viernes, 1 de junio de 2007

LAS IGLESIAS PROFANADAS POR EL CAPITALISMO NEOLIBERAL BURGUÉS







Pedro J Ramírez desde el MAGACINE de su periódico EL MUNDO del domingo 22 de abril de 2007, me llama a la calma ante la malísima noticia que contemplo con estupefacción y asombro que lleva hasta la más absoluta indignación, diciéndome:

“No se asusten. Las escenas que van a contemplar no pertenecen a ningún artista con intención de frivolizar sobre lo más sagrado. Se trata más bien de todo lo contrario, de conservar para la posterioridad el arte y la estructura de los que durante siglos han sido templos cristianos. Su mal estado de conservación, que amenazaba incluso con la ruina, animó a la Iglesia a venderlos o alquilarlos a empresarios privados. El resultado, a la vista está: restaurantes, cafeterías e incluso bares de copas ocupan ahora el espacio dedicado hasta entonces a la oración”.

No me asusto Pedro J Ramírez, ni de usted ni de los que toleran semejante espectáculo, simplemente me indigno, como diría el humorista Luís Piedrahita, si me quedara un mínimo de humor después de tan semejante noticia. Vamos hombre! Ni los Comunistas hubieran dedicado las Iglesias como restaurantes, cafeterías, bares de copas; ellos las habrían dedicado como centros de museos y escuelas, a parte de almacenes y cuadras, todo menos para la oración y el hecho de compartir la casa de Dios entre Cristianos.

Durante los años de la Segunda República Española los dirigentes de la derecha liberal conservadora y de la extrema derecha nos hablaban de la importancia de las fabricas y la producción, de la propiedad privada y de la familia así como de la cuestión y la defensa de la Religión Cristiana Católica. Ante el anticlericalismo creciente que mostraban las huestes izquierdistas del denominado Frente Popular, un anticlericalismo izquierdista heredado por los partidos de derechas como el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux y el movimiento Blasquista de Blasco Ibáñez, que además era en parte explicable por la actitud que mostraba la jerarquía Católica Española de sometimiento a las estructuras de capitalismo liberal burgués que la oligarquía financiera burguesa venía imponiendo a los pueblos de España desde el año 1833 con la ayuda del golpismo y militarismo del ejercito gubernamental instrumentalizando a lo que tradicionalmente había venido uniendo a los Españoles desde antaño: Religión y Monarquía.
Los lamentables acontecimientos que supuso la guerra civil española, una perdida moral, material, social, etc. irreparable donde se enfrentaron dos bandos uno denominado por la historiografía oficial como bando nacional y el otro como bando republicano. Ambos bandos representaban concepciones ideológicas, económicas y políticas distintas. Las estructuras económicas defendidas por el bando nacional eran sobre todo capitalistas, porque se apoyaban en el latifundismo terrateniente oligárquico para propulsar el capitalismo mercantil y posteriormente el financiero. Representaba a los herederos de quienes desde 1833 se habían venido adueñando ilegítimamente del Comunal de los Municipios y de las tierras de la Iglesia, a través de la dominación de las estructuras del Estado Burgués Español, que nacionalizaría las tierras para venderlas al mejor postor, de manera que propiciaría una reforma agraria liberal que beneficiaría únicamente a los nuevos ricos, comerciantes, agiotistas, especuladores, financieros, capitalistas, dueños de las tierras robadas injustamente. La Iglesia Católica en principio parecía oponerse a la imposición liberal burguesa, al percibir la expropiación y robo de sus tierras por las huestes liberales capitalistas, pero posteriormente un reconocimiento oficial por parte de los gobiernos liberales burgueses del mantenimiento de la Iglesia Católica mediante presupuesto de culto y clero y posteriormente mediante los sucesivos concordatos y financiación estatal de la Iglesia Católica hicieron posible la postración de la jerarquía Católica ante el poder político-económico que representaba la revolución liberal burguesa, que era la de los herederos conservadores de la misma, es decir la derecha política española, por ello burgueses, financieros, capitalistas, usureros, banca nacional e internacional, multinacionales, transnacionales, etc, interesados en su conservación. Todos ellos representan a la derecha política conservadora y liberal defensora de los intereses del comercio de las ciudades y de las industrias. Esta derecha nacionalista esgrimía la defensa de la Religión y la Monarquía instrumentalizadas ambas por ellos, para defender realmente sus verdaderos intereses de lucro y beneficio propiciados por el capitalismo que representaban. Mientras que el bando republicano defendido por el Frente Popular era un cúmulo de agrupaciones izquierdistas desde las más moderadas a las más radicales que señalaba la importancia de lograr una verdadera reforma agraria de repartición de tierras que se había hecho mal durante el siglo XIX, y que solo había beneficiado a los nuevos ricos comerciantes burgueses convertidos en terratenientes quienes impedirían a toda costa el proceso de reparto de tierras para los campesinos.
