miércoles, 15 de agosto de 2007

LA CONFEDERACIÓN DE LAS NACIONALIDADES HISTÓRICAS IBERICAS EN EL CARLISMO







"Las Españas, unidad en la variedad territorializada", no mezclada, ni desperdigada y por tanto diluída en el olvido de la historia, dando comienzo a la extinción de los pueblos de España, por ello el carlismo no se conforma con un simple respeto institucional de los diversos hechos diferenciales y particularismos locales, sino que demanda un respeto y cumplimiento inmediato por el derecho a la territorialidad de los pueblos, sus culturas, tradiciones e instituciones y derechos consuetudinarios.



El termino Confederación parece resultar sorprendente en boca de los Carlistas, quienes siempre la defendieron para defender mejor la unidad de las Españas. El liberalismo político-económico de la burguesía conservadora que había impuesto el centralismo y la uniformización homogeneizante destruía la personalidad particular de los hechos diferenciales de las Españas aniquilando sus Fueros, destruyendo la histórica confederación que había existido en torno a la Monarquía Hispánica y posteriormente a la Monarquía Española Legitimista Carlista en el exilio.


Repasando la historia observamos la España de los Reyes Católicos, que nada tiene que ver con las posiciones políticas del Dictador Franco y su régimen despótico y tiránico al que se intentaba asociar la España de los Reyes Católicos, una España que era mucho más descentralizada que la actual de las autonomías, pues cada territorio tenía sus propias leyes y usos tradicionales heredados del pasado, por derecho Foral y derecho consuetudinario.



Expongo una serie de textos de varios carlistas que corroboran la defensa que hace el carlismo de la descentralización expresada en el derecho Foral y la Confederación de Nacionalidades Históricas Ibéricas.




Carlos VI de Borbón, Rey de las Españas decía en 1860: “ha llegado el momento de buscar en la historia de nuestras antiguas libertades, de esas libertades cuyo origen se pierde en la oscuridad de los tiempos, en Navarra y en las Provincias Vascongadas y que en la Coronilla de Aragón y Castilla regían muchos siglos antes que naciera en Inglaterra”.




"No hay catalanismo, ni regionalismo que pueda competir con las libertades tradicionales, esto es, con los fueros, franquicias y privilegios de nuestros antiguos reinos, y los carlistas todos, con nuestro augusto Jefe a la cabeza, somos fueristas a macha martillo. Mas de 30 años hace que lo venimos predicando a los cuatro vientos"


Manuel Polo y Peyrolón, "Los carlistas, no", Las Noticias (Barcelona), 26 de marzo de 1900, pág 1.


"El dia en què Carlos VII es declarés centralista; el dia en què es borrés del programa carlí les hermoses paraules: autonomia i llibertat; el dia en què per a ser carlí s´hagués de renunciar a la llibertat de la Pàtria, jo i tots los carlins en pes, abandonaríem ¡per què no dir-ho? el que avui nos té disposats a obeir-lo sens objeccions de cap mena".

Joan Bardina.




"Don Carlos, des de fa 30 anys, quan no existia cap catalanista, quan tothom era rabiosament centralista, prometia ja reconèixer a Catalunya Corts Catalanes, Diputació o Ministeri, ús oficial del català, autonomia universitària i judicial. Quan ¡24 anys després! s´escrivien les Bases de Manresa, els catalanistes copiaven ad pedem litterae el programa carlí".

Joan Bardina, Catalunya i els Carlins, Barcelona, Biblioteca Regional, 1900.


"el Regionalisme carlí és tant o més radical que les Bases de Manresa. Té per garantia la història sempre regionalista del partit carlí, el qual considera a l´autonomia com cosa natural, jurídica, indiscutible per les mateixes Corts, puix lo natural, l´anterior a l´Estat, no pot discutir-se ni mudar-se per la voluntat dels homes ni per la posterior de l´Estat".


Joan Bardina, Catalunya Autónoma, en el marco de la "unidad federal ibérica".



“Amb semblants disposicions, se comprèn que les doctrines proclamades per l´Aparisi i sa escola venien a omplir un buit de mon esperit, i la carta, programa de D. Carlos a son germà, seguida del decret de restauració dels Furs havia d´aparèixer a mos ulls com lo verb de la nova idea. Era la doctrina regionalista que em seduïa. Encara que no la comprenia pas bé, portat per un intens amor a les coses de casa, presentia la reconstitució de la nostra antiga nacionalitat i la resurrecció d´una federació espanyola com a única reparació de punyents injustícies i desastrosos erros polítics. Així concebia jo el carlisme, i així vaig acceptar-lo”.

Marià Vayreda, Records de la Darrera Carlinada, 1898.



Cuenta Josep Carles Clemente, en su libro Crónica de los Carlistas:


"Para darnos una idea de los esquemas autonomistas de los carlistas catalanes, citaremos unos párrafos de un artículo de Tomás Caylà Grau, publicado el 12 de abril de 1930 en la revista Joventut, de Valls, Tarragona":


"La cuestión catalana, y la de las demás nacionalidades, ha de ser afrontada y solucionada si el gobierno actual y los venideros quieren paz y tranquilidad.
Acabar de una vez con esta "parodia" que se llama "unidad española" e ir a una confederación en la que las diferentes nacionalidades puedan entrar libremente y por vía de pacto, es lo único que puede traer la pacificación de los espíritus...

Después de dos siglos de esclavitud, el alma del pueblo catalán reclama su libertad. Catalunya quiere gobernarse con Cortes propias y conocedoras de sus problemas y de sus necesidades, quiere hablar sus lengua, regirse con su Derecho y hacer ondear a todos los vientos la bandera de las cuatro barras, (traducido del original catalán)."








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