sábado, 3 de octubre de 2009

DÍA 3 DE OCTUBRE DE 1833: ¡VIVA LA CAUSA CARLISTA!, ¡VIVA CARLOS V!


Hace 176 años los carlistas se defendieron de la intentona golpista de la plutocracia que imponía en el trono a una niña Isabel "II", y aceptaba una regente, María Cristina. Esa intentona fructificó, dando lugar a la guerra civil entre carlistas y liberales. El tío de la niña Isabel, Don Carlos María Isidro de Borbón fue despojado de sus derechos dinásticos al Trono de las Españas ya que sus partidarios defendían un regimen antiliberal y anticapitalista basado en el Comunal de los Municipios, en las antiguas leyes consuetudinarias e instituciones históricas. Algunos vieron el enfrentamiento entre el futuro orden industrial y urbano contra el mundo rural tradicional anticapitalista y comunitario de las sociedades vinculadas a los Fueros.

El liberalismo constitucionalista encarnado en la monarquía de Isabel y la regencia de su madre María Cristina, probaba la anulación no sólo de la Ley Sálica de Felipe V, sino la abolición de las antiguas leyes y costumbres, la abolición de cada una de las Constituciones Históricas o Fueros en favor de una Constitución Liberal uniforme, burguesa, capitalista, centralista y homogenizadora, que imponía como idioma el Castellano confundiéndolo con el Español, como si el resto de lenguas peninsulares no fueran españolas. El liberalismo político introdujo el culto a la patria, el denominado patrioterismo barato del nacionalismo excluyente, donde la monarquía se convertía en instrumento de la clase dominante, es decir la oligarquía burguesa financiera; enarbolando muchas veces sentimientos tradicionales puestos al servicio del conservadurismo liberal burgués. Así se obligó a la militarización de la población, el servicio de las quintas, se inventó a la guardia civil, para combatir a los carlistas, construyendose un modelo de Estado Burgués que adoraba la patria que pasaría de ser las Españas a España. El último rey de las Españas sería Fernando VII, porque Isabel sería Reina de España. La falacia de la unidad española se imponía por la homogenización burguesa constitucionalista desterrando cualquier tipo de particularismo o territorialismo histórico foral.

Quiero con este escrito recordar a los antepasados carlistas que se lanzaron al monte para defenderse de las columnas militares liberales que les mandaba el gobierno centralista y oligárquico de Madrid para imponerles que dejaran de ser ellos mismos, que odiaran el Euskera, que aceptaran la Constitución centralista de la Isabelona. Los Carlistas buscaban la autenticidad en la tradición, en ser ellos mismos, con sus formas y maneras, no querían leyes extrañas, ni la letra pequeña burguesa que les engañaba en los tratos y acuerdos; simplemente preferían el apretón de mano noble y el mantenimiento honorable de la palabra dada a la doblez liberal. Los Carlistas lo que querían era la restauración de aquellas instituciones populares y tradicionales que pudieran ser útiles al presente que estaban viviendo. No se trataba de restaurar por restaurar, sino mas bien era restaurar para defenderse de la doblez y perversidad capitalista. Proponían un modelo y unas formas más democráticas que no rompían con la Tradición.

Os dejo con unas palabras de Carlos Marx sobre el Carlismo y como lo vió él:


“el carlismo no es un puro movimiento dinástico y regresivo, como se empeñaron en decir y mentir los bien pagados historiadores liberales. Es un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho mas liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial, plagado de papanatas que copiaban de la Revolución Francesa. Los Carlistas defendían las mejores tradiciones jurídicas españolas, las de los Fueros y las Cortes Legítimas que fueron pisoteadas por el absolutismo monárquico y el absolutismo centralista del Estado Liberal Burgués. Representaban la patria grande como suma de las patrias locales, con sus peculiaridades y tradiciones propias. No existe en Europa ningún país que no cuente con restos de antiguas poblaciones y formas populares que han sido atropelladas por el devenir de la Historia. Estos sectores son los que representan la contrarrevolución frente a la revolución que imponen las minorías dueñas del poder. En Francia lo fueron los Bretones y en España, de un modo mucho más voluminoso y nacional, los defensores de Don Carlos. El tradicionalismo carlista tenía unas bases auténticamente populares y nacionales de campesinos, pequeños hidalgos y clero, en tanto que el liberalismo estaba encarnado en el militarismo, el capitalismo (las nuevas clases de comerciantes y agiotistas), la aristocracia latifundista y los intereses secularizados, que en la mayoría de los casos pensaban con cabeza francesa o traducían, embrollando, de Alemania”