jueves, 27 de noviembre de 2008

SOBRE LOS FISIÓCRATAS Y LA FISIOCRACIA

Fue curioso el otro día, cuando decidí visitar la Feria del Libro en Alicante la cara que me ponían los libreros al preguntarles por la fisiocracia y la tabla económica de Quesnay, a lo que seguidamente me respondieron todos, exceptuando una mujer, que no tenían nada al respecto. La única librera que se interesó por el tema me lo hizo saber, a quien muy amablemente expliqué quienes fueron los fisiócratas.



Sinceramente me entristeció observar que ni los libreros saben lo que es la fisiocracia en este país, aunque ellos no tienen la culpa, claro está, la culpa la tiene el sistema, el sistema capitalista.



La librera afirmó: eso mismo pienso yo, pues el hombre en realidad necesita un trozo de tierra para vivir. Me confesó no saber nada de economía, yo le respondí, que todo contrario.



Los fisiócratas se autodefinían como filósofos-economistas, y su nombre se derivaba de la expresión "gobierno de la naturaleza" donde destacaban el factor tierra y la actividad agrícola como la verdaderamente importante en la economía, así pues lo destacable para ellos es la abundancia de alimentos y no la acumulación de metales preciosos o billetes podridos.



Si nos retrotraemos en el tiempo observaremos que muchos de ellos fueron aristócratas franceses del siglo XVIII, muy preocupados por la situación económica del país, de su posición, y de las dificultades por las que pasaba el campesinado francés. En definitiva eran los defensores del agrarismo, abundancia de alimentos frente al metalismo, acumulación de capital.



La fisiocracia divide a la sociedad en tres clases: agricultores, propietarios y clase estéril. Solamente los agricultores incrementan la riqueza de la sociedad, debido a que sólo ellos le dan un producto neto año tras año.



Por producto neto entendían la multiplicación de los frutos de la tierra, el hecho de que un grano de trigo sembrado da muchos granos de trigo al fructificar. Lo único que hacen el resto de trabajadores es transformar el producto neto, ya que la riqueza fue producida por el agricultor-campesino.



Pertenecen a la clase estéril quienes producen artículos elaborados o semielaborados, quienes los transportan, los venden y todos los prestadores de servicios.



Los propietarios son los terratenientes, quienes alquilan la propiedad de la tierra a los aricultores-campesinos. Es este último punto modificable para el carlismo que busca el reparto de la propiedad de la tierra en una verdadera reforma agraria, evitando cualquier tipo de concentración de la misma.



Resulta importante la Tabla Económica de Quesnay en la que se explica la circulación de la riqueza de un país. Imaginemos que los agricultores producen mercancías en un año dado por valor de 5000 millones de unidad monetaria. Se quedan con 2000 mill. de u.m.; pagan 2000 mill de u.m. por alquiler de la tierra a los propietarios-terratenientes, y compran a la clase estéril 1000 mill. de u.m. por diferentes artículos. Los propietarios-terratenientes compran mercancías por 1000 mill. de u.m. a los agricultores y 1000 mill. de u.m. a la clase estéril. Ésta, que ha recibido 2000 mill. de u.m., 1000 de los agricultores y 1000 de los propietarios, los emplea para comprar a los agricultores los bienes agrarios que necesita. Así año tras año continúa la circulación de la riqueza, y los agricultores pueden ir renovando su utillaje.






El liberalismo económico consideró a la fisocracia y a los fisiócratas como los primeros liberales por la defensa que hacían del libre mercado, ya que la intervención económica del mercantilismo había fijado los precios-tasa de los bienes agrarios a un nivel mínimo, agravando el poder adquisitivo de los agricultores-campesinos y las rentas de los propietarios-terratenientes. Sin embargo la escuela liberal y sus sucesoras criticarían a los fisiocratas por la defensa que éstos hacían de la abundancia de alimentos en base a que la riqueza verdadera se encontraba en el factor tierra y la actividad agraria campesina y no en las del resto de sectores económicos.



Esa crítica de los liberales al agrarismo fisiócrata queda menguada por la interpretación de las características de los bienes de una economía. Todos podremos considerar y vincular a los bienes unas determinadas características, teniendo en cuenta la escala jerárquica subjetiva de cada individuo. Entonces podremos resaltar una característica elemental y objetiva de todos los bienes existentes en una economía, y esa es su intercambiabilidad. Todos los bienes de una economía son intercambiables, y a este punto todos igual de importantes, si eliminamos subjetividades. A pesar de esto, no todos los bienes sirven para el sustento alimenticio, de manera que podemos asociar dos características objetivas a los bienes agrarios, resaltando por tanto la importancia de los mismos, dando la razón a los fisiocratas en contra de la doctrina liberal de los capitalistas, financieros, comerciantes y prestadores varios de servicios. Las dos caractirísticas objetivas imputables a los bienes agrarios son su intercambiabilidad, como el resto de bienes, y la que los hace únicos, al servir para el alimento y autosustento de la población mundial. Lo verdaderamente importante no es la acumulación de capital de los metalistas y capitalistas actuales, sino la abundancia de alimento propugnada por los fisiocratas y su actividad agraria. El resto de servicios de una economía sirven para especular sobre los alimentos que se consiguen de la producción agraria.