El anarquismo era una de las ideologías más importantes entre el pensamiento de numerosos campesinos que tenían hambre de tierras, y que observaban desde el inicio de la II Republica que no se favorecía su situación, a pesar de las diversas expropiaciones que había llevado a cabo el gobierno republicano a favor de dicha clase jornalera y campesina de reconocimiento de la titularidad de la tierra, en perjuicio de los herederos de quienes habían usurpado la tierra en el siglo XIX al pueblo y a la Iglesia. Las políticas del Frente Popular estaban encaminadas en pretender solucionar numerosos problemas económicos y políticos que había por aquel entonces en España, aunque lo peor fue el no centrarse en solucionar principalmente los verdaderos problemas y males que aquejaban a la población española de aquella época: el hambre, la desnutrición y la pobreza asociada a la no titularidad y no reconocimiento oficial de la propiedad de la tierra. La rama más anticlerical y liberal de la izquierda pretendía la disolución que consiguió de la Orden de los Jesuitas y prácticamente su destierro, se empeñaron en terminar de expropiarle a la Iglesia Católica la posibilidad de realizar sus tareas y labores sociales asociadas a los valores cristianos, encargada de las leproserías, hospitales, orfanatos y numerosas obras sociales y caritativas que la Iglesia venía realizando para desempeñar su labor social cristiana. Algunos liberales anticlericales influenciados desde posiciones Lerrouxistas y Blasquistas, veían mal la influencia de la Iglesia Católica en la sociedad española y para ello era menester apartarla del pueblo y por tanto de sus labores sociales asociadas al mantenimiento de hospitales, orfanatos, etc., que el Estado no podía mantener porque no tenía los suficientes ingresos; no obstante el anticlericalismo político de la II Republica tuvo gran fuerza y presionó para apartar a la Iglesia del pueblo, en lugar de haber mantenido una actitud a favor de la integración didáctica y cooperativa, pues la enseñanza pública que pretendía el Estado Republicano no tenía porque haber ido en contra de aquellos maestros que eran los curas, no tenía el gobierno de la II Republica Española porque haber disuelto la Orden de los Jesuitas, porque aquello realmente no formaba parte del verdadero problema social a resolver, el cual era el hambre de tierras. Es posible que la II Republica tuviera buena voluntad, pero es evidente que fueron demasiados problemas los que quisieron resolver, para quien mucho abarca poco aprieta, y que verdad fue porque la II Republica comenzó a tener enemigos por todas partes. Parte de los militares por la disolución de una o dos de sus academias más prestigiosas y porque consideraban que España se rompía al abrazar el mismo pensamiento político que el de la derecha conservadora y liberal de la España del siglo XIX; gran parte de la Jerarquía Católica que veía peligrar su influencia en la enseñanza y en los sectores donde desempeñaba su labor social cristiana; los terratenientes latifundistas y la oligarquía capitalista burguesa que veía peligrar sus monopolios económicos. Estos grupos fueron los que realmente formaron parte del bando nacional.
