicaba para si. Entre otras cosas Carlos había decretado en parte la disolución de parcelas comunales que serían entregadas a propietarios terratenientes y nobles de la zona, justamente a aquellos que se sentaban en la cámara parlamentaria con la esperanza que estos aprovechados apoyaran las medidas y peticiones del Rey en el Parlamento. Esta acción desamortizadora alejaría a parte de las masas populares inglesas del Rey Carlos I de Inglaterra. Al mismo tiempo ese descontento popular era aprovechado por esa misma burguesía y aristocracia para preservar y acrecentar su propio poder en el reino, y denunciar a una monarquía, que en realidad estaba siendo complice e instrumento de la clase dominante.
Así los pequeños propietarios reaccionaron contra la Corona, al considerarla complice e instrumento de la nueva clase dominante que se adueñaba del reino, una clase, que posteriormente traicionaría a la institución monárquica al reducirla a una simple figura de representación complice de sus intereses, de lo contrario la destronarían, poniendo a otro rey o la republica.
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La justificación del acrecentamiento del poder de la burguesía, al adueñarse de las tierras comunales era anunciada publicamente como "suprema orden del rey" que había que cumplir y acatar. Por otro lado la misma burguesía y parte de la aristocracia terrateniente señalaba al Rey y a la Corona como los máximos responsables de la penosa situación por la que estaban atravesando los campesinos ingleses. Se trataba pues de un chantaje permanente a la institución de la Corona y al Rey al comprobar que este podía llevar a cabo medidas políticas siempre y cuando pudiera contar con el dinero que le ofreciera dicha burguesía a cambio de traspasar la soberanía absoluta al Parlamento.
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Sin embargo, la Corona representaba un poder que contrapesaba con el Parlamento, interesándose por aparecer ante la opinión pública como una institución que defendía los intereses de aquellos que no tenían voz en el Parlamento, debido a que los asientos parlamentarios eran ocupados por aquellos que tenían dinero y defendían sus intereses burgueses, financieros, terratenientes y plutocráticos. Así la Corona aparecía entre el pueblo campesino como la opción representativa del bando de los desheredados, de los que menos tenían. Puede que en parte se atribuyera esta voz popular, pero no lo hacía tan insistentemente como proclamaban los parlamentarios al negarse a cualquier medida o petición real que llegara al Parlamento, a lo que siempre contestaban que hablaban en nombre del Pueblo de Inglaterra, lo cual era completamente falso, porque hablaban en nombre de sus intereses pecuniarios.
Si en el imaginario colectivo de la masa campesina la institución de la Corona representaba en parte sus intereses, era porque esta había velado siempre por la salvaguarda de los derechos comunales y la pequeña propiedad campesina, sin embargo resultaba sorprendente al vislumbrar como el Rey Carlos en un momento determinado quería atraerse a la opinión plutocrática del Reino desmantelando parte del Comunal de los municipios. Esa medida impopular sería la tumba de la Corona, porque los que se cobijaban bajo ella y decían defenderla eran los aprovechados, los oportunistas, la plutocrácia burguesa y aristocrática que la quería para lucrarse y servirse de la Corona a su antojo.
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Aconsejado el Rey por su mujer Enriqueta María de Borbón, hermana de Luís XIII de Francia, y apoyado por el condenado a muerte por el Parlamento Thomas Conde de Straffor, Carlos I de Inglaterra decide dar un golpe de mano y entrar en el Parlamento con su guardia real y ordenar la detención y procesamiento de los diputados puritanos-calvinistas liderados por Jonh Pin quienes consideraban que la Corona debía renunciar a su poder político, haciendo recaer la completa y efectiva soberanía en manos del Parlamento. Como contestación Carlos fue en su busqueda, pero los parlamentarios habían huído al saber de la llegada del Rey. El Presidente de la Camara le hizo saber al Rey que no podía indicarle donde se encontraban los diputados huídos si la Camara no le daba autorización para tal fin. Salió de la Camara el Rey Carlos I de Inglaterra, pidiendo perdón por la infracción de los derechos de la Camara, sin embargo ante el coraje que sintió porque ninguno de los presentes quiso decirle donde se encontraban los diputados huídos, represalió como contestación, con la disolución del Parlamento para demostrar de nuevo, de forma autoritaria y despótica su autoridad soberana.
