miércoles, 11 de abril de 2007

LA CORONA LEGITIMISTA CARLISTA FRENTE A LA MONARQUÍA LEGAL LIBERAL BURGUESA









“Amb semblants disposicions, se comprèn que les doctrines proclamades per l´Aparisi i sa escola venien a omplir un buit de mon esperit, i la carta, programa de D. Carlos a son germà, seguida del decret de restauració dels Furs havia d´aparèixer a mos ulls com lo verb de la nova idea. Era la doctrina regionalista que em seduïa. Encara que no la comprenia pas bé, portat per un intens amor a les coses de casa, presentia la reconstitució de la nostra antiga nacionalitat i la resurrecció d´una federació espanyola com a única reparació de punyents injustícies i desastrosos erros polítics. Així concebia jo el carlisme, i així vaig acceptar-lo”.

Marià Vayreda, Records de la Darrera Carlinada, 1898.




“Dos distintas concepciones monárquicas están planteadas ante el porvenir político: la monarquía tradicionalista, popular y social que defiende el carlismo con su legitimismo dinástico, y la monarquía liberal, capitalista y reaccionaria, que sostiene el juanismo”.


Párrafo de: “La verdad sobre los hechos de Estoril”.


Nota: Juanismo se refiere a Juan, padre del actual Jefe del Estado: Juan Carlos de Borbón. Juan fue el hijo de Alfonso “XIII”, nieto de Alfonso “XII” y bisnieto de Isabel “II”, la denominada por los Carlistas como dinastía liberal burguesa, que usurpó el Trono de España a la Legítima Dinastía Carlista de los Borbones (Carlos V, Carlos VI, Juan III, Carlos VII, Alfonso Carlos I, Javier I y Carlos Hugo I).





"La Monarquía, es el sistema político creado por el pueblo para defenderse contra los abusos de los poderosos, de ahí que la principal misión del Rey es hacer justicia. ¿Que tiene la Monarquía para que el pueblo haya visto en ella una garantía de justicia?: La forma de sucesión, pues al estar basada en la legitimidad familiar hace que el Rey deba su poder a todo el pueblo, no a un grupo poderoso. ¿Que fuerza tienen entonces los argumentos antimonárquicos de "por qué ha de gobernar el hijo" o "si el heredero es tonto"? Son alegatos burgueses que quieren ocultar que el que suceda precisamente el hijo es la garantía del pueblo frente a los poderosos, y que si el heredero es "tonto" no gobierna, como ya ha ocurrido en la historia, y el derecho pasa al designio en la Ley de Sucesión, fijada con intervención del pueblo". Entonces ¿el Rey, reina y gobierna?: Claro; si sólo reinase sería una figura decorativa, y de lo que se trata es de que administre justicia".






Sacado del Esquema Doctrinal; publicación de la A.E.T. Madrid 1964.