Los Carlistas eran gentes pertenecientes a los distintos pueblos de España y tuvieron que decantarse entre uno de los dos bandos. El Carlismo nunca había sido republicano aunque se había sublevado alguna vez junto a los republicanos durante el siglo XIX en Catalunya, tampoco era precisamente anticlerical al considerar beneficioso la labor evangélica y social desempeñada por la Iglesia; de forma que el Carlismo se puso del lado del bando nacional, al considerar que desde el bando republicano se atacaba a su Fe Cristiana Católica y se desmembraba las Españas. La derecha política española había aireado los valores de patriotismo, la defensa de la religión, la propiedad y la familia, muy propios de ellos, que coincidían con los Carlistas salvando algunas distancias en cuanto al concepto de propiedad, y el concepto a lo que equivaldría lo de patria. Para la derecha la propiedad privada era algo heredado por la revolución liberal burguesa que sus antepasados habían protagonizado, de forma que consideraban la propiedad privada como algo absoluto y acumulativo en lo referente al capital financiero, ya que habían adoptado el capitalismo como sistema de organización económico, heredero históricamente del Calvinismo Protestante por dicho factor de acumulación de capital. Mientras que la propiedad privada para el Carlismo equivaldría a la defensa de la restauración de las propiedades comunales de los municipios, la pequeña propiedad minifundista y la enarbolación del principio de justicia social por el que se defendía el derecho de los campesinos a tener una parcela agrícola minifundista, es decir la propiedad bien repartida de forma equitativa tomando como ejemplo de propiedad las zonas del minifundismo agrícola del norte Vasco-Navarro. La derecha conservadora y liberal entendía la propiedad privada de forma absoluta y la basaba en el latifundismo agrícola y terrateniente de las grandes propiedades de la meseta y el sur peninsular. Mientras que la derecha política española defendía la propiedad privada absoluta latifundista terrateniente, el carlismo defendía la propiedad privada agrícola minifundista y la restauración del comunal de los municipios. La propiedad privada absoluta para el carlismo era ininteligible, porque fuera como fuere el mercado, fuera cual fuere la situación del contexto social era aceptado por la derecha legalista pero no por el carlismo legitimista, ya que mientras que el legalismo se preocupaba por el buen funcionamiento de las instituciones políticas liberales, el legitimismo carlista se preocupaba por la justicia social. Es decir si existían imperfecciones en el contexto social que rechazaban el principio de la justicia social, para los legalistas conservadores y liberales constitucionalistas todo funcionaba correctamente, mientras que para los carlistas se vulneraba el principio de justicia social, de ahí que legalidad no sea lo mismo que legitimidad. Sin embargo tristemente estas diferencias entre el carlismo y la derecha no se pusieron encima de la mesa cuando la cuestión era defender el tesoro de la Fe, así el Carlismo dejaba de defender algo propio, por algo que consideraba también propio: la defensa de Dios, la Religión, sus templos y manifestaciones libres religiosas.
El otro punto es el de Patria; para la derecha la patria era España, uniformada, centralizada, donde el Español se confunde con el Castellano. Que Catalunya presentara su proyecto estatutario (Estatuto de Nuria), o que los Vasco-Navarros hicieran lo propio con el Estatuto de Estella, para los militares esto era traición a la nación, que para ellos y la derecha política española es España. El problema de la derecha política española es que confunde España con el Estado Español y en este hecho de cosas piensan en la imposición de la uniformización y la centralización política. Los Carlistas participaron en la formulación y constitución de los proyectos estatutarios Vasco-Navarro (Estatuto de Estella) y Catalán (Estatuto de Nuria); para los Carlistas España no es el Estado Español, porque España no es ningún coto cerrado de ninguna clase social, que implique la denominación Estado o Estamento Burgués de dominación de España por dicha clase. Así la patria Española para los Carlistas aparecería como la Confederación de Nacionalidades Históricas expresada en la restauración de los diversos Reinos, Señoríos y Principados Españoles, sus Fueros, buenos usos y costumbres, mientras que para la derecha legalista conservadora y liberal España era el Estado Burgués Español.
Ante los ataques a los edificios religiosos y a las manifestaciones religiosas por parte de las huestes anticlericales el Carlismo se puso del lado de los que supuestamente defendían la Fe Católica, es decir del lado de la derecha legalista constitucionalista conservadora centralista oligárquica burguesa, que había sido enemiga del Carlismo en las anteriores tres guerras carlistas. La derecha legalista conservadora oligárquica burguesa española acusaba a los comunistas de pretender la aniquilación de la Fe Cristiana Católica, siguiendo el empeño de dicha afirmación al constatarse los hechos históricos que supusieron el conflicto civil de 1936 a 1939, donde se presentaba a las huestes izquierdistas anticlericales como enemigas de las manifestaciones libres religiosas y los edificios religiosos. El Comunismo sirvió de excusa a las huestes defensoras del capitalismo oligárquico burgués, para apercibir a los carlistas, de que el verdadero enemigo era aquel que profanaba los templos religiosos en nombre del comunismo, utilizándolos como almacenes, museos, escuelas, talleres, en lugar de utilizar dichos templos como centro de oración, pues las manifestaciones religiosas públicas estaban prohibidas por los comunistas. La verdadera intención de la derecha política española al apercibir a los carlistas de dicha observación era la defensa de los intereses económicos y políticos de la derecha legalista conservadora oligárquica burguesa, la defensa del sistema capitalista y su mercado. Los Carlistas, son gentes nobles que creen en principios, y creyeron en los principios por los que se luchaba en el campo de batalla; lograr la libertad de poder llevar a cabo las manifestaciones públicas religiosas y la protección de los templos religiosos que habían sido atacados por las huestes anticlericales.
