jueves, 24 de enero de 2008

CARLISMO POPULAR, CARLISMO ARISTOCRÁTICO HIDALGO Y CARLISMO CLERICAL







En el Carlismo observamos distintos componentes: en primer lugar destacamos la adhesión popular a la causa legitimista carlista debido al problema de la reforma agraria liberal. Los liberales capitalistas que auparon a Isabel "II" solucionaron el problema arrebatando las tierras comunales de los municipios, desamortizando tierras de manos muertas, sacadas al mercado y vendidas al mejor postor, financiando así a un ejercito gubernamental opresor de las libertades de los pueblos de España. Conclusión: se creó una nueva casta, de nuevos ricos terratenientes que se había apropiado del medio de sustento de la clase campesina. Aquí aparece el carlismo popular que defiende y mantiene unas formas particulares de socialismo basadas en la reivindicación Foral, y el pacto por el mantenimiento de la defensa del Comunal. Lo Foral se puede interpretar como la defensa de la descentralización y la apuesta por la Confederación de las Nacionalidades Historicas, y por la defensa de formas anticapitalistas comunales que en esencia defienden un mundo rural autogestionario, y que trasladado a la ciudad no significa ni mas ni menos que los trabajadores sean dueños del proceso autogestionario de las empresas que hoy son de propiedad privada. Ese carlismo popular guarda esencias de antiguas tradiciones de las gentes del campo, costumbres populares, religiosidad popular, vida comunal campesina.














Carlismo Aristocrático Hidalgo, familias de nobles venidas a menos, hidalgos, familias que continuaban siendo fieles a la tradición, vinculadas al mundo rural, a un idealismo medieval son quienes forman la aristocracia carlista. La particular democracia vasca a través de la exsitencia de los Fueros pone de manifiesto la nobleza de los vascos y por tanto se vincula a los vascos como una especie de aristocracia historica popular. El carlismo aristocrático se debe entender como aquella parte de la pequeña nobleza venida a menos que apoyó el carlismo y que hasta ahora lo sigue haciendo siendo fieles a la tradición, generación tras generación viven el monarquismo legitimista y la religión católica de una forma muy particular.










Carlismo Clerical: muy distinto a la religiosidad popular de las gentes del campo y sus costumbres tradicionales, fue el integrismo católico del Partido Integrista, y de aquellos integristas liderados por los Nocedal, quienes pretendieron hacer del carlismo un partido integrista fiel a toda instrucción de ordeno y mando de todo aquello que quería la Jerrarquía Católica, una Jerarquía que nunca jamás apoyó al Carlismo, que se asoció a la derecha terrateniente y caciquil del regimen monarquico liberal restauracionista del siglo XIX en España, y que solo en el País Vasco y en Navarra algunos curas comprendieron la situación del pueblo. La alianza entre el pueblo y la Iglesia Católica solo se puede percibir en aquellas zonas donde existió el carlismo, pero esa alianza no era ni mucho menos con la alta jerarquía católica que apoyaba el regimen liberal burgués del liberalismo conservador y posteriormente de las dictaduras derechizantes, sino que la alianza era entre curas rurales del mundo vasco navarro con sus propios vecinos a los que conocían y entendían por lo que estaban pasando: robos legales, desamortizaciones liberales, saqueos de la propiedad comunal.
El campesinado carlista siempre vió en los curas rurales sus aliados doctrinales y los defensores de los principios cristianos, que otros utilizaban para ponerlos al servicio de la derecha liberal burguesa y así defender un sistema nefasto que solo sirvió en ultima instancia de confrontación entre los pueblos de España, por un lado los militares, la oligarquía capitalista y la Iglesia Jerarquica, por el otro el pueblo, eso fue tristemente la guerra civil española del 36.