Aplicar el lema popular: “Mas Sociedad, menos mercado; Mas Sociedad menos Estado” implica la determinación que sea la sociedad organizada quien se gobierne así misma teniendo en cuenta la familia, la comarca, el municipio, los grupos profesionales, los particularismos locales y los hechos históricos diferenciales entre otros. Para que la sociedad sea dueña de su destino y sea realmente democrática, hay que liberarla del yugo del mercado y su neoliberal capitalismo globalizante y también liberarla del yugo que supone la burocracia enquistada e intervencionista del aparato del Estado; pues el Estado es un instrumento de la clase dominante que es defensora del neoliberalismo capitalista, al convertirse en maquinaria opresora y represora de la voluntad de los pueblos, al pretender llevar a cabo todo tipo de tareas políticas y públicas sin tener en cuenta ni consultar con el pueblo, porque presupone la defensa del lema: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. El Estado es un marco dirigido por el gobierno, que controla el parlamento, siendo esta institución de poder absoluto ya que en dicho parlamento están representados únicamente los profesionales liberales pero no el resto de sectores productivos, no el resto de trabajadores del país, al percibir que en los escaños parlamentarios se sientan los profesionales liberales, entre otros, abogados y economistas.
Estado y Mercado son los amos de la democracia, reduciéndose a la sociedad a ser un mero instrumento de dichos amos, representados por los poderes del gobierno que controla el parlamento y por el poder independiente, inconcreto y ficticio de la Banca, así como por las multinacionales y transnacionales.
Teniendo en cuenta este estado de cosas las sociedades, los pueblos se sienten desprotegidos por los envites cada vez mayores a los que les somete el mercado y su globalización neoliberal capitalista. Pueblos que creen necesario fortificar el Estado y hacerlo más interventor para frenar los abusos continuos del mercado; estos pueblos y sociedades posteriormente vislumbran que dar mas poder al Estado les arrebata su democracia y su libertad, porque tanto el Mercado como el Estado arrebatan y roban la libertad y la voluntad del pueblo y la sociedad, pues empíricamente observamos como Mercado y Estado son objetivos últimos y la Sociedad y Pueblos son el instrumento para llegar a cumplir esos objetivos finales que significan Mercado y Estado en la importancia del hecho del Capital, sistema que envuelve a estos dos objetivos finales del capitalismo neoliberal burgués globalizante, de forma que no alcanzamos el bienestar del pueblo, limitado a un materialismo y consumismo nihilista, sino a favorecer por encima de todas las cosas el bienestar del Estado y sobre todo satisfaciendo el bienestar del Mercado, al contribuir con una globalización neoliberal capitalista que pone de rodillas a las sociedades y a los pueblos reduciéndolos a simples instrumentos del capital.
El Carlismo se hizo eco de este problema advirtiendo que ni el Estado ni el Mercado debían ser los objetivos finales pues ni el parlamento absolutista centralista uniformador, ni la Banca y las transnacionales oligopólicas son los objetivos finales a cumplir ya que tanto el gobierno que controla el parlamento y es dueño de los resortes del poder del Estado; como el poder de la Banca y las transnacionales deberían ser instrumentos y medios en beneficios de la sociedad y de los pueblos, debiendo ser estos últimos el verdadero objetivo final, haciéndolos participes en el proceso democrático, llevando a cabo el lema: “Mas Sociedad, menos mercado; Mas Sociedad menos Estado”.
Si recordamos el origen del Estado, no es mas que la referencia al Estamento denominado Tercer Estado en el Antiguo Régimen, que era controlado básicamente por la burguesía capitalista a finales del siglo XVIII. La revolución liberal burguesa supuso el control absoluto de un país, única y exclusivamente por dicha clase social, que hará todo lo posible por anular la presencia política de otros grupos sociales, y asegurando la plenitud y el dominio parlamentario gubernamental a los profesionales liberales, es decir el Estado Burgués o Estamento Burgués mediante el proceso de revolución liberal burguesa, utilización del ejercito y demás agentes coactivos, aniquilará la presencia de los otros Estados o Estamentos Sociales para asegurarse el monopolio general del país haciéndolo acorde a sus intereses de clase y para ello se valdrán de la utilización del ejercito como instrumento opresor al servicio de ese Estamento Burgués o Estado Burgués, que les garantice el control y dominio del país y territorios históricos concretos, reduciéndolos y convirtiéndolos en simples provincias, uniformándolos a su imagen para vertebrar un mercado capitalista, valiéndose del pensamiento centralista uniformador, anulando así Fueros y aniquilando todos los particularismos históricos sociales y locales para satisfacer al capitalismo liberal burgués que se asentaba a sangre y fuego.
El Estado actual es heredero directo del Estamento o Estado liberal Burgués Capitalista, que controla al parlamento mediante el gobierno, pues parlamento y gobierno se confunden en el Estado liberal Burgués ya que gobierno y parlamento juegan ambos de parte del poder, unas veces porque el parlamento controla al gobierno por sus mayorías relativas y otras porque el gobierno controla al parlamento por sus mayorías absolutas. El caso es que no existe en el Estado Liberal Burgués ningún tipo de contrapoder institucionalizado al poder institucionalizado. Ejemplos de ello fueron las manifestaciones contra la guerra de Iraq donde la sociedad reacciona ante una imposición parlamentaria y gubernamental decidida de forma partidocrática y unilateral frente a la sociedad, al pueblo, a los pueblos, situados en las decisiones políticas y públicas en la más absoluta marginación e impotencia al ver que sus gobernantes ya habían decidido por ellos mismos, sin consultarles ni siquiera en un referéndum vinculante popular, favoreciendo el: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, divisa heredada por los liberales y los neoliberales del despotismo ilustrado del siglo XVIII.
