jueves, 15 de marzo de 2007

CULTIVOS DE SOJA TRANSGÉNICA EN LOS PAÍSES DEL MERCOSUR







Las antiguas empresas dedicadas a la investigación en guerra química se transformaron en tiempos de paz en empresas multinacionales generadoras de agrotóxicos; abonos químicos, fertilizantes, desinfectantes, plaguicidas. La creciente presencia de la industria química en el sector agrícola se está convirtiendo en un hecho en Hispanoamérica, pues si tradicionalmente conservaban una agricultura Ecológica-Tradicional donde los imputs del sector agrario provenían del mismo sector, y por tanto se trataba de una agricultura sostenible, encontramos actualmente un incremento de la presencia de imputs procedentes de otros sectores ajenos al sector agrícola, responsables directos de la creciente insostenibilidad de dicha actividad agrícola. Desde el año 1999, los países del MERCOSUR, han tratado de asumir su desarrollo copiando las formas insostenibles de la agricultura capitalista europea (agricultura antitradicional y antiecológica), es decir introduciendo de forma creciente en el sector agrícola imputs ajenos a dicho sector, pertenecientes a la industria química. Sus máximos representantes son Monsantos y Novartis. Los países del MERCOSUR y concretamente Uruguay están tratando su forma de desarrollo sobreexplotando las tierras agrícolas, desplazando y marginando los cultivos tradicionales y potenciando la presencia del cultivo de la soja transgénica. Precisamente y a partir del año 1999, se ha incrementado de manera “exponencial” la producción de soja en Brasil, desplazando los cultivos agrarios tradicionales hacia tierras procedentes de la selva, en las que se ha practicado el cultivo extensivo, talando árboles de los bosques, y aprovechando así nuevas tierras agrícolas muy empobrecidas, por su fina capa fértil, que la pierden ante la presencia de lluvias torrenciales. Sabemos que la agricultura extensiva va en busca de nuevas tierras, pero los productos obtenidos de ellas cumplen la ley de rendimientos decrecientes, es decir el producto agrícola tradicional-ecológico se está encareciendo, siendo menos competitivo, al verse desplazado su cultivo hacia las tierras de antiguos bosques. Los países del MERCOSUR han tolerado esta situación, porque quieren desarrollarse a través de una actividad agrícola capitalista terrateniente de monocultivo basada en el cultivo de la soja y la soja transgénica, y para llevar a cabo dichos cultivos de soja han guardado las tierras más fértiles, que antes estaban asociadas a la producción agrícola tradicional, y que ahora se destinan a la producción agrícola capitalista de monocultivo de la soja. El cultivo de la soja está basado en la introducción de imputs de la industria química, agrotóxicos, fertilizantes, pesticidas, plaguicidas, que sobreexplotan la tierra de forma que su utilización la hace menos fértil. El uso de la tierra y el esfuerzo de ésta de dar los frutos naturales también tiene rendimientos decrecientes si se le sobreesfuerza. La industria química tiene un interés muy grande en que sus productos químicos se utilicen en las tierras Hispanoamericanas, de forma que animan y convencen a los países del MERCOSUR para que abandonen su desarrollo productivo de explotación agraria tradicional donde se de el sistema de rotación bienal y trienal, donde el barbecho y el descanso de la tierra es muy importante; y así utilicen las “modernas” formas productivas de explotación capitalista, para así conseguir un desarrollo inmediato y altos ingresos y beneficios económicos que beneficiaran a todos los que utilicen dichos fertilizantes, plaguicidas, pesticidas. El cultivo de la soja, aunque fuera cultivado a la manera tradicional, implica un riesgo de atender a una menor fertilidad de la tierra, por la característica natural y particular de la soja, donde después de cultivarla, implicaría dejar la tierra en barbecho durante más tiempo, para su recuperación en fertilidad.
El problema es precisamente que una gran cantidad de agricultores pequeños y medianos propietarios están asumiendo esta forma de “desarrollo” como imitación de los grandes propietarios, porque observan los grandes beneficios económicos que se obtienen con la producción de la soja, a pesar de las advertencias de riesgo que tiene la tierra de caer en empobrecimiento e infertilidad, convirtiéndose toda ella, prácticamente en un desierto. El abuso de los países Hispanoamericanos y concretamente los del MERCOSUR con la introducción de este monocultivo de la soja les lleva a dos riesgos, el primero es el empobrecimiento e infertilidad del suelo por el abuso de la sobreexplotación de la tierra, y el segundo riesgo es que estamos ante unos incrementos enormes de la producción de la soja, a causa del monocultivo asumido por los diversos países Hispanoamericanos, y esto puede provocar una caída del precio de la soja generalizado, con lo cual, los beneficios ya no serán los esperados por los agentes intermediarios que operan en el mercado de la soja, quienes son unos falsos agricultores pues operan con producciones agrícolas de soja ficticia, que aún no han sido producidas.
El desarrollo de los biocombustibles y la esperanza de desarrollo de los países Hispanoamericanos, quienes comienzan a confiar en el monocultivo de la producción agraria de soja, les lleva a reconvertir nuevas tierras fértiles, en las que se daba otros cultivos tradicionales, a utilizarlos como tierras agrícolas fértiles para la soja.
De manera que podemos acusar a Novartis y a Monsantos de ser cómplices del desarrollo insostenible agrícola que está llevando a cabo Hispanoamérica, utilizando productos agrotóxicos químicos, encareciendo la actividad agrícola, sobreexplotando la tierra, invadiendo los bosques, y fomentando la desertificación del suelo, pues el uso de agrotóxicos químicos favorece un incremento en los rendimientos decrecientes de la tierra de forma que la tierra da menos frutos que antes, y de peor calidad, de forma que lo que pueda crecer ahora, actualmente las economías del MERCOSUR, lo están haciendo sin considerar los efectos negativos que implican la desertificación e infertilidad de la tierra en el futuro, y esto les llevará a un nuevo empobrecimiento económico, pues se le agota su actividad más elemental, con la que pueden al menos comer, el sector primario agrícola. El cultivo de la soja está visto que es pernicioso, agresivo con el suelo, e insostenible con la tierra y por tanto con el hombre.