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El 22 de agosto de 1642, Carlos I Estuardo, Rey de Inglaterra dio la señal para el inicio de la guerra civil. El hecho apenas sorprendió. Los conflictos entre el Rey y el Parlamento hacía tiempo que habían alcanzado un punto crítico. Los enfrentamientos se produjeron por todo el país, cuando ambos bandos intentaron asegurarse el control de las milicias locales, única fuerza armada que subsistía en Inglaterra. Tras una primera victoria en Edgehill en 1643, Carlos I perdió la iniciativa y la oportunidad de apoderarse de Londres. El Parlamento acrecentaba sin cesar sus recursos financieros y el número de partidarios en el campo de batalla liderados por Thomas Fairfax, mientras que por el lado realista estaban liderados por un sobrino del Rey, se trataba del príncipe Rupert Conde-Palatino del Rhin.
------------------------------------------------------------------------------------------------- Londres y sus inmediaciones, las zonas comerciales e industriales se pusieron de parte del bando Parlamentario, apareciendo en el panorama político un partido Parlamentario. El sureste de Inglaterra y el centro junto al Condado de Cambrige quedaba dominado por el bando Parlamentario, y el este de la peninsula de Cornualles se ponía en manos del Parlamento. Las zonas rurales tradicionales, el norte de Inglaterra, el País de Gales y la zona occidental de la península de Cornualles se agruparán en torno al Partido Realista Inglés representado por Carlos I de Inglaterra. Al principio el bando realista tenía buenas expectativas para ganar la guerra civil e imponerse a los parlamentarios. La imposibilidad de vencerlos supuso el alargamiento de la guerra que terminarían por ganar debido a la fuerte afluencia de recursos financieros con los que contaban, mientras que el bando realista unicamente contaba con los recursos agrarios y las zonas más deprimidas del país.
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La mayor parte de la Aristocrácia se puso de parte del rey a pesar de que parte de ella tenía autenticas y profundas convicciones parlamentarias, creían que la causa del Rey era digna, profunda y legítima, viéndo en la causa parlamentaria, una causa legal. Sin embargo la mayoría de los banqueros y grandes comerciantes del reino se pusieron de parte del Parlamento. Mientras que el Campesinado Inglés estaba dividido, una parte se mantuvo fiel al Rey y a su noble causa que en parte coincidía con los intereses de aquellos que no tenían voz en el Parlamento de Inglaterra, al considerar que quienes se sentaban allí no tenían sensibilidad alguna para con las gentes del campo y si intereses plutocraticos y lucrativos que defender. La otra parte del campesinado vinculada al calvinismo puritano consideraba que la noble causa era la Parlamentaria, pues el Rey ya había dado pruebas de haber desmantelado parte del Comunal de los Municipios permitiendo la parcelación de tierras comunales en manos de la oligarquía terrateniente. Este hecho había alejado al Rey de sus campesinos, y solo fue para sostener un acercamiento puntual para caer simpáticos a una burguesía y a una aristocracia que realmente le despreciaba.