La revolución liberal burguesa favoreció la aniquilación de una serie de instituciones populares que servían para limitar el poder de la burguesía capitalista, y sobre todo limitar sus vislumbrantes y prometedores abusos y desafueros. Una de esas instituciones que impedía dichos abusos burgueses, que limitaba el poder de la burguesía financiera y capitalista, era la monarquía tradicional o carlista. La burguesía financiera y capitalista sabedora de su poder tramará la estrategia de hacer del país o territorio histórico concreto, su Estamento o Estado, convirtiendo al país en una parcela burguesa liberal capitalista en manos de los profesionales liberales a imagen y semejanza de lo que fue el Despotismo Ilustrado y el Absolutismo de un tirano. Es así como la burguesía trama su estrategia que le llevará a protagonizar las revoluciones liberales burguesas, para adueñarse del país en su objetivo de impulsar las reformas liberales necesarias y pertinentes para vertebrar un mercado nacional, imponiendo el sistema capitalista.
Usurpaciones de tierras, expropiaciones, desamortizaciones, abolición foral, aniquilación de las tierras comunales, eliminación gremial; medidas destacadas por las huestes liberales para favorecer la vertebración de un mercado nacional para su lucro y beneficio propios de su clase usurera, dejando sin tierras a muchos campesinos y jornaleros que se vieron de la noche a la mañana sin poder gozar del usufructo de la tierra, que si les reconocía la monarquía tradicional; o se quedaron sin las tierras comunales nacionalizadas por el Estado Liberal Burgués, amparado por el gobierno que controlaba al parlamento centralista absolutista; tierras nacionalizadas en manos del gobierno liberal burgués, vendidas al mejor postor mediante subasta pública, potenciando una clase oligárquica caciquil, favoreciendo a los nuevos ricos, las clases comerciantes y burguesas, a nuevos amigos advenedizos enriquecidos sin escrúpulos, quienes pujaron y se apropiaron ilegítimamente de las tierras comunales de los municipios y de la Iglesia, estas últimas servían de recurso para mantener orfanatos, hospitales y leproserías, mantener una serie de servicios sociales de los que se había encargado siempre la Iglesia Católica, y que de la noche a la mañana, por culpa de una minoría “ilustrada” con la entrada del nuevo régimen liberal burgués, los pobres serían cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. mientras la jerarquía Católica pactaba con los ladrones del pueblo, es decir con la burguesía Capitalista, el bajo clero campesino escuchaba amargamente las lamentaciones populares debidas a los robos y expropiaciones ilegitimas liberales. El Carlismo nació como reacción a la usurpación liberal burguesa que les robaba el pan de cada día, pues los nuevos ricos, terratenientes, oligarquía financiera y burgueses implantaron un modelo de reforma agraria que potenció el latifundismo terrateniente y con ello numerosos campesinos se quedaron sin sus casas que habían sido de sus antepasados y que el nuevo régimen liberal burgués con la ley en la mano procedió a acometer ilegitimidades y usurpaciones injustas reconociendo oficialmente la propiedad de esas casas campesinas a quienes habían sido de derecho o nominalmente dueños de la tierra, en lugar de reconocer dichas propiedades a los que venían disfrutando desde antiguo del usufructo de la tierra y habían sido dueños de hecho de la misma.
La Alta Nobleza, los Grandes de España y la Burguesía se pusieron de parte del nuevo sistema liberal burgués que les reconocía la propiedad y titularidad de la tierra, pero los afectados por este hecho se pusieron del lado de Don Carlos, a quien la burguesía capitalista instrumentalizando a Maria Cristina y a su hija Isabel, había destronado ilegítimamente, arrebatando su legítimo trono, para imponer el nuevo sistema liberal capitalista, e instalar así a su oligarquía financiera y caciquil, vertebrando el nuevo mercado y la industrialización burguesa. Los afectados por los desafueros cometidos por los gobiernos liberales serían denominados: Carlistas, por ser partidarios de Don Carlos, al ser este príncipe reflejo y personificación en primera persona de ser el primer agraviado por la revolución liberal burguesa capitalista de la misma forma que lo eran muchos campesinos y jornaleros como contaba anteriormente.
Los Carlistas verían en la monarquía carlista una institución que encarnaba la Confederación de los diferentes Reinos, Señoríos y Principados Españoles que existieron durante siglos en la Península Ibérica a la que los Carlistas denominaban y llaman Hispania o España (denominación castellana); de manera que cuando se referían a su Rey Legítimo, que estaba en el exilio por la prohibición expresa del régimen liberal burgués instalado en España, bajo una monarquía liberal, instrumento de la nueva clase dominante y su capitalismo financiero mercantil; era considerado como Rey de las Españas, porque éstas son varias, independientes y diferentes, unas de otras; por tanto, no es una única España, eso si, unidas todas ellas por la monarquía carlista, institución legitimista que encarna la Confederación de las diferentes Nacionalidades Históricas, una confederación que recibe el nombre de España.
