martes, 14 de agosto de 2007

DETRÁS DE LOS INCENDIOS FORESTALES SE ESCONDEN LOS INTERESES DE LAS CONSTRUCTORAS...







... la especulación urbanistica, la proliferación del capital.




La llegada del verano refleja muchas veces, tristemente la proliferación de los incendios forestales, debido en parte al descuido de los bosques que estan sin desbrozar, y a que algunos de quienes los cuidan en las tareas de extinción de incendios, se dedican a potenciar la quema de bosques para garantizarse un puestecito de trabajo en verano de extinción de incendios, y al observar que no lo va encontrar, entonces dicho individuo decide quemar el bosque.










Antiguamente los bosques estaban al cuidado de los aldeanos, y de aquellas antiguas comunidades rurales que sabían de la importancia vital de la existencia del bosque, el cual se cuidaba más, al desbrozarse. La existencia del bosque garantizaba la caza, y por tanto el autoabastecimiento alimenticio. El bosque delimitaba los terrenos y parcelas agrarias minifundistas y comunales de los habitantes de los pueblos, de forma que un exceso de parcelas sería erroneo al dejarles marginalmente sin bosques, y por tanto sin caza, y sin autoabastecimiento alimenticio, y sin el acceso a las plantas curativas medicinales existentes en los bosques.










Así nos encontramos con la absoluta despreocupación por los bosques, porque ya no son rentables, ni prácticos a los individuos-ciudadanos de los masificados burgos. El abandono de las comunidades rurales, de los pueblos y el mundo rural, fomenta la desprotección del bosque, y por tanto el interés de una minoría de hacerlos rentables, quemandolos, para unos determinados fines siempre lucrativos o mal entendidamente laborales, el caso es que todos los veranos, por más o por menos, tenemos a un bosque como protagonista, pasto de las llamas de los intereses de la especulación urbanistica, del sistema capitalista, que solo ve rentabilidades en materialismos ficticios, condenando a la desaparición bochornosa y cruel de los bosques.










El materialismo, el egoismo capitalista burgués, la sociedad individualista de consumo masificada en las ciudades, vuelven a ser complices una vez más de esta triste realidad veraniega, contribuyendo al cambio climático, al alejar la humedad de los ambitos territoriales contextuales, al contribuir con la desaparición de los bosques, en favor de las urbanizaciones de lujo, del turismo mal entendido, del abuso y despilfarro de los recursos, que fomenta el capitalismo neoliberal burgués y su globalización, que al potenciar el comercio internacional fomenta que no veamos la importancia de la existencia de los bosques, porque ahora, todos los bienes los podemos adquirir facilmente y a bajo precio, por muy lejos que esten, de manera que la existencia del bosque ya no se considera necesaria por las huestes capitalistas neoliberales globalizadoras. El propio sistema neoliberal capitalista y la sociedad individualista y egoísta que ha creado y potenciado es la máxima destructora y complice de la destrucción y la quema de los bosques, pero los principales enemigos, quienes son los que potencian y fomentan la quema de los bosques son los intereses comerciales y financieros de las constructoras, de la derecha política, en definitiva los agentes financieros y el poder plutocrático del neoliberalismo capitalista, al que hay que combatir.

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