lunes, 26 de mayo de 2008

LEY SÁLICA DE FELIPE V, DUQUE DE ANJOU Y REY DE LAS ESPAÑAS







Felipe V de Borbón, Duque de Anjou era el familiar más cercano al difunto y último rey de España de la Casa de Austria, Carlos II, de quien heredó los derechos legítimos para ocupar el trono español, confirmados en textamento.
Felipe V, juró los diversos Fueros de los distintos reinos, señoríos y principados españoles y aun a pesar de la formación del partido austriaco y la puesta en escena de los hipotéticos derechos sucesorios del Archiduque Carlos, Felipe de Borbón hubo de enfrentarse en guerra civil contra los partidarios Carlistas defensores de los Fueros.
Así es como Felipe V subió al Trono Español, instaurando la Dinastía Borbónica heredera directa de la Dinastía Austriaca del difunto rey Carlos II de las Españas.
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La Ley Sálica era una ley secular de la monarquía española introducida por Felipe V, de acuerdo con las Cortes Generales, para apartar del trono español los posibles derechos de los descendientes del Archiduque Carlos de Austria y sus hipotéticos derechos a ocupar y encarnar la Corona de España.
Su funcionamiento en realidad, aplicado en España, había sido semisálico, porque las mujeres transmitían los derechos sucesorios a sus hijos y además a falta de hijos varones podían llegar a reinar las mujeres.
Los liberales conservadores y progresistas partidarios de Isabel "II" de España y de su madre María Cristina de Borbón influenciaron en la camarilla real de Fernando VII para que este, derogara la Ley Sálica, en perjuicio de su hermano Don Carlos María Isidro de Borbón y en favor de la hija Fernando VII, Isabel "II".
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La derogación de la Ley Sálica no podía hacerse por decreto real, ni por camarilla interesada, sino mediante acuerdo, reunión y convocatoria de las Cortes Generales de todos los Reinos, Señoríos y Principados Hispánicos, al tratarse de una ley interna fundamental y secular de la Monarquía Hispánica, y siempre que no existiera perjuicio a principe alguno, que tuviera derechos adquiridos a ocupar el Trono Español por la existencia y plena vigencia de dicha Ley Sálica, y Don Carlos María Isidro de Borbón los tenía.
Cuando la hipotética y farsa derogación de la Ley Sálica por parte de los intereses liberales y de la plutocracia del reino, Don Carlos María Isidro de Borbón ya tenía una familia establecida y legitimada en la tradición que respaldaba esta ley, y por tanto tenía unos derechos adquiridos, él y sus descendientes, sus hijos, que ya habían nacido, mientras que Fernando VII había sido incapaz de dar varones como hijos sucesores, las normas, así, quedaban bien claras.
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La camarilla liberal presionó a Fernando VII, quien derogó la Ley Sálica de forma unilateral, afirmando que con la derogación se restablecería la Ley de Sucesión de Partidas de Alfonso X el Sabio, que permitía reinar a las mujeres, incluso existiendo hijos varones. Sin embargo no eran precisamente los liberales amigos acerrimos defensores de la tradición española y curiosamente pretendían legitimar la sucesión de Isabel "II" en la Ley de Partidas de Alfonso X, ignorando completamente el error que cometían en su supuesto hecho, al poder considerar de nuevo los partidarios de los Austrias, los derechos de la Casa de Austria de recuperar hipotéticamente el Trono español, ya que la Ley Sálica había sido introducida para terminar de concretar el apartar del Trono español a la Casa de Austria, exactamente a los descendientes del Archiduque Carlos.
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Los liberales enemigos de la tradición española, esgrimieron la Ley de Partidas de Alfonso X el Sabio y la anulación de la Ley Sálica para perjudicar a Don Carlos María Isidro de Borbón y hacer subir al Trono a Isabel "II". Afirmaban los liberales, que era mucho más tradicional defender la Ley de Partidas de Alfonso X, y que era mucho más nacional, acusando de extranjera a la Ley Sálica de Felipe V, que gracias a ella los dominios territoriales españoles permanecieron bajo un mismo cetro real, mientras que yendo en contra de ella se favorece la dispersión territorial de los distintos reinos, señoríos y principados en favor de otros príncipes.
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Por otro lado los liberales pretendían ignorar la existencia tradicional de distinta normativa sucesoria al Trono en la Corona de Aragón, donde jamás existió la Ley de Partidas de Alfonso X el Sabio, y por tanto no podían legitimamente imponer a Isabel "II" en el Trono de la Corona de Aragón, por mucha Ley de Partidas que intentaran evidenciar, siendo además los liberales enemigos de la tradición española.
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Cuando los Carlistas, partidarios de Don Carlos María Isidro de Borbón, Carlos V Rey Legítimo de las Españas, gritaban en favor de la defensa de los Fueros, reivindicaban al mismo tiempo la restauración particular del modo y forma de sucesión al Trono en cada uno de los Reinos, Señoríos y Principados Españoles, que habían sido ajenos tradicionalmente a la Ley de Partidas de Alfonso X el Sabio, que solo circunscribía al reino de Castilla, al ser una ley de sucesión castellana, pero jamás Catalana, Valenciana, Mallorquina, ni Aragonesa, pretendiendo incluso restaurar el ordinal de los reyes.
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La Causa Carlista no es la defensa machista de la Ley Sálica que los liberales intentaron atribuirle para desprestigiarla, ni es justo simplificarla a una simple causa dinástica, como si no existieran otras cuestiones políticas, sociales y económicas de arraigo en la masa carlista. El Carlismo, los carlistas, tradicionalmente siempre vinieron defendiendo la Ley Sálica, no por machismo, sino porque estaba vigente, cuando a Don Carlos María Isidro de Borbón se le intentaba y se le consiguió injustamente arrebatar su legítimo derecho a ocupar el Trono de España. El liberalismo político constitucionalista oligárquico y la plutocrácia del reino estaban detrás de la supuesta causa progresista que defendía el derecho al trono para una mujer como fue Isabel "II", sin embargo la defensa de los diversos Fueros territoriales, el Comunal de los Municipios, el mantenimiento eclesiástico de Leproserías, Horfanatos, Hospitales y Hospicios, que garantizaban en aquel tiempo unos derechos sanitarios y sociales vinculados a los curas rurales y a la religiosidad popular, ponen de manifiesto que la causa carlista fue y es una causa social, que defiende al pueblo, al campesinado frente a los ricos hombres y la plutocracia cortesana de palacio. Genealogicamente Don Carlos María Isidro de Borbón tenía más y mejores derechos legítimos de ocupar el Trono Español al haber estado plenamente vigente la Ley Sálica de Felipe V, ley que la camarilla liberal de Isabel "II" y María Cristina de Borbón quisieron abolir.