Los Carlistas venían defendiendo la institución de la Corona porque esta respetaba los hechos históricos diferenciales y particulares de cada uno de los Reinos, Señoríos y Principados Españoles a través de un Pacto Histórico y hereditario entre el pueblo Español fiel a la Dinastía Legitima, proscrita y exiliada que se comprometía en jurar los Fueros de los distintos territorios Históricos Españoles como acto de pleno reconocimiento de los derechos legítimos públicos y consuetudinarios de cada uno de los diferentes pueblos españoles, reconociéndoles de hecho su identidad, integridad, territorialidad, su autogestión y su autodeterminación, y por tanto sus legitimas libertades históricas, arrebatadas por la revolución liberal burguesa y su capitalismo liberal globalizante. Ese Pacto Histórico entre el Pueblo Carlista y su Rey Legítimo mantendría a las Españas unidas en nombre de la Monarquía Carlista que expresaría la Confederación llamada España, siempre que ésta fuera restaurada y se hiciera todo lo posible por derribar a la usurpación liberal burguesa que había hecho de España su Estado, una parcela política-económica, parlamentaria absolutista, centralista y uniformizadora que negaba la personalidad y particularismos históricos locales a los pueblos de España y que potenciaba y hacía de España, de las Españas un nido de mercaderes del comercio internacional, en la cual España estaba vendida, al imponerse el Capitalismo Burgués y su Estado Partidocrático, Centralista, uniformador, así como la vertebración de un mercado nacional que posibilitaba la intromisión de compañías multinacionales capitalistas, amparadas por la ley del régimen liberal.
Los Carlistas ven en la institución de la Corona Legitimista, que no es la referida a la actual monarquía liberal de Juan Carlos de Borbón, sino a la de Don Carlos Hugo de Borbón, la máxima representación de ese Pacto Histórico entre el Pueblo Carlista y su Rey Legítimo expresado esta vez no sólo como la jura de los diferentes Fueros para cada uno de los territorios históricos españoles, sino como la creencia política y pública que la Corona debe ser una institución política independiente, propia y autónoma mantenedora de la justicia basada en el principio de subsidiariedad. Es decir, la Corona sólo actuará cuando las causas y el contexto social político, económico, etc. de un territorio histórico concreto lo requiera, siempre y cuando la sociedad y el pueblo debidamente organizados no puedan desenvolverse por si mismos necesitando de una ayuda subsidiaria superior, de una institución que les ampare y les permita seguir en el compromiso político del autogobierno, manteniendo en todo momento el principio máximo de la justicia, esa institución es la Corona Legitimista o Carlista.
Para el Carlismo el principio de la justicia social es muy importante, de forma que la Corona Carlista intervendrá en el ámbito de la sociedad, solo cuando ésta no sea capaz o encuentre dificultades para llevar a cabo su autogobierno, interviniendo la Corona de forma subsidiaria, ante los síntomas de injusticia sociales. Tenemos ejemplos históricos que nos confirman el papel justo y subsidiario de la institución de la Corona, cuando esta ha sido una institución independiente y autónoma, cuando no ha sido secuestrada por los intereses de una clase social, como la burguesía, cuando no ha sido aupada por los capitalistas y financieros, cuando el pueblo realmente ha percibido en ella una ayuda directa y un amparo protector ante las injusticias que cometía una minoría lucrativa. Una Corona así, que interviene para advertirle a los terratenientes y burgueses que les devuelvan las propiedades y el ganado a los campesinos de los Clanes Escoceses, imponiendo un severo castigo al Duque de Argyll, jefe de los Campbell, clan terrateniente oligárquico, burgués, comerciante y capitalista asociado a los intereses comerciales de la City de Londres. O cuando es el máximo interés público de la Corona Legitimista en el exilio de restaurar los Fueros y propiedades que han sido expropiadas y robadas por la burguesía financiera capitalista caciquil, instrumentalizando a la monarquía liberal y a su ilegitimo rey, dejando a campesinos y jornaleros con hambre de tierras. La monarquía liberal burguesa aparece como cómplice e instrumento de la clase dominante, la burguesía capitalista, que propicia todos los desmanes, desafueros e injusticias con su ley burguesa en la mano, beneficiando a la oligarquía financiera y capitalista, al ejercito instrumentalizado por ésta contra el pueblo, el carlismo y su rey legítimo en el exilio. La monarquía tradicional o carlista aparecía como la mantenedora de la libertad, cómplice y aliento del pueblo, aliada de campesinos foralistas y pequeños propietarios minifundistas, quienes confiaban en la restauración monárquica carlista, hacer venir al Rey Legitimo del exilio, para que fuera el mantenedor de todas las justicias y les protegiera de los desmanes liberales capitalistas de la revolución burguesa. La monarquía carlista en el pensamiento campesino tradicional aparece como una institución subsidiaria mantenedora de la paz y la justicia. La monarquía liberal burguesa y capitalista de la que es heredera directa la actual monarquía de Juan Carlos de Borbón, aparece como una institución cómplice, instrumento, aupada y defendida por una minoría, la clase dominante, por la burguesía financiera oligárquica y capitalista que utiliza el nombre de la monarquía, e instrumentaliza al ejercito para dar golpes de Estado e instaurar su régimen oligárquico burgués financiero capitalista globalizante, institucionalizado en los poderes de la Banca que controla el Parlamento, donde se sientan los profesionales