miércoles, 7 de marzo de 2007

LA NACIONALIZACIÓN DE EMPRESAS







La respuesta de algunos países empobrecidos a los problemas económicos son muchas veces la iniciativa de la nacionalización de empresas privadas, sobre todo si son extranjeras, empresas a las que se les acusa de ser cómplices con los gobiernos neoliberales establecidos en dichos países. Gobiernos que están al servicio de la globalización neoliberal capitalista y que favorecen el empobrecimiento, la explotación de los habitantes del país y la expoliación de los recursos naturales de dichos países. La solución por tanto para algunos dirigentes políticos es la nacionalización de las empresas privadas para decir: “basta ya de tanta explotación”. Si la medida nacionalizadora de las empresas privadas puede ser beneficiosa en el corto plazo, debido a la protección que puede ejercer el gobierno sobre las nuevas empresas públicas del estado, pueden incurrir en ciertos costes e ineficiencias en el largo plazo, y sobre todo una perdida de creatividad e iniciativa total.
Se ha visto el enorme fracaso del bloque socialista en los países del este de Europa. El afán del comunismo socialista por centralizarlo todo, por mermar cualquier capacidad de creación e iniciativa se ha traducido en una dictadura de producción. Por ello la nacionalización de empresas privadas a corto plazo puede ser buena, para evitar la explotación y la perdida de riqueza del país, es decir la descapitalización, pero en el largo plazo la nacionalización de empresas privadas es muy negativa, debido a que las empresas públicas no asumen los costes de de innovación técnica y modernización productiva, pero sobre todo porque las empresas dependientes del estado no son para nada creativas.
Los defensores del neoliberalismo capitalista globalizante nos saldrían diciendo que la solución al problema es privatizar las empresas, convertirlas en sociedades anónimas o limitadas capitalistas, es decir que todo vuelva a ser como antes de la nacionalización, más explotación, más expoliación y más empobrecimiento y sobre todo permitir que otra vez el control de todo lo tenga el mercado sobre el estado. La lucha entre mercado y estado merma la capacidad democrática activa y creadora de la sociedad, porque el mercado interviene en la sociedad con el capital, postrando a la sociedad a sus deseos; haciendo que los trabajadores en el capitalismo de mercado no sean responsables ni dueños de sus actos porque están supervisados por unos superiores asociados al capital, de manera que la dinámica de juego se convierte en ver quien trabaja menos, quien se escaquea del trabajo, al tratarse de trabajadores no implicados en el proceso productivo por su alienación en dicho proceso porque consideran como suyo el fruto, la labor y el trabajo que genera la empresa, porque esta no les reconoce el valor del trabajo, siendo la dinámica de juego: “ quien se escapa de la supervisión del patrón”.
Con la empresa nacionalizada, los trabajadores de dicha empresa en el largo plazo esperan a que “papa estado” les de de comer, y les desincentiva completamente el trabajo en dicha empresa nacionalizada, pues si en el corto plazo encontramos la euforia revolucionaria de la nacionalización, en la practica la empresa la empresa es propiedad del estado.

La alternativa tanto al estado como al mercado es la sociedad, las empresas deben ser propiedad ni del mercado ni del estado, sino de los trabajadores que la activan, que la ponen en funcionamiento día a día, elevando a los trabajadores de la empresa al grado de directivos, siendo directivo-trabajador, se trata de trabajadores responsables y dueños de sus actos. Esto es la AUTOGESTIÓN de la empresa, el control cooperativo de la empresa por parte de sus propios trabajadores, no por el mercado, no por el estado, sino por la sociedad organizada, y en este caso por la sociedad trabajadora.
La alternativa es el funcionamiento de las empresas cooperativas donde se ponga en funcionamiento el modelo de autogestión que es el control de la empresas por parte de sus propios trabajadores, quienes no se escaquearán del trabajo, no lo evitarán, porque ellos son los únicos responsables del funcionamiento de la empresa cooperativa, donde se toman las decisiones democráticamente entre todos los trabajadores de la empresa.

El papel del Estado en este caso debe ser subsidiario, es decir, debe permitir la constitución de dichas empresas cooperativas y debe protegerlas contra el envite de las empresas capitalistas neoliberales, las cuales intentarán absorber a las pequeñas empresas de desarrollo cooperativo autogestionario, por ello el capitalismo neoliberal globalizante impide la creación de dichas empresas de propiedad cooperativa, por ello el carlismo está contra la globalización neoliberal capitalista, porque impide el desarrollo sostenible a nivel local y económico de los diferentes territorios Españoles.

El desarrollo de las cooperativas en España no ha salido prácticamente del mundo rural. Dicha experiencia cooperativa no cuenta con los incentivos necesarios por parte de un Estado que está dominado por el capitalismo neoliberal globalizante de la burguesía financiera a la que no le interesa la existencia de dichas cooperativas, las cuales procura hundir. El ejemplo inmediato de la puesta en marcha del desarrollo de empresas cooperativas lo tenemos en Argentina, después de la crisis a la que los gobiernos neoliberales capitalistas globalizantes llevaron a Argentina. El intento de proceso descapitalizador de Argentina propiciado por la patronal empresarial burguesa llevó a la resistencia de las clases trabajadoras, que se negaron a ser despedidas y les llevó a tomar las fabricas y empresas de propiedad privada en las que habían estado trabajando antes de ser despedidos. Su misión era tomar la empresa por la fuerza, resistir en ella y producir, negándose a ser despedidos, a que los empresarios descapitalizaran dichas empresas, y a demandar al gobierno una iniciativa en la que las antiguas empresas privadas se convirtieran en COOPERATIVAS, para los trabajadores. Los empresarios intentaron abortar el proceso de reconocimiento de las cooperativas, pero el nuevo gobierno Argentino se ha visto obligado a reconocer dicha forma de funcionamiento, en el que se destaca un modelo en el que es la SOCIEDAD y no el mercado, ni el estado quien tiene que ser dueña de la empresa y controlar sus propios destinos. Eso es democracia, lo demás es una farsa. En el capitalismo neoliberal actual a nivel de empresa se intenta propiciar una ilusión óptico-mental al conjunto de los trabajadores, para que crean que ellos son importantes en la empresa, no porque lo sean realmente que no lo son, sino porque la ilusión óptico-mental propiciada por las huestes neoliberales intentan engañar a los trabajadores haciéndoles creer que son tremendamente importantes en la toma de decisiones de la empresa, lo cual sabemos todos que es mentira. Por ello en el Carlismo se reivindica: "MAS SOCIEDAD MENOS ESTADO, MAS SOCIEDAD MENOS MERCADO".










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