Tristemente hoy me encuentro con que los herederos de aquella derecha política legalista oligárquica burguesa, instalada en la Unión Europea y en España, que señalaba a las huestes izquierdistas anticlericales y al sistema comunista como enemigo materialista profanador de la Fe Cristiana Católica, de sus templos y manifestaciones religiosas para defender sus intereses económicos burgueses capitalistas; son hoy los mayores profanadores de Templos religiosos desde la agresión anticlerical que supuso el comunismo, pues lo hacen desde el legalismo y el constitucionalismo oficial al instituir la libertad de mercado que implica los derechos de dicha burguesía capitalista oligárquica sobre los Templos Cristianos que están siendo profanados al abolir legalmente del Templo la oración. El neoliberalismo capitalista globalizante se ha creído que puede imponerle a los Cristianos la ley del mercado, y que no diremos nada ante dicha profanación mercantil de los templos cristianos, por el simple hecho de acatar la propiedad privada y la defensa legal del mejor postor, impuesta por el sistema. Entiendo la dificultad creciente de la Iglesia Católica para la conservación y mantenimiento de los edificios religiosos, pero lo que no puedo comprender es que dichos templos alberguen ahora restaurantes, cafeterías, bares de copas que ocupan el espacio que antes se dedicaba a la oración. Esta falta de respeto a los templos religiosos cristianos por parte de la civilización occidental heredera directa de la revolución liberal burguesa y sus conservadores herederos hoy representados en los partidos conservadores y progresistas liberales los cuales nos ofrecen una sociedad de consumo y materialista sin principio alguno, es consecuencia de la introducción del modelo y sistema de mercado del que nuestra sociedad está imbuida, como consecuencia de haber defendido en España al bando nacional, un bando capitalista, mercantilista, que no luchaba por principios sino por intereses económicos capitalistas burgueses y liberales, pues si bien en el campo de batalla se mataban los idealistas y los defensores de ese Don Quijote de la Mancha, en la retaguardia se preparaba la instauración del régimen capitalista de mercado de la oligarquía burguesa y capitalista. Esto es lo que tenemos hoy; la profanación de Templos Cristianos en Europa por parte de las huestes conservadoras liberales burguesas que decían defender la Fe Cristiana Católica, cuando lo que defienden es el interés y beneficio lucroso económico del capitalismo materialista y consumista. El patrimonio histórico y cultural lo debe conservar el Estado. La Corona Legitimista para los Carlistas será la institución subsidiaria que mantenga la conservación de los edificios y templos religiosos, no solo por el motivo religioso y la importancia que tiene para nosotros los Cristianos Católicos, sino por el deber de la Corona en su caso, o el Estado del mantenimiento del patrimonio histórico y cultural de un país, de manera que no puede ser posible la conversión de los centros religiosos en bares de copas, cafeterías y restaurantes. Los defensores de la propiedad privada absoluta como son los neoliberales capitalistas no lo tienen claro, pues su proyecto es la privatización y la mercantilización de todas las cosas, incluida la Religión y la Fe Cristiana representada en la entrada en los Templos Cristianos de los mismos mercaderes que Jesús se vio obligado a expulsar a latigazos por la profanación consentida de la Casa de Dios por el pueblo Judío, que utilizaba el Templo para la comercialización de bienes ajenos a la oración y al templo religioso. Por mi parte mi rechazo total a este tipo de profanación realizada y tolerada desde las estructuras capitalistas de mercado y sus defensores quienes no nos engañarán más a los nosotros los Carlistas. Quedando entonces claro, que no es la Iglesia quien domina a la Banca y a las Multinacionales, sino todo lo contrario.