liberales y los intereses de multinacionales y transnacionales amparados por dicha institución y por el gobierno cómplice al servicio de los intereses del mercado. Frente a ellos se encuentra la legitimidad representada por la monarquía carlista en su afán de mantener la justicia social, de forma subsidiaria, respetando el autogobierno y la independencia de cada uno de los territorios históricos Españoles, a través de la jura de los Fueros, reconociendo el derecho de los pueblos Españoles a su pleno autogobierno, pues la Corona Legitimista o Carlista queda limitada al mantenimiento de la justicia a través del cumplimiento del principio de subsidiariedad con la que se obliga la institución de la Corona a actuar e intervenir en la Sociedad, siempre y cuando ésta lo demande y solicite a dicha institución, que la amparará y protegerá frente a los abusos lucrativos de una minoría empresarial, tiránica y despótica representada por ejemplo en los intereses comerciales y financieros de las multinacionales y la Banca Internacional.
Así es como se logra que sea la sociedad y no el Estado quien tenga la democracia real, pues el Estado no se conforma con el papel de la subsidiariedad, sino que es promotor desde el gobierno parlamentario de cualquier tipo de intervención política y absolutismo partidocrático, desincentivando a la Sociedad a actuar a favor de su pleno autogobierno, de su propia autogestión, de su propia autodeterminación. El Estado aparece como un yugo al que hay que soportar y obedecer, pues es la burguesía capitalista y financiera dueña y representante de ese Estamento o Estado. Sin embargo la Corona Legitimista aparece como una institución que se encarga de solucionar aquello que la sociedad no es capaz de realizar con sus estructuras de autogobierno; es decir, ante la presencia de “fallos de la sociedad” aparece la institución de la Corona interviniendo como institución únicamente de forma subsidiaria, para favorecer el mantenimiento de la justicia social, creando un vinculo social, afectivo, real por parte del pueblo hacia la institución de la Monarquía, pues la intención es que vean en ella, no la guarida, ni el instrumento del capitalismo liberal burgués, que la tiene secuestrada, sino que vean en ella una institución que realmente sirve para ayudar al pueblo, que sea del pueblo y para el pueblo, que represente los intereses del pueblo, de los pueblos de España, de lo contrario no nos sirve. Hay quien puede pensar que una republica con su presidente electo puede realizar el mismo papel subsidiario que realizaría la Monarquía Carlista, para ayudar y subsidiar en caso de “fallo de la sociedad” para mantener la justicia y ayudar al sostenimiento del buen funcionamiento del autogobierno de los territorios históricos concretos representados por los diferentes pueblos de España. Sin embargo, sostengo que la participación de la sociedad al elegir democráticamente al presidente de la republica puede estar perfectamente distorsionada dicha elección por los efectos de los intereses de la clase dominantes burguesa dueña del poder financiero, recordemos poder ficticio, inconcreto y difícil de controlar. Ese poder de la Banca, y el de los intereses multinacionales pueden distorsionar la elección democrática del presidente de la republica, favoreciendo que la sociedad se decante sin saberlo por un candidato que realmente representa los intereses oligárquico-financieros del capitalismo internacional, mientras que la monarquía carlista está atenta y es inamovible ante maniobras burguesas de ese tipo, es por ello que se encuentra hoy en el exilio y que fue destronada precisamente por plantarle cara a dicho capitalismo burgués.
También se me puede replicar admitiendo que la institución monárquica no es perfecta, y que puede ser controlada por ese poder financiero bancario que controla el parlamento y el gobierno; de hecho ya ocurre, pues cantidad de monarquías hoy están no al servicio del pueblo sino al servicio del gran capital, si eso ocurriera con la monarquía no nos interesaría ese tipo de monarquía, pues sería una monarquía liberal, que es la controlada y aupada por los intereses financieros y capitalistas de la Banca Universal. Lo que expreso en estas líneas es la dificultad tremenda que encontraría el poder del dinero, de la Banca, y las multinacionales si su esperanza es de establecerse libremente campando a sus anchas si se piensan que la monarquía carlista no va hacer nada para impedirlo, es mas la Dinastía Carlista lleva desde 1833 exiliada, expulsada y atormentada por los poderes financieros y económicos y políticos que instrumentaliza la Banca Internacional y las Multinacionales. Su sentido critico contra las injusticias y sus luchas en el campo de batalla contra la revolución liberal burguesa que expresaba el capitalismo internacional en su afán de imponer y vertebrar el dominio del mercado sobre la libertad de la sociedad y pueblos españoles, da pruebas suficientes del compromiso que tiene la Dinastía Carlista para con el pueblo y la sociedad frente a los intereses del capitalismo neoliberal globalizante que impone una minoría burguesa capitalista a través de la amenaza militar, dueña del poder. Para que sea efectivo el principio de subsidiaridad llevado a cabo por la institución de la Corona Legitimista o Carlista es necesario que esta institución arbitre los medios para obtener los suficientes ingresos mediante el Cupo Territorial Pactado con las Cortes Territoriales de cada uno de los Reinos, Señoríos y Principados Españoles, de forma que la Corona Carlista pueda aplicar la política de subsidiaridad, redistribuyendo la renta hacia las zonas que lo demanden y necesiten, al ser su deber el mantenimiento de la justicia.