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El Covenant Presbiteriano Escocés que se había sublevado contra Carlos I de Inglaterra estaba dirigido por Archibald Campbell VIII Conde y posteriormente marqués de de Argyll, representaba los intereses presbiterianos, aristocráticos y burgueses del sur de Escocia. Se trataba de un noble terrateniente muy poderoso que no dudó en apoyar al bando parlamentario, que sostenía en el fondo los mismos intereses financieros y plutocráticos que luego serían origen del capitalismo inventado por Adam Smith. Sin embargo, aparecería en la escena política escocesa la figura de James Graham, marqués de Montrose líder del Partido Realista Escocés representante de los intereses de los Clanes Católicos y Episcopalianos de las Tierras Altas de Escocia, ligados a estructuras sociales y económicas campesinas y tribales y por tanto enemigas de la política de los Argyll, no solo por su intransigencia presbiteriana-calvinista religiosa, sino por lo que el Covenant representaba en si: los intereses del comercio y la burguesía frente a los intereses campesinos-agricolas de los pequeños propietarios agricolas y su vida comunitaria representados estos últimos por el Partido Realista Escocés. Así la guerra civil inglesa tenía su dimensión en Escocia, convirtiéndose en una guerra civil escocesa que dividió a los habitantes de las tierras altas partidarios de los Estuardo, frente a los habitantes de las tierras bajas, partidarios del Covenant y la Causa Parlamentaria. En 1644 se hunde las esperanzas del Partido Realista Escocés con el triunfo del Covenant Presbiteriano Escocés dirigido por los Campbell del marqués de Argyll sobre los Clanes Escoceses que se ven represaliados por apoyar la Causa Realista de Carlos I Estuardo, Rey de Inglaterra. James Graham, marqués de Montrose, Jefe del Partido Realista Escocés huye a Suecia.
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En Irlanda el trascurso de la guerra civil inglesa fue aprovechada por la Confederación o Liga Católica de Kilkenny para reconquistar las zonas de Irlanda sometidas por la política represiva que había llevado a cabo Carlos I de Inglaterra para homogeneizar las tres Coronas en el Anglicanismo, y que le había llevado a una auténtica sangría inglesa. El líder del ejercito realista que quedaba en Irlanda James Butler, marqués de Ormonde se vió obligado a no poner resistencia ante el avance de los Católicos Irlandeses, de manera que fue protagonista, por el cambio de política con respecto a Irlanda llevado a cabo por Carlos I de Inglaterra, quien le encargó que pactara con los Confederados de Kilkenny, dando lugar a la formación del Partido Realista Irlandés de base Católica y de dirigentes anglicanos, que se comprometían con restaurar la Iglesia Católica de Irlanda, desposeer a los colonos protestantes de las tierras usurpadas ilegitimamente a los irlandeses, y de restaurar el autogobierno comunitario representado por el parlamento irlandés. Así fue como los campesinos irlandeses denominados Torys por sus enemigos, los liberales wigh, decidieron apoyar en masa la Causa Realista de Carlos I de Inglaterra, la cual consideraban justa, debido a que convergía con la restauración de los intereses Católicos de Irlanda.
-------------------------------------------------------------------------------------------------El Covenant Escocés que se había adueñado de todo el Reino de Escocia imponiéndose a los Clanes, quedaba finalmente libre para operar por el norte de Inglaterra y ayudar en los años 1644 y 1645 al bando Parlamentario contra el bando realista sostenido por el Principe Rupert Conde-Palatino de Rhin, así las victorias de Marston Moor (1644) y Naseby (1645) supusieron el desplome de la mitad del ejercito realista, y lo que fue más grave: la perdida del Norte de Inglaterra, la península de Cornualles, el asedio de Bristol por los Parlamentarios. El único territorio operativo que le quedaba al Rey Carlos I de Inglaterra para sacar sus recursos era el Antiguo Reino de Gales, Oxfor, la plaza de Newark y alguna que otra fortaleza, pues la Causa Realista en 1646 estaba completamente perdida, y la justa causa del rey, que era la de aquellos que no habían tenido nunca voz en el Parlamento, la del mundo rural, agrario y comunitario, se vería pronto abocada al fracaso más estrepitoso. Pues era el Nuevo Ejercito Parlamentario de los Cabezas Redondas de Oliver Cromwell quienes mandaban en el reino. Las últimas tropas realistas situadas al oeste de Inglaterra fueron obligadas a rendirse y en mayo de 1646, Carlos se rendía a los escoceses en Newark. Un mes más tarde, el último bastión realista, Oxford, capituló.