Se les acusa historiográficamente a los carlistas de ser los instigadores y principales responsables de azuzar al país, de llevarlo a la guerra civil, de ser los culpables y responsables de las tres guerras carlistas. Mas bien diría yo, que los principales responsables de que hubiera insurgencia carlista casi permanente, fue en todo caso de las arbitrariedades e irresponsabilidades políticas llevadas a cabo por los gobiernos golpistas de conservadores y progresistas liberales. Medidas antisociales como la abolición del Comunal o la derogación foral, pusieron a gran parte del campesinado de parte del bando carlista. Esos campesinos hicieron causa común con Don Carlos de Borbón, porque a ellos la revolución liberal burguesa les usurpaba la propiedad de la tierra, la cual pasaba a los grandes propietarios y ricos burgueses, quienes se la compraron a un gobierno, el liberal, que las vendía en pública subasta. Al mismo tiempo los campesinos se comprometieron en apoyar los derechos legítimos al Trono Español, que tenía Don Carlos de Borbón, siempre que este jurase los Fueros y restaurara el Comunal de los Municipios, devolviéndoles a los campesinos sus legítimas tierras robadas y usurpadas por los liberales.



























1 comentario:

Francisco Acedo dijo...

Muchas gracias por tu comentario en mi blog y por haberme enlazado. Yo te he enlazdo también en blogs y en webs recomendadas: Monarquía.
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Un abrazo y ¡Viva el Rey!