La idea es que se considera al Estado actual una parcela burguesa, absorbente y burocrática, instrumento de opresión burgués para los distintos pueblos de España, al ser su meta o el intervencionismo permanente o su desaparición en función de las políticas izquierdistas o derechistas respectivamente. Desde el Carlismo pensamos que hay que sustituir al Estado y al Mercado por la Sociedad; Sociedad que debe estar organizada, que se pueda autogobernar, desde lo local a lo global, partiendo de una democracia territorializada en el ámbito local, desde abajo a arriba, no desde arriba abajo, y la única institución que puede garantizarnos este proceso democrático autogestionario es la Corona Carlista, por su papel subsidiario y pactista, al ser el arbitro entre todas los agentes sociales, la cual velará por el mantenimiento de la justicia. La Monarquía Liberal ha servido durante años de diseño, guinda y adorno de un Estado; del Estado o Estamento Burgués, que había monopolizado a finales del XVIII el país, convirtiéndolo en su parcela política y económica. Los otros dos Estados, Clero y Nobleza pactaron con dicho estamento burgués la titularidad de la tierra y el reconocimiento legal de ésta, que les llevó a situarse del lado del nuevo régimen liberal burgués que instauraba la revolución. Sin embargo muchos campesinos, y pequeños propietarios fueron perjudicados por las medidas liberales y esto hizo que se pusieran del lado del Carlismo. Este denunciaba el monopolio del País, de las Españas por el Estamento o Estado Burgués, el cual se instaló gracias al golpismo militar, y a los intereses comerciales de la Banca Burguesa nacional e internacional. La Corona Carlista desde el exilio fue el paraguas y ente aglutinador anticapitalista que denunció la aniquilación de los diferentes Estados que existían en el País, de las diferentes instituciones que existían en el País, de los diferentes derechos Forales que existían en el País, que llevaron a una casta caciquil oligárquica burguesa a imponer su Estamento o Estado y sus intereses mercantiles lucrosos de clase, al resto de los diferentes pueblos de España. La Corona Carlista denunciaba el afán que tenía dicha burguesía que instrumentalizaba al ejercito, en nombre de una monarquía (la liberal) títere, en nombre de la Fe (al pactar con la jerarquía católica), por la constitución desarrolladora del Estado Liberal Burgués al que atrevidamente denominaban España, cuando España no era solo y únicamente el Estamento o Estado Burgués, sino el resto de Estamentos o Estados, e instituciones (Cortes Territoriales) y derechos de los pueblos (Fueros), que habían sido aniquiladas en el proyecto de construcción liberal burgués para hacer de España, de las Españas, un mercado, arrebatando los legítimos derechos a la Sociedad, a los Pueblos de España; también denunciaba la constitución de la Banca Española y el reconocimiento oficial por parte del gobierno burgués de la Deuda Nacional, cuestión que implicaba la aceptación forzada por parte de los pueblos de España del pago de intereses en la devolución de los prestamos, para agradar a una plutocracia instalada en el poder, gracias a la revolución liberal burguesa . La Corona Carlista representada en la Dinastía Carlista al denunciar todos estos hechos imputados a la burguesía capitalista, fue destronada y expulsada de España por la usurpación liberal burguesa representada por la Monarquía Liberal de Isabel “II” y sus descendientes, hasta la actualidad, instrumentalizada por dicha clase burguesa que impondría el liberalismo Capitalista en las Españas.