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Los intentos de los Irlandeses por apoyar a Carlos I de Inglaterra en suelo Inglés fracasaron, y así el Rey se rindió finalmente al Covenant Nacionalista-Presbiteriano Escocés dirigido por el marqués de Argyll. Éstos se llevaron a Carlos I de Inglaterra a Escocia y negociaron la entrega del Rey a los parlamentarios ingleses a cambio de una suma monetaria. El poder del ejército parlamentario llegó a ser tan grande que el Parlamento decidió disolverlo sin pagar las soldadas. Al conocerse la noticia se produjo un motín apoyado por Cromwell. Se publicó un manifiesto en el que se declaraba que el ejército no se disolvería hasta que sus legítimas reivindicaciones fueran satisfechas. Ocupó Londres. Las negociaciones entre el Rey y los generales concluyeron en las Proposiciones, un texto que contemplaba un papel comparsa, sumiso para la Corona. Sin embargo, al mismo tiempo que Cromwell se veía obligado a rendir cuentas a los elementos extremistas del ejército parlamentario, los Niveladores, el Rey prosiguió las negociaciones con potenciales aliados de su Causa, iniciándose una segunda fase de la guerra civil con las sublevaciones realistas del sureste y del sur del País de Gales, las cuales fueron aplastadas con facilidad por el ejército parlamentario. Los realistas escoceses, última esperanza del Rey Carlos Estuardo fueron derrotados en Preston en 1648. Inflexible hasta el final, el Rey rechazó todo compromiso; el 30 de enero de 1649 fue decapitado, asesinado por los diputados puritanos y el parlamento.

La monarquía y la Camara de los Lores fueron abolidas e Inglaterra se convirtió en una república y Cromwell fue su representante y tirano Lord Protector que se encargó de poner al país bajo su autoridad dictatorial y servirse de sus recursos para aplastar, someter y aniquilar Irlanda, entregarla a los colonos terratenientes protestantes, suprimir las fiestas y los bailes, en definitiva unos años de dictadura en la que Inglaterra fue tremendamente aburrida, con las consecuencias que con la restauración inglesa, después de la muerte de Cromwell, los propios mercaderes, comerciantes, burgueses y terratenientes partidarios de la Causa Parlamentaria, prefirieron volver a llamar al hijo legítimo de Carlos I de Inglaterra, Carlos II Estuardo, este pactó de nuevo con aquellos que siempre chantajearon a la institución de la Corona, poniéndola a su servicio.

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La revolución liberal inglesa que supuso la guerra civil y el triunfo del bando parlamentario, llevó al país finalmente a la restauración de una monarquía que ya no sería como la de antes, aunque durante los siguientes reinados de los Estuardo, estos intentaran restaurar las prerrogativas y derechos de la institución de la Corona, siempre se encontraron con la oposición feroz liberal protestante representada por el Parlamento.

En el imaginario y memoria colectiva de la masa campesina, la institución de la Corona tradicionalmente había sido la defensora, representante y voz de aquellos que no tenían voz en el Parlamento de Inglaterra porque no tenían poder adquisitivo para comprar un asiento para defender sus intereses. Quienes podían permitirse el lujo de comprarse un asiento en el Parlamento y defender sus intereses burgueses, plutocráticos y lucrativos eran los contrarios a la defensa del Comunal de los Municipios y a la vida comunitaria de la masa campesina, defendida por la Corona frente al intento permanente de usurpación de los grandes propietarios y terratenientes que deseaban acabar con el trasfondo social que apoyaba la monarquía tradicional de los Estuardo, para apuntalar una nueva monarquía conforme a sus intereses, comparsa, complice de los intereses de la clase dominante. Así la institución de la Corona dejaba de ser popular para convertirse en instrumento de la oligarquía capitalista.

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El triunfo de la clase liberal burguesa al que se sumaran algunos miembros de la aristocracia inglesa darán lugar a la formación del partido liberal o Wigh representante de los intereses económicos, comerciales, burgueses de las ciudades, serán quienes vertebren una Inglaterra imperialista y colonialista hasta límites insospechados, junto al padre del Capitalismo Adam Smith, serán los dueños del mundo durante mucho tiempo, practicamente hasta principios del siglo XX. Su centro de Poder Oligárquico-Protestante estará situado en la City de Londres, capital de los negocios bancarios y financieros. Posteriormente a la Revolución Liberal Inglesa tuvo lugar la cración de la Banca de Inglaterra y el reconocimiento de la Deuda Pública, gran triunfo de la burguesía, que suponía una verdadera losa para los pequeños propietarios agricolas y el Comunal de los Municipios, así como fue una medida tremendamente impopular. Los Estuardo no supieron canalizar el descontento de la masa rural y campesina que les apoyaba, y pudo más el poder del dinero, la fuerza armada del Capital, que la verdadera Causa Popular y Tradicional que significaba la Causa Realista Inglesa.

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La restauración inglesa llevó al trono de Inglaterra a otro hijo de Carlos I de Inglaterra, Jacobo II Estuardo, Duque de York, y Rey de Inglaterra. Su programa de libertad religiosa y no persecución a los Católicos, así como su propio Catolicismo, le hizo diverger con la opinión protestante vinculada al incipiente Capitalismo de la revolución liberal inglesa. La escusa fue la de un problema religioso, pero en realidad se trataba de la avaricia y la injusticia que los terratenientes y burgueses del reino querían imponer al mundo rural inglés, a los Clanes Escoceses y a la Católica,represaliada y estuardista Irlanda. En 1689 tuvo lugar la Revolución Liberal Burguesa denominada "Gloriosa Revolución", esta dió el poder efectivo al partido liberal o Wigh, y por tanto a los intereses financieros y plutocráticos del reino de Inglaterra, que finalmente habían aniquilado el poder institucional de la Corona. El Rey Jacobo II Estuardo de Inglaterra, temió por su vida, y traicionado por todos, excepto por la masa campesina Irlandesa, Escocesa e Inglesa huyó a Francia. Aquellos campesinos siempre recordarían que sus derechos como personas y pueblo estaban vinculados a la Causa Realista de los Caballeros del Rey, y por tanto reconocerían que su legítimo rey estaba exiliado, debido a la usurpación Orangista y Hannoveriana impuesta por la clase dominante burguesa, terrateniente y plutocrática del reino. Aquellos campesinos irlandeses y aristócratas fieles a los Estuardo no tardarían en ser denominados Jacobitas, partidarios de Jacobo II Estuardo y sus descendientes. Así se constituirían los Partidos Jacobitas de las tres Coronas, de Irlanda, Escocia e Inglaterra, dirigidos por una aristocracia hidalga venida a menos y con un impulso del componente popular que en el imaginario colectivo campesino resultaba ser el de las sociedades tribales y de clanes, sociedades rurales, de hombres simples y principios claros que reivindicaban con la ayuda de un principe exiliado sus derechos a ser libres y a dejar de ser pisoteados por los terratenientes y la oligarquía burguesa capitalista representada por los Wigh y su Parlamento pro-Industrial. La oposición liberal Inglesa o Wigh durante varios años denominó a sus oponentes Jacobitas como Torys, una denominación que hacía referencia a aquellos campesinos sin tierra de Irlanda que se habían sumado a los Estuardo para que estos, defendieran su Iglesia Católica, su modo de vida y el reparto de las tierras que los terratenientes protestantes les habían usurpado. Siendo así: a los Estuardo les usurparon la Corona, y al pueblo sus tierras con las que se sustentaba la masa popular y campesina, arrebatadas por los intereses lucrativos de la burguesía protestante.