Según José María de Zavala en su texto: “El Carlismo Dinástico. La Monarquía en el Carlismo” dice así:

“El Carlismo se ha caracterizado siempre por ser más dinástico que monárquico.
El pleito dinástico que surgió en 1833 era consecuencia de un pleito político y social que estaba planteado entonces en el país. Cada una de las dinastías representaba una corriente ideológica distinta, a dos sectores de la población. La liberal, era minoritaria, representaba los intereses de una clase privilegiada que controlaba el poder económico y social y se hacía portadora de las corrientes liberales y burguesas de la época, mientras que la carlista representaba los intereses de la mayoría del pueblo.
La forma monárquica para el Carlismo era la consecuencia de un fenómeno dinástico y esta dinastía era reconocida por el pueblo como la legítima porque se erigió en defensora de las libertades forales y populares, pero no implicaba por parte del pueblo un compromiso con la forma monárquica, mientras que el sector capitalista, liberal y burgués basaba su dinámica en la instrumentalización de la monarquía. Así el Carlismo siempre fue dinástico mientras su Dinastía mantuviese la legitimidad de ejercicio basada en el pacto con el pueblo para defender sus intereses. El monarquismo en el Carlismo no ha existido nunca y su bandera monárquica se refería más a un liderazgo dinástico que a una forma monárquica.
Los elementos constitutivos de la monarquía carlista surgirán de la soberanía popular que reconocía a esta dinastía como posible representante de una forma monárquica que garantizase la continuidad y permanencia intangible de las libertades forales y los principios de la justicia.
La sucesión o automatismo de la sangre queda condicionada al ejercicio de los deberes impuestos por la voluntad popular.
En el proceso interno del Carlismo el factor dinástico ha representado ser el elemento unificador de todas las corrientes y el arma defensiva del pueblo contra todos los intentos de la oligarquía para instrumentalizar al Carlismo para el juego de sus intereses económicos, sociales y espirituales. Esto es una realidad histórica.En los momentos actuales la Dinastía en el Carlismo, sin perjuicio de los derechos que le corresponda, es el elemento polarizante y aglutinante de todas las fuerzas que componen el Carlismo, fuerzas que en algunos casos han representado diversas tendencias. Su papel, mediante pacto, es de dirección máxima del Partido y árbitro de estas posibles tendencias”.


En España la familia real legitimista o carlista (http://www.borbon-parma.net/ )representa los derechos de los pueblos de España y son y han sido los depositarios de la Tradición Española, frente a la usurpación propiciada por el liberalismo, la oligarquía capitalista y el ejército gubernamental, que representa la monarquía liberal actual de Juan Carlos de Borbón.

Noticia en torno a la Sucesión de la Corona Carlista en la actualidad: http://www.elmundo.es/papel/2003/10/06/espana/1488945.html .




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